Jueves 09 de mayo del 2019

En todos los trabajos ¿y la academia?

Reflexiones en torno a la crisis migratoria venezolana y su posible inclusión laboral en las universidades.

A partir de la crisis económica y política en Venezuela, el panorama migratorio ha cambiado completamente y el Perú se ha visto rápidamente obligado a manejar la movilización de cantidades masivas de inmigrantes hacia sus principales ciudades. Esto ha constituido una figura demográfica nunca antes vista con esta magnitud en su historia republicana.

Según el ministro de Relaciones Exteriores, 680 mil inmigrantes venezolanos han ingresado (2.2% de la población peruana) al país desde el 2015. Esto ha generado un complejo proceso de mutua adaptación que ha tenido repercusiones en casi todas las esferas de la vida económica, política y social. Una de las principales temáticas en discusión ha sido la de las consecuencias en el mercado laboral. Según la Superintendencia Nacional de Migraciones, más del 43% de los migrantes venezolanos que tramitaron permiso de permanencia tenían entre 20-29 años, y 46.4% cuentan con educación superior. Sin embargo, el mayor impacto lo han sentido los peruanos que trabajan en actividades informales, como la venta ambulatoria o la atención al público en pequeños negocios y restaurantes. Moisés Rojas, editor de “Gamarra Invisible”, recuenta que uno de sus contactos en el emporio comercial le compartió que “nos salvamos con la llegada de los venezolanos porque ellos permitieron que superemos la crisis”. Vemos que la precariedad laboral en este contexto no diferencia nacionalidad y la llegada de mano de obra barata ha servido en gran medida para reproducir el statu quo. La feroz competencia exacerbada por sus altos niveles de precariedad y necesidad ha sido uno de los principales motores de xenofobia hacia esta población.

Este claro desbalance entre calificación educativa y posición laboral que encuentran muchos migrantes ha sido uno de los puntos clave de tensión. Según el IOP, 69.1% de encuestados en Lima/Callao cree que venezolanos tuvieron buena educación en su país – la región que está en mayor contacto con ellos. El permiso temporal de permanencia es paso importante en la inserción laboral de muchos venezolanos; sin embargo, la acreditación de títulos todavía no es generalizada a pesar de los esfuerzos institucionales. Desde mediados de enero de este año, la SUNEDU ha decidido reducir los costos de este trámite de 645 a 325 soles y durante el 2018 llega a reconocer 8422 títulos extranjeros, un crecimiento de 32.76% en relación al año anterior. Las profesiones más populares en esta población, según la superintendencia, son las de ingeniero, técnico y profesor. Estas cifras, no obstante, no llegan ni a acercarse a validar a los de los aproximadamente 300 mil migrantes profesionales que lo requieren. Esta discrepancia se debe en gran medida a los estrictos requisitos de autentificación de los títulos (a través de una apostilla de la Haya, trámites exclusivamente disponibles en el país de origen o existencias de bases de datos públicas sobre los graduados de universidades). Tal vez, una relación directa de Sunedu y Minedu con universidades venezolanas podría contribuir a un mejor tratamiento de este problema.

Entre la población migrante que respondió la pregunta sobre ingresos, casi dos tercios ganan por debajo del salario mínimo. Mientras tanto, el flujo de profesionales altamente calificados parece haber sido ignorado por la academia como la gran oportunidad que es. De los migrantes venezolanos que tramitaron el PTP, alrededor del 1.4% declara haber obtenido estudios de posgrado (5260 casos). Además, existe una facilidad institucional de la Sunedu del reconocimiento de títulos con el fin específico de ejercer la docencia universitaria e investigación. El portal Crónica Uno recoge el caso de Yesenia Reyes quien “ya tiene ocho meses fuera de las aulas venezolanas” y “lo más cerca que ha vuelto a estar de la academia desde entonces, son las tres horas que permanece en la entrada de una universidad de arquitectura y diseño en Lima” para vender productos alimenticios. “No imaginé que, teniendo una maestría en Gerencia Educativa, vendería café en la calle” ella expresa.

Mucho se ha discutido sobre la relocalización de migrantes hacia regiones con grandes faltas de mano de obra calificada, tanto en el caso de médicos, como el de ingenieros (Argentina llegó a un acuerdo con la petrolera YPF para absorber parte de la nueva oferta laboral). En Chile, se puso en funcionamiento una nueva visa para reubicar profesionales extranjeros según las necesidades de su especialidad en las distintas regiones del país. Esto se dio a partir de un diagnóstico laboral realizado por el gobierno y parece una propuesta sumamente replicable para la región. Las universidades venezolanas ya están sintiendo de forma grave la enorme “fuga de cerebros” de sus estudiantes, graduados y (potenciales) docentes e investigadores: “Varios hicimos proyectos de doctorado y maestrías. Muchos, creo que podría decir 90%, 95% de nosotros, teníamos esta idea de salir de Venezuela, de formarnos, terminar nuestros doctorados y volver al país” recuenta desde Paris Reina Coromoto, una física venezolana destacada. Muchos profesionales destacados se han relocalizado abruptamente en Perú a partir de un contexto desafortunado que, sin embargo, no tiene por qué impedir su desarrollo académico futuro en nuestro país.

Por lo menos, en los sectores A/B existe una creencia general de que la mayoría de venezolanos son personas trabajadoras y emprendedoras (74,9%); sin embargo, también hay un 63,1% del mismo sector que cree que los venezolanos le están quitando empleo a muchos peruanos. Este un tema delicado y de grandes contradicciones en la percepción de la misma población. La incorporación de académicos venezolanos al sistema universitario peruano cobraría sentido en el contexto de la exigencia del grado de maestría de la Ley Universitaria que entrará en vigencia desde noviembre del próximo año y, en especial, en regiones del país que ya están teniendo problemas en llenar sus cuotas (Puno, Ayacucho). Esta inyección de talento al país, sin embargo, no debería, bajo ninguna circunstancia, erosionar el estándar de condiciones laborales de este campo laboral, después de todo no puede haber una institución más ajena a la xenofobia que la universidad.

 

Fuentes:

 

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