Jueves 22 de marzo del 2018

#MeToo y la universidad

El movimiento #MeToo ofrece una plataforma para mantener la atención y debate sobre el tema en un contexto en el que Trump bajó las regulaciones.

En los últimos meses, las redes sociales se han visto colmadas de publicaciones, en su mayoría de mujeres, que bajo el hashtag #MeToo (#AMíTambién) han decidido compartir públicamente sus experiencias de acoso o violencia sexual en diversos espacios, entre ellos los campus universitarios. Este movimiento ha logrado hacer público algo que las instituciones de educación superior han sabido por años: hay altas tasas de hostigamiento sexual dentro de las universidades (portal Atlantic).

El diario estudiantil Harvard Crimson señaló que Harvard ha tenido un incremento del 20% en las denuncias de acoso sexual desde que salieron a la luz los alegatos contra el director Hollywoodense Harvet Weinstein, el pasado mes de octubre. De manera similar, Brett Sokolow, quien encabeza ATIXA, una asociación de investigadores de acoso sexual en campus universitarios, estima que el número de denuncias reportadas ha crecido en aproximadamente 10% desde las acusaciones contra Weinstein. El incremento, asegura Sokolow, es mayormente en denuncias contra profesores por hostigamiento sexual.

Un estudio, listo para publicarse en la revista Utah Law Review, encontró que una de cada 10 estudiantes mujeres de posgrado en importantes universidades de investigación de Estados Unidos reporta haber sido acosada sexualmente por un profesor miembro del claustro. Neena Chaudri, abogada senior en el Centro de Derecho Nacional de Mujeres (NWLC), comenta que normalmente las instituciones ignoran estas denuncias porque el profesor implicado es de renombre o porque consigue fondos para la institución. Para Anne Hedgepeth, representante de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias (AAUW), este es un tema de poder de los profesores sobre los alumnos.

Este argumento es lo que parece explicar la tenue sanción recibida por el reconocido profesor de asuntos internacionales en Harvard, Jorge I. Dominguez, licencia con goce de haber, a pesar de haber sido acusado por al menos 10 mujeres por acoso e insinuaciones sexuales mientras eran sus estudiantes y/o asistentes de investigación. Algunas de las presuntas víctimas ya habían hecho la denuncia anteriormente, pero decidieron volver a contar su historia en vista del favorable contexto que proporciona el movimiento #MeToo.

El caso de Florian Jaeger, otro renombrado profesor e investigador sobre cerebro y ciencias cognitivas, también bajo licencia administrativa con goce de haber, de la Universidad de Rochester esta vez, parece encajar también en esta lista. A él se le acusa no solo de acosar sexualmente a sus alumnas, sino también de utilizar su estatus y su poder dentro del laboratorio. Como cuenta una de las demandantes, 10 años después, la única forma de evitar ser acosada por Jaeger era cambiar de área de investigación. Varios procesos y una investigación independiente lo han exculpado, porque no violó las disposiciones administrativas vigentes, a pesar de lo cual el senado de profesores ha admitido una moción de censura contra él (ver IHE).

Algo está cambiando, sin embargo. No es que antes del #MeToo no hubiera, o no se conociera, casos de abuso sexual dentro de las universidades; había otra cultura y valoración por lo que no se hablaba de ellos.

Uno de los primeros estudios en abordar el tema del acoso y la violencia sexual dentro de los campus fue realizado el 2015 por la Asociación de Universidades Americanas y permitió presentarlo como un problema real. Para Felton, autora del artículo del Atlantic, los resultados no fueron muy precisos, pues señalaron que solo 23% de las estudiantes mujeres de pregrado habían experimentado violencia sexual en alguna forma. No obstante, rescata que se haya encontrado que la razón más común para que los estudiantes opten por no reportar un evento fue que dicho suceso no era considerado como “suficientemente serio”: más de la mitad de las estudiantes que habían sufrido de penetración forzada no la consideraban lo bastante grave como para ser reportada.

Una mayor visibilización de estos hechos resultó de los esfuerzos de Obama por lograr que las universidades vean en el hostigamiento sexual uno de sus grandes enemigos. No obstante, hubo un retroceso el año pasado cuando la secretaria de educación estadounidense, DeVos, anuló los anteriores reglamentos de denuncia de violencia sexual (“Dear College”) y los remplazó por otros que permiten a cada institución definir lo que es denunciable como abuso sexual (ver nota previa).

En este contexto, el movimiento #MeToo ha logrado proveer una nueva plataforma para exponer y debatir este tema. En palabras de Drew G. Faust, presidenta de la universidad de Harvard, “existe un movimiento sin precedente en las redes sociales que invita a compartir las experiencias, a buscar ayuda y a perseguir la justicia”.

 

Fuentes:

 

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