Jueves 19 de abril del 2018

Los (con) sentimientos en el aula: revisitando el acoso a estudiantes por sus profesores

La universidad no está exenta de reproducir los males de la sociedad en que se inscribe.

Un reporte del Reino Unido del National Union of Students (NUS) publicado en abril 2018 (ver adelante), revisa el tratamiento del comportamiento sexual inapropiado en la universidad. El antecedente más lejano mencionado es el Zellick report, de 1994, que obligaba a las víctimas a ir a la policía y la justicia, permitiendo a la universidad suspender al estudiante mientras duraba el proceso y así evitar denuncias contra la institución. En 2016, Changing the Culture propuso un mayor compromiso de la universidad en la prevención y control disciplinario de la violencia estudiantil contra la mujer, el acoso sexual y el discurso de odio, y se acompañó con una guía.

Pero los problemas siguen, la Universidad de Cambridge, que implantó un mecanismo anónimo de denuncia (adicional al de la queja formal), admitió en febrero del 2018 haber recibido 173 quejas de conducta sexual inapropiada en 9 meses, la vasta mayoría ocurrida entre alumnos; sin embargo, también hubo dos quejas de estudiantes contra el staff y 7 de inconductas entre miembros del staff.

NUS encontró que el esfuerzo de 2016 había descuidado la inconductas del claustro académico y Power in the academy enfrenta el tema. Encuestaron 1839 estudiantes y graduados, 41% reportó al menos un comportamiento sexualizado de parte del staff (académico y administrativo); 1 de 8 reportó haber sido tocado de una forma que los incomodó (con más del doble de probabilidad para las mujeres y el tripe para las mujeres no heterosexuales); y 1 de cada 10 reporta haber sido arrastrado a conversaciones sexuales. Los perpetradores denunciados son en su mayoría académicos y hombres.

Estas inconductas afectan negativamente al triple de mujeres, y de formas más severas: abandono del curso o de la universidad. Muchas reportaron perder confianza en sí mismas, problemas de salud mental, evitar ciertas partes del campus y sentirse imposibilitadas de desarrollar posiciones laborales en su institución.

En el Perú, un estudio exploratorio del 2012 del MIMP encontró evidencia semejante: 37% de las universitarias encuestadas reportó haber sufrido hostigamiento sexual y en 52% de los casos ocurrió en la misma universidad: comentarios sobre alguna parte de su cuerpo, contacto físico, y comentarios sexuales; el 18% de las víctimas reportó temor a sufrir represalias por no corresponder al acoso, sobre todo sobre sus notas o su trabajo. Conviene señalar que, en la PUCP, existe recientemente un reglamento contra hostigamiento sexual aplicable a alumnos y profesores.

En este punto, se debe notar que el poder inequitativo es un elemento clave para entender la dinámica de las relaciones profesor-alumno. Y aunque no todas las relaciones emocionales/físicas creadas dentro de un ambiente académico deben ser consideradas acoso: el poder y la inteligencia son sexys, dice una profesora de bioética médica, una cosa es entre colegas y otra entre profesor y alumno. La NUS postula que el claustro de profesores actúa como “portero del conocimiento” y, por tanto, está posicionado para suponerlo confiable, intelectual y emocionalmente. Pretender que las relaciones alumno-profesor son relaciones entre iguales ofrece una mala lectura que podría facilitar posibles abusos. Las relaciones consensuales profesor-alumno pueden ser posibles; sin embargo, vale la pena analizarlas minuciosamente.

La respuesta de las universidades varía desde la indiferencia a la prohibición, pasando por la regulación. La Universidad de New Hampshire exhorta a la comunicación de estas relaciones permitiendo a la institución reasignar su staff a una posición en la que no tenga poder desigual sobre el estudiante. Esta era la perspectiva de Harvard hasta 2015 cuando viró hacia la prohibición. Stanford y Yale también prohíben cualquier tipo de relación amorosa/sexual entre staff y estudiantes de pregrado, incluso si no están en sus clases y esta es la posición que está tomando fuerza en EEUU. El portal The Conversation postula que si se acepta que el desbalance de poder entre staff y alumnado compromete la libertad del consentimiento del estudiante, la validación de las relaciones “consensuales” es inapropiada. Además, se reporta que estas relaciones pueden crear favoritismos y consecuente conflicto dentro de las clases.

Las relaciones interpersonales nunca son fáciles de clasificar y regular. Ignorar las dinámicas de poder y confiar por completo en la capacidad de los estudiantes de reconocer y reportar el acoso sexual deja en peligro a personas muy jóvenes. Según el MIMP, solo 47% de mujeres universitarias en el Perú reportan haber recibido información sobre acoso sexual y el consentimiento y el abuso de poder no suelen ser discutidos institucionalmente. Entre la indiferencia y las prohibiciones, debe haber espacio para regulaciones que ayuden a formar a los jóvenes como ciudadanos responsables. De todos modos, la pregunta incómoda es: ¿cuál es la mejor ruta para asegurar que los vínculos e interacciones con los alumnos en el ámbito académico no deriven en situaciones de abuso de poder?

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

Deja un comentario

1 comentarios

Angie Vásquez| 5 septiembre, 2018,a las 9:32 pm

Me parece muy importante el tema que toca este artículo. Efectivamente, se tiende a pensar que el estudiante que llega a la universidad peruana es un adulto y, por tanto, capaz de protegerse, de diferenciar situaciones posibles de abuso de poder o de denunciarlas de ser el caso. Pero sabemos que muchos entran aún menores de edad y el grueso en realidad está en edad de formación hacia la adultez. Por tanto, me parece fundamental las regulaciones. Creo que “es mejor prevenir que lamentar”, por lo que me parece más seguro (si bien puede parecer extremo) la prohibición de las relaciones de pareja entre staff y estudiantes, sobretodo en el pregrado.