Jueves 14 de junio del 2018

Los migrantes de la vino tinto

Migración: ¿oportunidad para la educación superior?

La numerosa migración venezolana al Perú nos hace preguntarnos sobre su impacto y sobre la solidaridad con este torrente de personas que se desplaza por todo el continente buscando un espacio que le permita vivir dignamente con su familia, sin saber con certeza si ello será temporal o permanente. De acuerdo con la investigadora Cécile Blouin de la PUCP, “frente a la situación de la migración venezolana, el Estado ha tomado medidas de regularización migratoria de índole temporal. Se han adoptado dos decretos supremos, que permiten el otorgamiento del Permiso Temporal de Permanencia (PTP) a las personas venezolanas”, pero también advierte que además de contemplar la situación laboral, el Estado debería preocuparse por el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales de esta población.

A fines de abril, el número de venezolanos en el país se calculaba en 200 mil. Hay que tener claro que este número es solo una parte del flujo migratorio, ya que un fragmento importante continúa su viaje, luego de quizá días o algunos meses. Para tener una idea del movimiento, basta con señalar que de acuerdo con la OIM, en enero de este año, ingresaron 51,955 venezolanos y dejaron el país 18,040; flujo creciente que, considerando la reducción de la economía venezolana en un 35%,  y que no hay señales de pronta mejoría, indica que la migración continuará.

Actualmente, en el Perú, aproximadamente 36 mil ciudadanos venezolanos han accedido a permisos temporales de permanencia (PTP) por un año, lo que les permite trabajar, cifra relativamente baja comparada con la de Colombia que ha otorgado permisos similares a 171 mil migrantes. Los demás permanecen con visa de turista trabajando informalmente en su mayoría y esperando una oportunidad para regularizar su situación o, en todo caso, continuar su éxodo hacia Chile y Argentina.

En este contexto, vale la pena ver cómo este fenómeno se relaciona con la educación superior, sea como prestadora de servicio a los jóvenes en edad de incorporarse a la formación técnica o universitaria, o como un espacio en el que los migrantes, por su calidad profesional o práctica docente, pueden incorporarse como profesores en la educación superior.

Para contestar nuestras interrogantes, veamos la demografía de los migrantes. La OIM señala que se trata de una población joven (ver gráfico), 28% está en edad de seguir estudios superiores, tres cuartas partes son solteros, y solo el 6% son mayores de 45 años. Asimismo, poco más de la mitad tienen estudios superiores, la mayoría de ellas (90%) entre los 25 y 45 años; y, finalmente, 2 de cada tres migrantes son hombres.

Como señala la gerente general de la Superintendencia Nacional de Migraciones, Roxana del Águila Tuesta, en una entrevista, el ciudadano venezolano no llega ni como turista ni tampoco en calidad de refugiado. Y aunque no señaló cifras, precisó que entre los profesionales se cuenta con “beisbolistas… así como ingenieros metalúrgicos expertos en exploración y explotación de petróleo –y- una buena cantidad de médicos”. En lo que refiere a su ocupación, Hinterlaces señala que el 14% serían estudiantes, 65% empleados, y 20% emprendedores (comerciantes, empresarios).

Entre las facilidades establecidas por el gobierno también está la del reconocimiento de títulos, lo que permitirá una mejor inserción de estos profesionales en el mercado laboral, entre ellos la posibilidad de incorporarse como docentes universitarios. Podrían implementarse, además, mecanismos alternativos, como EQPR, para poder validar las calificaciones que puedan tener de instituciones de educación superior o brindar certificaciones a partir de su experiencia laboral. Respecto de las posibilidades de estudios superiores para jóvenes entre 18 y 24 años, reviste mayores dificultades. Por una parte, el programa de becas está cerrado para estudiantes extranjeros y, por otra, se trata de decisiones que los migrantes deben tomar una vez tengan claro el horizonte de su permanencia en el país.

Finalmente, hay que reiterar que en la medida que los problemas continúen agravándose en Venezuela, la migración ha de continuar, razón por la cual debemos ajustar nuestras políticas para una mejor integración de esta población a la dinámica económica y social del país. Hay experiencias sobre estos temas que se pueden tomar.

 

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