Jueves 22 de noviembre del 2018

La educación superior pública es necesaria, pero no suficiente para lograr la equidad

Las mejores instituciones selectivas de educación superior en Estados Unidos se alejan de la población de latinos y afroamericanos.

Contar con suficientes universidades públicas de calidad no es siempre garantía de una mayor equidad. Si no se consideran ciertos parámetros, la educación pública podría terminar reforzando una sociedad desigual. Veamos qué pasa en Estados Unidos.

El problema de la atención a la diversidad en la educación superior muestra dificultades que ameritan la mayor atención posible. Por ejemplo, en el caso estadounidense, ha tomado varias décadas lograr que la importante población de latinos y afroamericanos puedan estar bien representados en el acceso oportuno  (18 a 24 años) a la  educación terciaria. En los últimos 30 años, los afroamericanos han duplicado su presencia en universidades y community colleges, y, junto con los latinos, la proporción de ambas poblaciones pasó de un 15% en 1980 hasta un 35% en el 2015.

Sin embargo, un reciente estudio del “Center on Education and the Workforce” de la Universidad de Georgetown advierte que “las universidades públicas refuerzan los privilegios raciales y marginan a los estudiantes latinos y afroamericanos”, exponiendo un aspecto que ha venido pasando desapercibido, debido a los buenos resultados en el acceso: los estudiantes latinos y afroamericanos tienen solo la mitad de probabilidad de obtener un título comparado con la población blanca de EE.UU. Peor aún, en los últimos 35 años, la brecha entre las tasas de egreso entre uno y otro grupo se ha ampliado de 15% a 21%.

La explicación que proporciona el estudio se refiere a la trayectoria educativa de estos grupos. Los estudiantes blancos acceden de manera más directa a las universidades públicas de nivel más alto acaparando las vacantes, cuando la misión de todas estas instituciones es servir por igual a todos los ciudadanos. Los estudiantes blancos ocupan el 64% de las vacantes en estas universidades públicas, aun cuando su población representa solo un 54% de la cohorte examinada. Mientras que un 43% de estudiantes latinos y afroamericanos empiezan sus estudios en community colleges no selectivos, cuando tienen una presencia del 36% en la cohorte. El destino de los estudiantes tiene mucha importancia porque la diferencia entre los niveles de las instituciones se refleja en las tasas de graduación. El reporte indica que estudiantes latinos y afroamericanos tienen una probabilidad del 81% de graduarse en una universidad pública selectiva, pero tan solo un 46% en una institución de admisión abierta.

Para hacer frente a estas desigualdades, el documento reflexiona sobre dos procesos que se deben tener en cuenta de manera paralela. Primero, las instituciones públicas deben ajustar sus políticas de admisión. En particular, el estudio critica el filtro principal de acceso a estas universidades selectivas: las pruebas estandarizadas. Estas estarían extendiendo un modelo que a través del tiempo ha privilegiado a los blancos porque su principal referencia es la supuesta calidad de la enseñanza en el colegio y la educación familiar, factores que los favorecen. Sin embargo, se sabe que los resultados de las pruebas estandarizadas no predicen el desempeño en la educación superior, es un filtro con criterios que acentúan la desigualdad. Para cumplir con el objetivo de equidad, el estudio propone restar énfasis a estas pruebas unidimensionales y más bien hacer esfuerzos por evaluar utilizando criterios más inclusivos.

Incluso, según un análisis de resultados de estas pruebas estandarizadas relacionados con las tasas de graduación, el estudio demuestra que los promedios apenas inferiores obtenidos por latinos y afroamericanos no sería indicador de un menor rendimiento en la carrera universitaria, incluso, tienen una tasa de graduación similar al de estudiantes blancos. Esto debería impulsar el esfuerzo de recurrir a otros criterios para tener una selectividad más inclusiva.

El segundo proceso a tener en cuenta es la financiación. Debido a la crisis años atrás, los estados han recortado severamente los fondos para las instituciones públicas, sin embargo, estas han ido aumentando cada vez la inversión por estudiante, intentando mantener los niveles de rendimiento y tasas de egreso. Este margen necesario para cubrir el déficit se ha obtenido aumentando los pagos por derechos de estudio que, si bien por ser públicas resultan mucho menos que las privadas, significan una importante suma para las familias que tienen menos recursos. Este sería otro factor que acentúa la desigualdad.

El estudio concluye resaltando de manera muy crítica el círculo vicioso que estos parámetros provocan. Estudiantes blancos, de familias con mayores ingresos, que estudian en mejores colegios y se apoderan desmesuradamente de vacantes en universidades públicas selectivas por obtener mejores resultados en pruebas estandarizadas que se acomodan a su formación escolar. Estas universidades tienen tasas de graduación mucho más altas, lo que les depara mejores puestos de trabajo y eventualmente familias con mayores ingresos que las minorías que se ven forzadas a seguir el camino de instituciones públicas de menor nivel.

Este caso demuestra que poner atención en aumentar el acceso a la educación superior basada en el crecimiento y calidad de las instituciones públicas no se traduce automáticamente en un aumento de la equidad. Para ello, es necesario revisar tanto los criterios de admisión y financiamiento que aseguren la permanencia de las familias de menos recursos.

 

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Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

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