Jueves 01 de setiembre del 2016

Escaso impacto positivo de instituciones privadas en Educación Superior

Investigación en seis países encontró pocos beneficios y sugirió fuerte regulación.

Un reporte del Centre for Global Higher Education encontró “escasa evidencia” de que el crecimiento de la oferta privada mejore los niveles de calidad de la educación superior o que contribuya a la innovación.

“The entry and experience of private providers of higher education in six countries”, compara seis países: Australia, Alemania, Chile, EE.UU., Japón y Polonia. Los autores exploran la historia, el contexto y la naturaleza de la entrada al mercado de instituciones privadas, la interacción entre estas y sus pares públicos, su oferta de cursos y características de sus estudiantes, las funciones de los gobiernos y autoridades reguladoras, y, finalmente, las fallas de mercado y sus repercusiones en indicadores como retención y logro estudiantil.

Fue complicado alcanzar comparaciones directas entre los seis casos por características y definiciones únicas en cada país sobre educación superior o terciaria, sector privado, regulación estatal, acreditación de calidad y financiamiento. Pero usando las distinciones locales, excluyendo las Ivy League norteamericanas y poniendo énfasis en las instituciones con fines de lucro (aunque incluyen Chile y Japón donde están prohibidas) se pudo establecer una serie de características comunes de la educación superior privada (for profit): i) está orientada hacia la enseñanza; ii) ofrece programas de bajo costo en humanidades y ciencias sociales; iii) tiene menos prestigio y credibilidad que las públicas; iv) ha jugado un papel clave en la expansión del acceso, especialmente de los más desfavorecido y de menores ingresos; v) depende mayoritariamente del pago de los estudiantes, y solo algunas reciben financiamiento público; vi) por ello están expuestas a cambios en la demanda con consecuencias positivas y negativas; vii) entre las negativas, el cierre de instituciones puede tener serias consecuencias educativas y financieras para sus alumnos; viii) las tarifas tienden ser mayores a las de las universidades públicas (no gratuitas).

Luego, distinguen dos grupos de países para reseñar características diferenciadas. En Australia, Alemania y los EE.UU. (solo for profit) las privadas son minoría y atienden una minoría de los estudiantes de pregrado, se desarrollan luego del 2000, y en Australia y EE.UU. han crecido gracias al acceso a fondos públicos. El sector privado tiene un rol auxiliar, cubriendo nichos no atendidos, con programas más flexibles (a distancia, en horarios nocturnos o fines de semana), ampliando el acceso sin altos requerimientos, y ofreciendo en muchos casos una “segunda oportunidad” para aquellos que no lograron acceder “a tiempo” a la educación superior.

En cambio, en Japón, Polonia y Chile la oferta privada tuvo un papel protagonista en la masificación, absorbiendo la creciente demanda, a la que ni los gobiernos nacionales ni los locales pudieron o quisieron atender con un modelo público. En estos países la mayoría de instituciones de educación superior son privadas y atienden a la mayoría de los estudiantes de pregrado. Las instituciones públicas gratuitas o subsidiadas más prestigiosas están fuera del alcance del grueso de postulantes, que debe optar por estas alternativas privadas, en su mayoría de menor reputación y costos más altos que debe cubrir el estudiante.

Eliminar la oferta for profit no es una sugerencia útil o razonable en estos países, pero se puede aprender de su experiencia para mejorar la regulación, pero para ello es indispensable resolver la falta de información pública sobre resultados (como tasas de abandono o indicadores laborales). La regulación de EE.UU. parece sugerente a este respecto.

Ver en el archivo antecedentes sobre instituciones privadas con fines de lucro en la educación superior norteamericana (Nota 1, Nota 2) y chilena (Nota 3).

Fuentes:

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