Jueves 04 de julio del 2019

Educación virtual: una estrategia desperdiciada

¿Es tan mala la educación a distancia o semipresencial?

Entre las propuestas de la Agenda País presentada recientemente por CONFIEP, está la de “promover y facilitar la educación superior a distancia” en la educación superior, hecho que compartimos como parte del abanico de oportunidades para ampliar y mejorar la educación de los peruanos, aprovechando que ya el 67% de la población accede a internet y que es necesario desarrollar las capacidades de las personas para enfrentar el reto del desarrollo y aumentar el bienestar. En este sentido, agregaremos la necesidad de ampliar también su cobertura para la educación de adultos, cerca de 600 mil entre los 24 y 35 años no han concluido su educación básica y por tanto tampoco tienen acceso a la formación tecnológica ni universitaria. Veamos algunas de las causas de que esto ocurra.

La educación superior suele relacionarse a un campus, un salón de clases, una pizarra y asientos ocupados por alumnos que acaban de terminar el colegio o que, a lo mucho, han pasado uno o dos años por alguna academia preuniversitaria. Al ser ese el escenario, la Ley Universitaria considera principalmente estos elementos como parte de su objeto a regular y mejorar. Sin embargo, se le escapan algunas consideraciones respecto del entorno en el que se podría dictar la clase y el tipo de alumno que puede acceder a la educación superior, dado que se pondera de manera diferencial la modalidad presencial y la semipresencial, así como las múltiples combinaciones posibles y con ello al público objetivo al cual estas modalidades están dirigidas.

Así, la mencionada Ley, en su artículo 47 referente a la educación a distancia, señala que estos programas deben, en pregrado, ofrecer la misma calidad que la impartida a nivel presencial y no pueden superar el 50% de créditos de la carrera; en cuanto a las maestrías y doctorados, no obstante, solo se señala que su dictado no puede realizarse por completo bajo esta modalidad. A simple vista, puede decirse que a través de estos artículos se quiere incentivar que los estudiantes opten por modalidades mayoritariamente presenciales, las cuales a fin de año solo se podrán dictar en las universidades licenciadas (ver nota previa), en tanto cumplen con las condiciones básicas de calidad, condiciones que al parecer son insuficientes para dar un buen servicio de educación en línea.

Pero aquí no acaba el descrédito de la educación en línea, lo crítico llega cuando, si por un azar del destino, se opta por seguir la carrera académica, ya que la Ley Universitaria desmerece por completo los estudios semipresenciales de posgrado ya sean para aspirar a ser profesor principal, decano o rector (artículo 83, inciso 1; artículo 69, inciso 3; y artículo 6, inciso 3, respetivamente), estableciendo explícitamente que uno de los requisitos es haber alcanzado el grado de magister o doctor con estudios presenciales. A través de estos requerimientos, no solo se privan a aquellos que por dificultades económicas o geográficas no pudieron llevar sus estudios de posgrado de manera presencial, sino que además se podrían descartar a aquellos que llevaron estudios de posgrado, pero que son semipresenciales de manera inherente, ya sea porque incluyen  trabajo de campo o que, por tener ciertas convalidaciones con universidades de países diferentes a donde se está llevando el posgrado, impidan que sus estudiantes puedan necesariamente estar en el mismo lugar al de la universidad que le confiere el grado académico.

En principio, no debería existir ningún tipo de impedimento para que cualquier persona, independientemente de su edad o cualquier otra característica, pueda tener un acercamiento con la educación básica o superior. Todo esto porque prevaleció, a la hora de aprobar la Ley, una visión distorsionada sobre cuáles deben ser las condiciones para llevar a cabo estos estudios. Algunas de estas condiciones se refieren a la imposibilidad de enseñar cualquier carrera bajo esta modalidad; si bien es cierto, este margen se va reduciendo conforme la realidad virtual se abre camino. Además, hay también argumentos en torno a la desconfianza de las evaluaciones, pero ello se puede superar mediante mecanismos de certificación presencial; y, por último, están las que se refieren a la baja calidad con la que se imparten los cursos, pero ello al igual que en el caso de la presencial puede ser materia de supervisión.

En el Perú, si bien los intentos de secundaria a distancia no progresaron, recordemos el plan Huascarán, la educación en línea ha comenzado a avanzar en la educación de adultos. En el 2005, la población joven y adulta (mayor de 17 años) que potencialmente requería educación básica completa era de 7,4 millones de personas, cifra que representa la incapacidad acumulada del sistema educativo. El 56% de ellos se concentraba entre los 17 y 39 años, el núcleo de la PEA. Frente a estas cifras, la educación básica alternativa (para adultos) tiene una cobertura del 6%. Sin embargo, hace ya unos años se promueven estrategias  para que aquellas personas que no pudieron concluir primaria o secundaria puedan hacerlo bajo modalidades especiales en lo que se conoce como los Centros de Educación Básica Alternativa – CEBA, habilitándolos para continuar estudios de educación superior en universidades públicas (UNMSM o UNFV, por ejemplo). En el caso de las universidades privadas, la oferta de educación en línea se concentra en algunos programas para gente que trabaja, como  diplomados, programas de capacitación y hasta posgrados con muy buena reputación, pero que no están al alcance de la población con menores recursos.

Frente a la situación descrita, dejar de lado las estrategias de educación a distancia aprovechando la difusión de las TIC y cobertura creciente de Internet resulta un enorme desperdicio de oportunidades porque a) limita el acceso a la educación de aquellos que por diversas razones no pueden asistir a los lugares y horarios en los que podrían estudiar; b) limita las posibilidades de actualización permanente; c) resta oportunidades a quienes tienen un título obtenido a distancia por considerarse de menor valor que el obtenido de manera presencial; d) limita las posibilidades de extender la educación superior a lo largo de toda la vida (ver nota previa).

En este aspecto, deberíamos aprender de experiencias exitosas como la de la Universidad Oberta de Cataluña, Open University, la UNED, o de algunas latinoamericanas como la Universidad Nacional Abierta y a Distancia de Colombia, y su similar de México. En fin, aquí tenemos una enorme deuda social que pagar y nos falta mucho por hacer.

 

Fuente:

 

Documentos:

 

Antecedentes:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

Deja un comentario

5 comentarios

María Elena Mifflin Rosay| 5 julio, 2019,a las 1:45 pm

El artículo habla desde la oferta de cursos, pero los cursos a distancia demandan una gran organización y autonomía para el estudio por parte de los estudiantes que optan por esta modalidad. Pese a todos los avances, como las videoconferencias, las simulaciones y demás recursos multimedia, el esfuerzo mayor lo debe hacer quien aprende en soledad y, muchas veces, con apoyo de las redes que tenga el curso. Mi opinión, este es aún un reto mayor.

Luxiba García Argote| 9 julio, 2019,a las 11:27 am

Es un tema interesante y polémico. Es interesante porque, efectivamente la necesidad del acceso a la universidad para grandes sectores de la población es perentoria, debido a que la estructura social así lo requiere (es sabido que cuantos más “cartones” acumules, mejores posibilidades de ascenso y remuneración tendrás; sin embargo, contradictoriamente, esta sociedad no da las facilidades para que esta obtención de “cartones” sea posible por varias razones: los horarios laborales no son respetados; es decir, se exige el trabajo de más de 8 horas, muchas veces sin remuneración extra, lo cual se convierte en un obstáculo para que alguien pueda pensar en estudiar; en muchos empleos los horarios de trabajo no son permanentes, es decir, son por turnos variables, lo cual también se convierte en un obstáculo para acceder a un horario de clases en la universidad. Por otra parte, muchas de las universidades no licenciadas son, a mi modo de ver, “universidades chicha” que eran o son aún las que ofrecían u ofrecen los estudios a distancia, sin una rigurosidad y poniendo en práctica lo de “hecha la ley, hecha la trampa”

Liana Y Yolanda Chavez Hidalgo.| 9 julio, 2019,a las 12:55 pm

Hay muchas exigencias para el licenciamiento de las universidades peruanas. Sin embargo al parecer el Minedu esta convalidando tîtulos en educaciôn y en otras carreras de Venezuela. Cuando se sabe que ahî los estudios son de 3 años y en universidades deficientes. Dado la situaciôn calamitosa de nuestros hermanos venezolanos que todo mundo conoce. Y no entiendo porque entonces la Sunedu exige tanto a la universidad peruana. Sabemos que en el Perû estamos en una situaciôn de extrema pobreza y que la gra mayoria de los peruanos no tienen tiempo por el trabajo de hacer estudios presenciales. Entonces la ûnica oportunidad eran los estudios semipresenciales o virtuales. Siempre lo dirê .Perû madre de extranjeros y madrastra de sus hijos. Una lâstima.

Pedro P Martinez| 29 junio, 2020,a las 12:51 am

Amiga Liana Chávez, comprendo lo incomodo que es para Usted ver que algunos paisanos venezolanos se la acredita el título, mientras que a sus compatriotas no. Pero el problema no es de Venezuela, sino del Perú. Entiendo que la SUNEDU es el organismo que garantiza la calidad de una educación universitaria mayoritariamente privada y determinada por el nivel socioeconómico de los estudiantes, dentro del abanico de instituciones hay algunas de reconocida trayectoria y otra de dudosa calidad. Las acciones tomadas por el Estado, me parecen pertinente, porque procuran mejorar la calidad de la educación y hacerla más competitiva internacionalmente. Cuando la SUNEDU le niega las credenciales a algunas instituciones es porque no cumplen con los aspecto de la calidad del documento normativo, y es un hecho publico y notorio que muchas de esas universidades no cumplen con los requisitos, lastima que el afectado sea el estudiante peruano que con mucho esfuerzo ha invertido en una educación no reconocida. Ahora en mi país la situación es totalmente distinta, la mayoría de las instituciones son públicas y al igual que la San Marcos entran en el ranking de mejores universidades de Latinoamérica (UCV, USB, ULA, UDO, LUZ, UC), igualmente las privadas como la Pontificia, alla tenemos a la UCAB y la Metropolitana, los estudios duran 5 años (no tres), y la SUNEDU verifica las notas certificadas y títulos de los aspirantes, de igual forma cobra los aranceles correspondiente; cualquier venezolano o extranjero que cumpla con los tramites le reconocen su titulo. De igual forma hay universidades no tan prestigiosas, esos reconocimientos cuestan más, pero no porque la universidad no sean de calidad, sino por lo riguroso de los procedimientos. Ahora bien, el desgobierno que impera en mi país ha creado algunas pseudo universidades donde predomina lo ideología revolucionaria, esos títulos son solo reconocidos por las instituciones publicas venezolanas, no en el exterior, por varias razones, porque no tienen un currículo que lo sustente, son un desastre administrativo y los estudiantes en su mayoría no aprueban un examen de acreditación. Espero haber aclarado un poco su panorama, sobre ambas realidades, nuestra educación esta atravesando por una crisis política sin precedente, pero el talento existe y seguro se va reconstruir, la educación universitaria de ustedes esta en desarrollo, y tiene muchos retos que superar: 1) gratuidad o ayuda para su costo, 2) igual oportunidad de acceso, 3) reformas curriculares para adaptarla a las necesidades de la población, 4) inclusión e interculturalidad, 5) virtualización, y esto es común en todas la región. Saludos

Evelyn Mayra Siguenza Rios| 20 agosto, 2020,a las 2:00 am

A mi me ayuda a mejorar las clases virtuales, ya que no me gusta estar en un entorno con tanta gente, por lo tanto no participaba en clase, y a veces no asistia a clases. Las clases virtuales son mejores para las personas que no socializan mucho.