Jueves 06 de junio del 2019

Automatización: no descuidar la inclusión

Más que un futuro devastador para los trabajadores, la “nueva” automatización debe ser motivación para estar siempre preparados ante un mercado laboral cambiante.

Poco a poco, la imagen de una nueva ola de automatización (esta vez inteligente) que despoja del trabajo a la mayoría de la humanidad va ajustándose hacia una percepción mucho más real (con estudios y cifras sobre la marcha): un futuro en donde las personas podrán adaptarse a los nuevos requerimientos del mercado laboral, el cual seguramente significará la eliminación de varios puestos de trabajo, pero también emergerán otros tantos. Esto no ocurrirá ni se hará sostenible por inercia y tampoco implica que no existan problemáticas que pondrán en riesgo de desempleo permanente a unos más que a otros. De cualquier modo, la preocupación principal ya no es si habrá trabajo, sino qué tipo de empleo va a trascender, para quién y bajo qué condiciones (calidad y equidad).

Así, el panorama es descrito por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD por sus siglas en inglés), institución que invoca más bien a enfocarse en lo que denomina una “agenda de transición para un futuro que funcione para todos”. En un reciente reporte, “Perspectivas de Empleo 2019”, la OECD plantea que los gobiernos del mundo deben transformar sus políticas en el ámbito laboral y en el modelo formativo para evitar que un grupo considerable de trabajadores (menos capacitados y con escasa protección legal) se queden atrás en un ambiente laboral que estará sujeto a cambios constantes. Al respecto, nos parece oportuno revisar la investigación difundida por The Economist que a partir de indicadores a nivel nación, reveló que ningún país en el mundo está realmente preparado para esto. No hay políticas o estrategias integrales.

El análisis de la OECD, que se distancia del temor por la falta de empleo, ofrece algunas cifras de los países que la conforman y que, en perspectiva, sostienen su argumento principal: i) en los próximos 20 años, se podrían perder un 14% de los de los puestos de trabajo; ii) un 32% de los empleos actuales podrían quedar notoriamente transformados; y iii) casi un 60% de la población adulta solo tiene competencias básicas o inexistentes en cualquier derivado de la tecnología.

Indudablemente, el problema más serio que identifica la OECD es el crecimiento de la brecha entre los trabajadores que se proyectan con más posibilidades hacia el futuro y aquellos que ahora mismo sufren de subempleo o remuneraciones por debajo de lo necesario para vivir. Ahora mismo, los países de la OECD han superado los niveles de empleo de antes de la crisis, pero básicamente gracias al notable incremento de la participación femenina y una mayor permanencia de aquellos que ya están empleados. Sin embargo, esos indicadores no aseguran nada a futuro ante una transformación tecnológica permanente incidiendo en el mercado laboral. Cabe considerar además que la OECD tiene una población trabajadora que está envejeciendo rápido.

Con todo eso, la agenda de la OECD recomienda a los gobiernos centrarse en cuatro aspectos: protección laboral, protección social, formación y diálogo social. Esto implica esfuerzo y creatividad desde el gobierno no solo para garantizar una legislación que ampare a los trabajadores, frente a los empleadores que buscan eludir regulaciones, sino para involucrar a estos últimos como parte del diálogo social y fomentar la colaboración con colectivos (sindicatos), de modo que se alcancen apoyos a nivel de todos. Con respecto a la formación, para aprovechar las oportunidades que puede ofrecer una explosión de puestos de trabajo vinculados a la tecnología, se hace necesario revisar la gestión de la educación permanente para adultos sobre todo en aquellos sectores que tienen menos calificación y mayor edad. Es relevante también considerar las observaciones del Trade Union Advisory Committee to the OECD (comisión de sindicatos que representan a más de 60 millones de trabajadores en el mundo), que si bien respaldan el análisis y sugerencias del reporte, comentan la necesidad de mayor profundidad en sus propuestas de transición que se sugieren a los gobiernos con respecto a la regulación del mercado laboral.

Entre los países de la OECD, sorprende el caso de España, considerada entre las economías solventes de la región, con indicadores que la posicionan entre los más vulnerables a la futura transformación del empleo. De acuerdo al reporte, la proporción de empleos que podrían ser reemplazados por máquinas está 8 puntos por arriba del promedio de la OECD (22%). El problema de España se podría acentuar -y comprender- si observamos las conclusiones de la siguiente publicación (ver enlace), que luego de evaluar los casos de 40000 estudiantes se revela que las universidades no están cumpliendo con el objetivo de revertir la desigualdad social y ni siquiera consigue reproducir las proporciones de las clases sociales: del 40% de las familias de clase media-baja o baja, solo un 22% de sus hijos llega a la universidad. En las aulas de los campus, casi un 60% de los estudiantes pertenece a la clase alta.

Con respecto a los países de América Latina, la información sobre el impacto de la automatización es aún escasa. Las predicciones del BID, de la OIT y del BM señalan que aproximadamente el 40% de los empleos estarían en riesgo; sin embargo, es importante destacar el contexto en nuestra región, que comparada con Europa tiene economías menos potentes, por ende menos inversión en innovación y un nivel de penetración de tecnologías mucho menor. Teniendo eso en cuenta eso, se reduce significativamente el riesgo que corre el empleo, o al menos tomaría mucho más tiempo en verse amenazado. Eso no exime que el mercado laboral reciba impactos (indeterminados) por los cambios producidos en el exterior.

A modo de conclusión, una cita de Stefan Löfven, de la OIT, que resume recomendaciones generales a partir de una publicación que difundieron a inicios de año: “El mundo del trabajo experimenta grandes cambios que crean numerosas oportunidades para más y mejores empleos. Pero los gobiernos, los sindicatos y los empleadores necesitan trabajar juntos a fin de hacer que las economías y los mercados laborales sean más inclusivos. Este tipo de diálogo social puede contribuir a que la globalización nos beneficie a todos”

En publicaciones anteriores, también encontramos más cifras y proyecciones de otras investigaciones que permiten tener una idea de cuáles empleos y perfiles laborales recibirían un mayor impacto ante la masificación de la automatización inteligente, e incluso un sondeo para explorar cuál es la percepción de estos mismos trabajadores sobre esta nueva ola de tecnología.

 

Fuentes:

 

Antecedentes:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

Deja un comentario