Jueves 10 de mayo del 2018

Una mirada general a los estudios generales

Lograr una verdadera especialización requiere bases sólidas, ¿cómo las sentamos? ¿cómo las defendemos?

La Ley Universitaria N°30220 (artículo 41) dispone la obligatoriedad de estudios generales (EE.GG.) de pregrado, con una duración no menor de 35 créditos, dirigidos a la formación integral de los estudiantes. Esta disposición reemplaza el ciclo de cultura general, de duración y orientación a criterio de cada universidad, previsto en la ley previa (Ley 23733, art. 17). No es un tema nuevo entonces. Viene debatiéndose desde mediados del siglo pasado e incluso antes. Formó también parte de la reforma universitaria del gobierno de Velasco y fue materia de varios seminarios (Ayacucho en el 1992, Lima en el 2007). Algunas veces, se han considerado necesarios por tener una educación básica muy corta y no haber logrado implementar una alta secundaria o bachillerato escolar.

En esta nueva iteración, varias universidades han lanzado diversos planes de adaptación de sus mallas curriculares y su organización. En este contexto, cabe preguntar ¿qué papel tendrán los estudios generales en la educación superior?

Los nueve planes revisados prevén unos EE.GG. que varían entre 2 y 4 semestres, cuando se propone su concentración en los primeros años, o su equivalente en créditos si se prevé su dispersión a lo largo de la carrera. Los aspectos destacados varían. La importancia de la formación integral es el tema común; sin embargo, universidades como la UNI, la Agraria y la Nacional de Trujillo mencionan como escueta justificación la adaptación a la ley; en cambio San Marcos, la Nacional de Piura y la Universidad Nacional San Agustín crean manifiestos sobre la importancia de los estudios generales como objetivo representativo de la institución universitaria. Por otro lado, la PUCP, la Ruiz de Montoya y la Universidad de Lima, que tenían ya EE.GG., han desarrollado propuestas propias sobre el valor de los estudios generales: por ejemplo, el sello PUCP o el estilo de educación jesuita.

Asimismo, en el plano administrativo, las universidades designan responsables diversos para la elaboración y gestión del programa y cursos; con distintos pesos sobre el vicerrectorado, las facultades e incluso autoridades propias. San Marcos y la Agraria proponen la Escuela de Estudios Generales y la Unidad de Estudios Generales, respectivamente. Otras universidades que plantean unidades separadas son la Nacional de Trujillo, la de Lima y la PUCP que, sin embargo, tiene dos unidades académicas según grandes grupos (ciencias y letras), pero también estudios generales particulares para Arte y Arquitectura, en función de sus particulares requerimientos de formación de destrezas corporales, y Educación. En otros casos, las facultades mismas son encargadas de formular y gestionar las mallas curriculares con algún tipo de supervisión (UNI, Nacional de Piura). La Universidad Nacional San Agustín plantea cargas de cursos específicas dispuestas tanto por el vicerrectorado y como por las facultades.

No existe una respuesta consensuada respecto a cómo se instituirán estos planes. Según Julio del Valle, los EE.GG. pueden llegar a ser una figura híbrida alejada de la formación integral, solo remediales o preprofesionales. Cada universidad es un mundo y crea dinámicas diferentes a partir de su idiosincrasia.

En primer lugar, se evidencia un esfuerzo por separar los EE.GG. según grupos de carreras específicas; con excepción de la UNI, todas las universidades plantean por lo menos una separación ciencias/letras. LA UNMSM ha abierto cuatro canales. Pero el riesgo es colonizar las mallas curriculares de EE.GG. con cursos propedéuticos de las carreras bajo presión de las facultades. ¿Qué tanto podrán sostener los EE.GG. su contenido de formación integral en un contexto de desvaloración de los conocimientos generales y las humanidades? ¿Cuánto pueden resistir al imperio de la especialización? Se debe tomar en cuenta que esta tendencia sigue en alza a pesar de las corrientes internacionales que abogan por una mayor amplitud de la formación que integre ciencias y humanidades, e incluso amplíe la dedicación.

Por otro lado, se debe notar que la asignación de carga lectiva en favor de cursos generales implica reducción de carga lectiva de los docentes especializados y el número de cursos. Se ha insinuado, por ejemplo, que parte de la toma de San Marcos se explica por docentes preocupados por la menor carga lectiva que les correspondería con la implementación de Estudios Generales.

Pablo Quintanilla, defensor del modelo PUCP de los Estudios Generales Letras, argumenta la concentración en los primeros años para garantizar la inmersión de los alumnos en las humanidades y ciencias. Sobre las preocupaciones acerca del tiempo necesario para la profesionalización, explica que el modelo PUCP ofrece, dentro de EE.GG., cursos introductorios específicos para ciertas carreras, pero con una mirada amplia (historia de la economía, derecho y sociedad). También, argumenta que actualmente la competitividad en el mercado laboral exige posgrados, por lo que el pregrado debe concentrarse en sentar bases teóricas sólidas. Estas son requeridas para trascender la mera repetición y llevar a los alumnos hacia la investigación e innovación. Los EE.GG. son entonces pilares de la formación profesional que deben ser protegidos frente a la presión de la especialización acrítica.

 

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1 comentarios

Mario| 19 mayo, 2018,a las 2:58 am

Disculpe, y que pasa con los jovencitos del COAR con bachillerato internacional y que por cierto ya tienen una formación superior pues redactan ensayos, monografías, matemática superior, inclusive tics y gestión empresarial. Pueden pasar por alto los ee gg?