Jueves 11 de julio del 2019

¿Sunedu, escucha, seguimos en la lucha?

Sobre la representación estudiantil peruana y su forma actual.

El movimiento estudiantil en nuestro país sufrió un duro golpe en su legitimidad a partir del conflicto armado interno, ya que durante estos violentos procesos las universidades fueron utilizadas para adoctrinar y movilizar a jóvenes. Así, aunque muchos estudiantes politizados provenían de universidades privilegiadas en recursos, las universidades nacionales fueron el epicentro y, según Carlos Iván Degregori, en el caso de la UNSCH, su movilización tuvo como base importante al “desarraigo y hambre de identidad de un estudiantado procedente del campo”. Desafortunadamente, estos eventos, así como la respuesta fujimorista de desmovilización, resultaron en una sequía de representación política estudiantil para un cuerpo estudiantil que se ha triplicado desde el 2000.

En 1916, se creó la Federación de Estudiantes del Perú (FEP), y en 1920 se celebra el I Congreso Estudiantil Universitario en el Cusco en el que se resolvió crear las Universidades Populares Gonzales Prada. Desde estas épocas, la Federación sobrevivió dictaduras, expulsiones y extradiciones para convertirse en un “ariete del movimiento popular” apoyando, por ejemplo, la lucha sindical por las 8 horas, protestando la consagración del Perú al Corazón de Jesús y las deficiencias de las instituciones educativas. Max Hernández, dirigente de la FEP durante la década del 60, opina que la aparición de grupos “antifascistas” y simpatizantes de Sendero Luminoso durante los 80 contribuyó a que la FEP se convirtiera en una “ola de grillos”, lo cual se hizo absoluto en los años 90. También, postula que los efectos de la globalización y modernización del país le restaron representatividad a la Federación. Una cultura del individualismo ha ido sustituyendo a la del colectivismo.

Posteriormente, la aprobación de la Ley Universitaria, una reforma “desde arriba”, en el 2014, tuvo escaso apoyo estudiantil y evidenció la ausencia de un movimiento estudiantil consolidado. Noelia Chávez reporta que, durante la plenaria del XXVII Congreso de la FEP – 2012, se “rechazó demandar educación de calidad argumentando que era un concepto neoliberal”. Durante su implementación, hubo aspectos que la FEP ha defendido ante crítica tales como el voto directo de los estudiantes en la elección de autoridades y muchas otros que ha rechazado, en especial la falta de participación estudiantil en su elaboración y lo que consideran su rol paliativo frente al problema de fondo de mercantilización de la educación. Con la coyuntura actual de cierre de universidades, la FEP busca con pocos argumentos una nueva oportunidad mostrando apoyo a los estudiantes afectados, así como criticando duramente a la Sunedu por su falta de planes claros específicos para este alumnado. En este sentido, se han sumado a las movilizaciones que han surgido con el emblemático caso del cierre de la Telesup.

Daniel Mora mantiene que estas protestas son promovidas por la misma universidad: “En lugar de reclamar a la Sunedu, que lucha para que no estafen a los estudiantes y a los padres, deben reclamar a los dueños de la universidad porque no se han preocupado en la calidad”. Asimismo, manifiesta su extrañeza ante la actitud de la Federación de Estudiantes del Perú: “antes criticaba a la Ley Universitaria por su espíritu privatista y ahora se ha pronunciado por el licenciamiento denegado y hasta ha apoyado a la Telesup”. La Federación, por su lado, ha rechazado esta acusación y oficialmente solo se ha pronunciado a favor de que la Sunedu se enfoque en el Plan de Reubicación de los “miles de estudiantes que se encuentran desorientados” (ver 1 y 2). Es claro, sin embargo, que existe una protesta de parte de alumnos Telesup que copia discursivamente los puntos clave que la misma universidad se ha interesado en destacar a través de agresiva publicidad (ver 1 y 2), antagoniza a la Sunedu y ha llegado hasta la puerta de Martín Benavides.

Vemos, así, una incipiente agrupación de estudiantes formada en una coyuntura de crisis absoluta cuya estrategia es confusa. Por un lado, se forma un movimiento confrontacional dirigido contra la universidad adecuadamente resumido con el grito de “Telesup devuelvan el dinero” y, por otro, protestan frontalmente la regulación estatal defendiendo a su universidad con declaraciones tales como “Considero que las autoridades sí están poniendo de su parte”  y “La SUNEDU ha vulnerado su imagen”. La FEP en sí tampoco ha orientado sus críticas hacia las autoridades específicas de las universidades cerradas y lo que es aún más grave, ya no se configura como un actor relevante en el movimiento estudiantil (La Federación PUCP y San Marcos combinadas tienen 10 veces más seguidores en Facebook, tomemos como indicador las redes sociales y su “poder”).

El vacío de representación universitaria nacional es grave y coyunturas de crisis tales como el licenciamiento pueden llevar a la coaptación de sus estructuras y mecanismos de lucha por parte de universidades de muy mala calidad que vulneran el derecho a la educación de los alumnos. Estas instituciones vendían una ilusión de capacidades profesionales y movilidad social que no podían proveer y, tal como hemos reportado anteriormente, apelaban a estudiantes de sectores vulnerables, aunque muchas veces conscientes de que lo único que estaban obteniendo es un título devaluado. Estos estudiantes argumentan que no encajarán en otras universidades debido a sus posibilidades económicas. De esta manera, son empujados a protestar, en muchos casos, defendiendo los esfuerzos de autoridades universitarias que claramente procedieron irresponsablemente y buscan por cualquier medio quedarse en el negocio. Esta dinámica es entendible en su situación desesperada, pero también es un síntoma de lo peligroso que es no contar con organizaciones que representen efectivamente los intereses del alumnado universitario peruano y demanden al mismo tiempo acceso, calidad, equidad e inclusión.

 

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Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

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