Jueves 05 de abril del 2018

Redes, discursos de odio y universidad

Lo que se previene en el campus se manifiesta en las redes sociales: violencia y odio.

Cuando pensamos en cómo afectarán los cambios tecnológicos, o la innovación científica, en el sistema de educación superior, solemos concentrarnos en las aplicaciones que colaboran con el ejercicio de la docencia, el autoaprendizaje, la gestión de datos, entre otros temas. Pocas veces caemos en la cuenta de que el impacto afecta otras dimensiones de la convivencia académica.

En el caso concreto de las redes sociales (Facebook, Whatsapp, Google Classroom, etc.), estas se han convertido –ciertamente- en una herramienta educativa con múltiples usos, desde coordinación entre profesores y alumnos, canales de comunicación entre los miembros de la comunidad universitaria, hasta espacios de esparcimiento y recreación ; sin embargo, también son utilizadas como herramienta para transgredir todo aquello que se previene y sanciona en el ámbito público: discursos de odio, acoso sexual, discriminación, hostigamiento estudiantil, racismo, y otros. Esta es una oportunidad para pensar en lo positivo o negativo de las redes en tanto herramientas, como toda tecnología; de modo que, si afectan negativamente, busquemos alternativas de “mejor” uso.

 

GroupMe y la Universidad de Pennsylvania

Unos días después de que Trump ganara las elecciones presidenciales en el 2016, 200 afroamericanos recién ingresantes a la Universidad de Pennsylvania fueron agregados a un chat de GroupMe, aplicación de mensajería similar a WhatsApp, mediante el cual fueron objetivo de, en sus palabras, “linchamiento” racista. Tuvieron que soportar fotos con cuerpos ensangrentados y ataques e insultos diarios. El problema para la defensoría universitaria de Pennsylvania radicó en los parámetros de privacidad de la aplicación, pues basta con solo ser amigos en Facebook o en Google para poder agregar a alguien a un chat sin su consentimiento. ¿Cómo detectar quién o quiénes iniciaron este chat? ¿Considerando que un chat de GroupMe puede albergar 200 personas, cómo y en qué medida sancionar a quienes participaron? ¿Cómo prevenir estas acciones en una era de sobreexposición pública informática? Al final, con ayuda del FBI, pudieron identificar al creador del chat, un alumno que había sido aceptado a la universidad, pero que no atendía a clases; sin embargo, la investigación también dictaminó que el resto de participantes no eran de la universidad – lo que dejó un sinsabor de impunidad y encubrimiento.

 

El caso peruano

En lo concerniente a nuestro contexto, el uso de las redes sociales suele centrarse en la creación de grupos con temas relacionados a universidades específicas, en los que, miembros de la comunidad universitaria en cuestión, interactúan fuera de la institución. El problema radica en que estos grupos también son un espacio para insultos racistas, homofóbicos, hostigamiento sexual, o, incluso, amenazas de cometer delitos contra algún alumno o alumna en especial. Al respecto, la Defensoría Universitaria de la PUCP, emitió un comunicado público en el que recalcaba que dichos actos respondían a que un grupo de alumnos creen que es posible “publicar cualquier cosa en las redes sociales sin que las autoridades puedan tener alguna intervención”. El Defensor sostiene en cambio, que como no se trata solo de calumnia o difamación, terreno en que solo el agraviado puede denunciar, sino delito penal de discriminación, cualquier ciudadano puede denunciar y el Ministerio Público puede intervenir de oficio.

¿Cómo actuar frente a la creación sistemática de cuentas falsas para atacar a alumnos o alumnas en específico? ¿Qué medidas tomar luego de denuncias públicas de acoso sexual o violación? ¿Si no hay una denuncia penal de por medio, puede la universidad separar a los denunciados o involucrados luego de una investigación? Es decir, ¿puede la universidad suplir y fungir de sistema judicial ante la precaria justicia de nuestro país? Considerando los límites de la privacidad y seguridad informática, aún no queda claro cuál es el alcance posible de un defensor universitario en redes sociales. ¿Prevenimos y protegemos a la comunidad universitaria frente a los discursos de odio, pero al mismo tiempo transgredimos la libertad de expresión? ¿Es libertad de expresión discriminar a un estudiante por su identidad de género o es avalar discursos de odio? ¿Es viable la fiscalización de las redes sociales?

Algunas respuestas ya han sido elaboradas, por ejemplo, léase el siguiente reporte de Unesco, o la siguiente columna. Ambas coinciden en que, en principio, es necesario reconocer que las redes sociales son demasiado amplias como para monitorearlas – al mismo momento existen, además, muchas y diferentes alternativas “ilegales” para canalizar discursos de odio (DeepWeb, por ejemplo), por lo que la principal actividad recae en educar y concientizar a los estudiantes sobre el uso de las redes sociales, tanto su aplicación académica como las sanciones sociales y legales que se puedan desprender de sus actos. Además, puede incluirse en la normativa de la universidad una lista de reglas, políticas y conductas prohibidas en torno al uso del espacio virtual –los agravios y las sanciones deben de quedar claros; sin embargo, como recalcamos líneas arriba, la fiscalización necesariamente supone un debate sobre los límites de libertad de expresión. En resumen, se debe visualizar, reflexionar y debatir el tema con toda la comunidad universitaria, así como pensar los límites de libertad de expresión, la tolerancia, y los discursos de odio.

 

Post Scriptum

Sobre esta nota, hemos recibido una comunicación por parte del defensor universitario de la PUCP que nos pide aclarar que, aunque a la defensoría universitaria no le corresponde establecer sanciones, la universidad cuenta con disposiciones contra la humillación, discriminación y el bullying en el  reglamento disciplinario de alumnos, (artículos 12, i.3 sobre faltas leves; 13, i.6 y 13 sobre faltas graves; y 14, i.8 –reiteración de faltas graves- sobre faltas muy graves), y un trabajo permanente de seguimiento de las redes sociales.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

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