Jueves 12 de abril del 2018

¿Puede China liderar la educación superior mundial?

A pesar de la apertura y el auge económico, la educación superior china sigue siendo blanco de críticas.

A lo largo ediciones anteriores, hemos recalcado cómo diversos especialistas concuerdan en que la internacionalización de la educación superior está atravesando una serie de cambios que obligan repensar las instituciones universitarias y sus objetivos internacionales. Durante el auge entre 1990 y 2015, (ver G. Atlbach y de Wit), la internacionalización de la educación superior supuso la movilidad y el intercambio masivo de estudiantes, a universidades clase mundial, y el predominio del inglés como lengua franca de la enseñanza y la investigación, entre otras características. Sin embargo, a partir de las políticas antimigratorias de Trump y el Brexit, el auge de discursos nacionalistas y el rechazo ante el incremento del uso del inglés, como AfD en Alemania, la internacionalización de la educación superior está experimentando cambios dramáticos. En una nota previa, hemos propuesto que más que sistemas universitarios centralizados en un solo país, la alternativa que se viene gestando son dos bloques de países que buscan capitalizar todo aquello que lo antimigratorio y nacionalista rechaza, y transformarlo en centros de investigación de avanzada: el bloque europeo, conformado por Alemania, Francia y los países nórdicos, que cuentan ya con una tradición académica forjada; y el bloque asiático, Singapur, China, Australia, Hong-Kong, cuyo auge se debe en gran parte a la apertura económica de fines del siglo pasado. Analicemos el caso chino.

 

Apertura económica sin clima académico

Consolidando el programa económico de Den Xiaoping, China, con Xi Jinping al volante, está logrando acabar la segunda década del s.XXI con el poderío hegemónico, político, económico y social, en la región asiática; además, en materia de educación superior, a diferencia de hace 15 o 20 años, dos universidades chinas se ubican en el top 100 según ARWU y en el top 30 según THE.

El principal proyecto del plan chino al 2050, es “la nueva ruta de la seda”, o One Belt One Road (OBOR), para el cual planean invertir $5 trillones, que busca conectar a todo nivel Asia, Europa, el Medio Oriente y África del Este; un total de 65 países. Sin duda alguna, las repercusiones de este megaproyecto en educación superior serán notables: por ejemplo, solo en 2017, China abrió 10 mil vacantes para países en vías de desarrollo de la ruta OBOR; además, de incentivar con mucha más fuerza la internacionalización del Instituto Confucio –500 alrededor del mundo el año pasado (ver lista). Sin embargo, no todo son buenas noticias, China aún no puede consolidar su sistema universitario como líder mundial, debido a la ausencia de sus humanidades y ciencias sociales en los rankings. Esto último no debe sorprendernos si reconocemos que la apertura china es de carácter netamente económico y que los programas donde la reflexión puede generar críticas hacia el gobierno (al partido) se encuentran férreamente censurados. Además, los nuevos poderes de Xi Jinping, despiertan el fantasma del culto a la personalidad con Mao, se añaden a la censura y la corrupción en la universidad china, como obstáculos con mucho valor cultural para la movilidad estudiantil del bloque europeo.

 

Ante un nuevo mundo, nuevos modelos

Pensando en el modelo anglosajón, liderar la educación superior ha supuesto que la inversión en producción de conocimiento y su aplicación práctica esté concentrada por la universidad de clase mundial o universidad de investigación. En consecuencia, la movilidad estudiantil termina centralizada también; los estudiantes –sobre todo de posgrado- de países y sistemas universitarios en desarrollo necesitan acudir a estos centros de conocimiento para acceder a formación en investigación.

¿Puede China replicar este modelo? Es complicado. La fórmula tradicional anglosajona supone la presencia física de los estudiantes y a ese respecto antigüedad manda; pero resulta una oportunidad que los líderes actuales desalienten el intercambio abriendo espacio a la competencia. Por otro lado, la movilidad debe enfrentar la virtualización de la educación contemporánea; fenómeno que no se detendrá. Además, los sistemas universitarios de los países en desarrollo han mejorado sustancialmente sus condiciones materiales y educativas incrementando la movilidad estudiantil regional y reduciendo la movilidad a los países tradicionales. Las alternativas son las mismas que se han señalado en artículos anteriores: el modelo de universidad binacional conjunta, la virtualización, la creación de filiales que cumplan con los más altos estándares internacionales de calidad; estas soluciones podrían además promover la capitalización del conocimiento, ya que país que acoge la filial, se desarrolla como productor, en lugar de resultar consumidor pasivo de innovación extranjera; todo esto en el marco de un entorno virtual que facilita la circulación del capital intelectual. Algunas de estas iniciativas son parte ya del despliegue de OBOR.

** Sobre el problema político universitario entre China y Australia o EE.UU., cotejar las siguientes fuentes (A, B)

 

Fuentes:

 

Antecedentes:

 

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