Jueves 11 de julio del 2019

Prueba única, deshojando margaritas

El Minedu propone una prueba única de ingreso a la educación superior.

Desde hace veinte años, viene dando vueltas la idea de una prueba nacional para ingreso a la universidad, perspectiva que se ha ido ampliando a toda la educación post secundaria. En un momento, se pensaba tener una al final de la fugaz experiencia del bachillerato peruano; más adelante, se la propusieron al expresidente García en su segundo gobierno, pero se decidió por solo pruebas censales en primaria. Luego, el Tribunal constitucional se refirió a un nuevo sistema de admisión en su resolución sobre las universidades. Años más tarde, Ollanta Humala propuso, al principio de su mandato, hacer una prueba de salida de 5to de secundaria semejante a la del bachillerato francés. Como puede verse, iniciativas hubo, aunque el propósito de tal prueba no ha estado del todo claro. Ahora, la idea de tener una prueba entre la básica y la superior ha vuelto y con ella la pregunta sobre qué problemas queremos resolver; asimismo, también la interrogante sobre cómo esta iniciativa ayuda a mejorar las condiciones de calidad y equidad ha vuelto a flotar en el ambiente.

En el ínterin, la capacidad evaluadora del Minedu ha ido aumentando. Se han ensayado pruebas muestrales en los últimos grados de la secundaria, las primeras para 4to. y 5to. de secundaria en 1998. A partir del 2001, se aplica cada tres años la prueba PISA a los jóvenes de 15 años; en el 2015, se tomó la primera prueba censal para segundo grado de secundaria. A su vez, Pronabec ha ensayado desde 2015 varias pruebas para acceder a Beca 18. Finalmente, a pedido del Minedu, la Universidad del Pacífico y el centro UC hicieron un estudio inicial para el Ministerio de Educación. En la actualidad, el Programa para la mejora de la calidad y pertinencia de los servicios de educación superior universitaria y tecnológica tiene el encargo de construir una propuesta.

Por su lado, también las universidades han venido trabajando en mejorar sus sistemas de admisión; al respecto, léase la siguiente nota previa de este boletín. Cada una tiene su propio proceso de selección, el cual responde a métodos y expectativas distintas, hay además colegios preuniversitarios, academias independientes (privadas, municipales, parroquiales, etc.), academias universitarias (algunas de las cuales ofrecen ingreso directo) y combinaciones de las tres. A su vez, el Estado ha definido que aquellos que hayan ocupado los dos primeros puestos en toda la secundaria ingresan de manera directa, y que hay un bono por discapacidad y para deportistas destacados. Los colegios públicos de alto rendimiento (COAR) se han convertido en un nuevo actor por la calidad de su formación. Las universidades privadas ofrecen ingreso directo y escalas de pago a estudiantes de colegios por lo general privados. Hay además más de un proceso de selección por año y jóvenes que ingresan luego de uno o dos años de egresados de la secundaria, y crecientemente una población de adultos que luego de estabilizarse en el mercado de trabajo inician su formación superior.  Esta enorme diferenciación de pruebas, contenidos, formas de calificación, y otros, limita las posibilidades del estudiante no solo de elegir universidad, sino la carrera que desea seguir y, en ese contexto, la prueba única corrige estas diferencias; léase la siguiente nota.

Internacionalmente, las pruebas únicas están asociadas con empalmar el fin de la educación básica con la educación superior, articulación que ha tendido al acceso universal a la educación superior, pero que al mismo tiempo pretende ordenar la relación entre las vocaciones y la demanda de la sociedad por determinadas capacidades. Esta articulación ha sido siempre difícil incluso cuando el empeño haya llevado a la construcción de sistemas de discriminación temprana de capacidades, o de planificación centralizada de las vacantes para cada carrera. Asunto por demás interesante en la medida de que deja espacios sin resolver con mayor o menor perjuicio del interés personal o el interés público.

Estas pruebas han contribuido a la meritocracia como mecanismo de selección y distribución de futuras oportunidades de educación y empleo para los estudiantes. Afianzaron la necesidad de un currículo único mínimo y evaluable. Contribuyeron, al menos indirectamente, a la calificación de la calidad y eficacia de las escuelas, directores y maestros. Se convirtieron en una credencial de calidad reconocible por todos para los que las aprobaban. Léase el siguiente documento.

La consultoría hecha por la UP y Centro UC recomienda que la prueba estandarizada esté financiada plenamente por el Minedu, sea de uso referencial para las instituciones y, de considerarla complementaria a otras, que las competencias evaluadas tengan como referente principal las del currículo de secundaria, y que no se utilice como certificación del egreso escolar. Considera además un plazo de 2 años para su preparación y dos de aplicación para ajustar instrumentos antes de que entre en régimen.

Un aspecto poco revisado con relación a las pruebas de paso a la superior se relaciona con la forma en la que la universidad recibe a los ingresantes de la secundaria. Siguiendo el principio de Mateo, los mejores calificados irán a las mejores universidades, aun cuando las instituciones que reciben estudiantes con menores calificaciones deberán esforzarse más para lograr el mismo resultado que las otras.  De esto, se deduce la necesidad de alentar un esfuerzo remedial que dependerá de las capacidades mínimas que requieren los estudiantes para acometer con éxito su formación universitaria teniendo en cuenta al menos tres estados posibles respecto de las capacidades con las que egresan de secundaria: a) uno que obliga a todas las instituciones a esforzarse para cerrar el déficit de capacidades, b) otra en el que unas pocas reciben estudiantes con las capacidades requeridas, y c) las que reciben estudiantes con más capacidades de las requeridas.

Una prueba única no soluciona el problema planteado, se requiere un sistema de admisión para enfrentar de mejor manera el reto, esto supone alinear diversas políticas en torno a un acercamiento entre la secundaria y la educación superior; contar con un sistema de seguimiento de egresados; manejar los incentivos actuales (exoneraciones, becas, canon, etc.) en torno a la inclusión de grupos de menores ingresos; implementar una prueba nacional que mida el logro de las competencias de educación básica y que sirva como referencia para el acceso a la educación post secundaria; etc.

Para finalizar, hay algunos asuntos pendientes a tomar en cuenta. Se requiere una reorganización del sistema educativo en el que la opción por una alternativa formativa no limite sus posibilidades de continuar su formación en otros niveles y que se convalide su experiencia profesional en un proceso continuo de desarrollo de sus capacidades a lo largo de la vida.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

Antecedente:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

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