Jueves 21 de junio del 2018

¿Es el profesor investigador el mejor profesor?

Según un reciente estudio, investigar tiene efectos positivos solo en posgrado e importa la calidad por sobre la cantidad.

Para algunos, el primer y último fin de un docente universitario es la enseñanza y aprendizaje crítico por parte sus estudiantes; para otros, el catedrático se debe a la investigación, debido a que los conocimientos generados a partir de esta actualizan y acrecientan el conocimiento del investigador, de sus alumnos y de la comunidad científica –léase la siguiente nota previa. Lo cierto es que más que requerirse de un perfil único del docente universitario, los alumnos, y por lo tanto los modelos y agentes de enseñanza, son siempre de naturaleza heterogénea; además, cabe reconocer que la respuesta a la pregunta “¿son los investigadores los mejores profesores?” acarrea medidas pragmáticas como contratación y promoción docente, así como asignación de fondos. Sin embargo, ¿qué es lo mejor para los alumnos? A continuación, una breve reflexión crítica sobre la investigación, la calidad de la enseñanza y el rol docente.

 

No en pregrado, sí en maestría

Tal y como se comenta en este reciente estudio, la experiencia de la School of Business and Economics at Maastricht University (Holanda) contribuye enormemente a la pregunta por si un “buen investigador” implica también un “buen profesor”. En esta universidad, los estudiantes, tanto de pregrado como de maestría, siguen cada dos semanas una suerte de ponencias o conferencias magistrales dadas por profesores de alta experiencia en la materia; luego, en la semana, deben acudir a tutorías ofrecidas por otros profesores. Lo interesante recae en que, al final del curso, los estudiantes, quienes han tomado el mismo curso, toman también un mismo examen final sin importar si han sido tutoreados por diferentes profesores –el examen, por lo general, es escrito, y es calificado en conjunto por todos los tutores para asegurar objetividad. En adición, previamente al examen, los estudiantes evalúan el curso y a sus tutores; el desempeño es calificado en una escala del 1 al 10 y la nota aprobatoria es 5.5.

Estos son los resultados de la investigación. En primer lugar, para todos los estudiantes, hay un efecto positivo de tener un profesor con publicaciones de alta calidad, pero estadísticamente insignificante en sus notas para el pregrado; solo los estudiantes de maestría obtuvieron mejores calificaciones. Así, tener un profesor con publicaciones de alto impacto en los últimos cuatro años –las publicaciones de bajo impacto no tienen este efecto- está asociado con una mejor calificación de 0.4 puntos.

Por otro lado, la cantidad de publicaciones en general no es significativa. Así, que el número de publicaciones sea mayor en un rango de 4 años, no afecta directamente en su nota; sin embargo, para los estudiantes de maestría, más publicaciones de alto impacto de los profesores incrementa en 0.2 la calificación. En resumen, la calidad importa más que la cantidad e incrementa la calidad de la enseñanza y el desempeño de los estudiantes, pero solo de los estudiantes de maestría; hecho que resulta interesante si consideramos que el número de publicaciones suele ser un indicador para contrataciones y promoción docente, aunque siendo un paradigma cada vez con más críticas. ¿Habría que otorgarle más importancia al impacto antes que al número?

A todo esto, surge la pregunta ¿por qué sí influye positivamente en maestría y no en pregrado? La respuesta, según los autores, recae en las características de los programas y los cursos. En pregrado, la mayoría de los cursos son obligatorios e introductorios, por lo que no importaría que el profesorado sea especialista en un tema específico, sino sepa dictar los fundamentos de su especialidad, mientras que en maestría suelen ser electivos y más especializados, lo que permite que coincidan profesores que dictan sus temas de interés con estudiantes que están más interesados y motivados. No obstante, una crítica al estudio comentado parte, como reseñamos en una nota previa, de que no hay que perder de vista que para que la investigación y la docencia tengan un impacto positivo en los alumnos, sean de maestría o de pregrado, deben combinarse con mesura.

A manera de cierre, y considerando el caso peruano, la Ley Universitaria universaliza el modelo de universidad de investigación.  Privilegia al profesor investigador, quien recibe una bonificación del 50% del sueldo, Art. 86. ¿Todos los profesores podrán acceder a esta categoría? ¿Qué sucede con el profesor con dedicación principal (ya que pareciera prohibirse la dedicación exclusiva) a la formación estudiantil? Además, si exigimos que los profesores investiguen para ser contratados y que publiquen un número determinado de artículos para ser promovidos, actividades que involucran tiempo y esfuerzos distintos y que pueden impactar negativamente en la preparación de clases, ¿no estamos dejando de lado la formación del alumno de pregrado?

*Sobre investigación y el impacto en pregrado léase la siguiente nota previa.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

Antecedentes:

 

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2 comentarios

Guillermo Miranda More| 28 junio, 2018,a las 12:07 am

Investigar, implica tiempo, en que momento prepara sus clases? El investigador debe investigar, luego dedicarse a la docencia, puesto que ambas actividades desarrolladas al mismo tiempo, una de ellas se descuidará (cómo satisface sus necesidades básicas?) hay que trabajar, en los Post grado, si tiene mayor impacto. Hay que mirar más allá de estos espacios (patrocinar investigaciones). Seguir reflexionando, porque es necesario mejorar la educación, porque los maestros pensamos que es a través de la educación, se acortan brechas y los pueblos se desarrollan

Carlos Manuel Rosales Loredo| 28 junio, 2018,a las 10:08 pm

Excelente análisis. Considero que hay mucho de cierto en lo fundamentado respecto al verdero papel y potencialidades del docente universitario que los tiempos actuales demanda.