Jueves 29 de agosto del 2019

mLearning y m-learning: alternativas ante la tradición

El poder de los símbolos para diferenciar tendencias educativas.

Los cambios en los métodos de enseñanza han dejado de ser una excepción para llegar a ser una costumbre que poco a poco se ha acentuado. Sin embargo, esta transición no necesariamente deja en claro qué implican estos cambios, los medios necesarios para realizarlos y el contenido apropiado para cada uno de ellos y es que muchas veces la terminología empleada podría llevar a equivocar los conceptos detrás de cada una de estos, como en el caso del mLearning y el m-learning.

En ese sentido, el Observatorio del Tec de Monterrey explica que, en el primer caso, el mLearning se refiere al micro learning, un método en el que se divide en pequeños bloques los conceptos educativos que forman parte de un paquete de conocimiento mucho más amplio y complejo, mientras que el m-Learning se encuentra referido más bien al mobile learning como una forma en la que se utilizan dispositivos electrónicos para acercar el proceso de aprendizaje a los usuarios. Para el mobile learning, los aparatos electrónicos como tablets o celulares son claves para permitir que el conocimiento (muchas veces no formal o no tan técnico) sea de fácil acceso, bajo el contexto que más se acomode a cada estudiante, y que incentive el autoaprendizaje. De otro lado, en el micro learning, el contenido debe de ser breve y simple de entender, enfocado en explotar alguna habilidad muy puntual y puede (o no) llevarse a cabo a través de equipos tecnológicos.

Tal y como lo explica Shift, esta metodología suele tener impactos positivamente significativos sobre la eficiencia en la transferencia de conocimiento y en el compromiso con el estudio, pudiendo ser este conocimiento académico (impartido en academias, escuelas, institutos o universidades) o práctico (como parte de una capacitación en un centro de labores). Asimismo, esta fuente recopila información de diversos estudios que muestran una mayor preferencia de esta tendencia educativa que la que podría existir del e-learning, en tanto el contenido y la forma en como es transmitido puede ser percibido como más rígido y que no permite moldear la organización de los módulos que los componen de acuerdo al gusto, desempeño y posibilidades de sus usuarios, contrario a la alta flexibilidad del micro learning, en donde también se favorece la retención de lo aprendido por el pequeño tamaño del conocimiento transmitido y el corto tiempo requerido para poder cubrir las secciones educativas permiten que la atención pueda ser sostenida y enfocada en esta actividad en particular.

De otro lado, el Tec de Monterrey ahonda en diferenciar el mobile learning del micro learning, pero también del electronic learning, ya que se le podría asociar directamente este último concepto por el hecho de que en ambos se utilice aparatos o redes tecnológicas, pero, dado el gran avance tecnológico en nuestros días y cuán rápido evoluciona día tras día, no todo lo electrónico necesariamente es móvil y viceversa. Así, lo que prima en el mobile learning es el uso de dispositivos con autonomía energética relativamente larga y de fácil acceso en cualquier contexto (de pie, sentado o caminando), mientras que el electronic learning engloba todo tipo de dispositivos electrónicos (celulares, tablets, laptops, computadoras de escritorio, etc.) y por tanto en algunos casos requeriría un momento y lugar especial para llevar a cabo las actividades relacionadas al mismo. De otro lado, el mobile learning suele estar asociado a contenidos más prácticos y no están articulados dentro de un paquete de muy larga duración; el e-learning, en cambio, puede abarcar incluso cursos de diplomado, pregrado o maestría enteros.

Finalmente, Conexión Esan nos da luces sobre otra práctica relativamente nueva: el b-learning, que busca articular el uso de recursos electrónicos con los físicos. Bajo la lógica del blended learning, se podrían utilizar a la par mecanismos tradicionales y algunas herramientas del m-learning o del mLearning sin que esto suponga un esfuerzo vano o contraproducente. Todo lo contrario, se podrían combinar de tal forma que todos los ámbitos del conocimiento se puedan transmitir y entender dependiendo del contenido de este, las herramientas con las que cuenta el estudiante, la regularidad con la que se puede tener un contacto con el docente, los objetivos que se buscan lograr a través de este proceso y el contexto bajo el cual se desea que cada actividad sea desarrollada por el estudiante, buscando además, rescatar las ventajas de cada metodología y subsanar las falencias que cada una posea de acuerdo al contexto.

Este es parte del panorama, en el que también el concepto de gamificación (ver nota previa 1 y 2) y el flipped teaching (ver nota previa 3) van ganando terreno, al que el educador de ahora tiene que enfrentarse antes de entrar al “campo de batalla” y poder cumplir la tan difícil labor de formar profesionales y ciudadanos que aspiren a transformar desde su puesto de trabajo su sociedad y el mundo.

 

Fuentes:

 

Antecedentes:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

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