Jueves 06 de setiembre del 2018

La universidad en los tiempos de Santos

A días de su partida del poder, hacemos un recuento del gobierno de Santos en materia de educación superior.

En el año 2010, la Corte Constitucional Colombiana deniega la posibilidad de una segunda reelección del presidente Uribe. Juan Manuel Santos se postula en este contexto como el candidato del uribismo haciendo campaña con la bandera de la creación de empleo formal y la promesa de duplicar el número de alumnos inscritos en las universidades. Se enfrenta en esa elección a Antanas Mockus, quien como exrector y profesor tuvo a su favor la simpatía de la academia, de la juventud y de los ciudadanos pertenecientes a  las clases medias y altas.

En el 2011, la propuesta de Santos de aumentar la población universitaria tomó la forma de una controversial reforma a la Ley 30 del año 92 que regula la educación superior. En esta, se planteaba, entre otros puntos, la inserción de oferta educativa con fines de lucro en el país. Durante el segundo semestre del año, se evidencia una grave tensión entre la reforma planteada por el ejecutivo y el movimiento estudiantil universitario, el cual se encuentra “preocupado por el abandono de las responsabilidades financieras del Estado frente a las universidades públicas y el privilegio de las políticas de subsidio a la demanda”. Así, Santos pierde apoyo del estudiantado durante este pulso político que se prolongará en los años siguientes a partir de su incapacidad para responder a las demandas de los universitarios.

Para su reelección en el 2014, sus propuestas de educación giraron en torno a la ambiciosa meta de hacer que Colombia sea el país más educado de América Latina para el 2025 y, durante su campaña, enfatizó el apoyo a la niñez temprana, a la educación intercultural y a la revolución tecnológica en los colegios. Acerca de la educación superior, propuso triplicar créditos educativos subsidiados, generar becas, crear 400 mil nuevos cupos en instituciones de educación superior y fortalecer el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) para atender necesidades del sector productivo. Desafortunadamente, durante los últimos años, se ha denunciado que el SENA ha sido utilizado para generar puestos de trabajo en cargos públicos a sus directores. Otra propuesta importante del gobierno fue llegar a invertir el 1% del PBI en actividades de ciencia, tecnología e innovación. Esta meta era de especial importancia en el contexto de otra propuesta clave del gobierno de Santos: el ingreso de Colombia a la OCDE (que finalmente fue logrado). Para el 2018, se estima una inversión de alrededor de 0.67%, un tercio menos de lo prometido.

Una de las consignas de la campaña de Santos fue lograr la pacificación a través de la negociación con las FARC. Como parte de los mensajes de la campaña, se anunció que la educación universitaria sería gratuita, ya que habría recursos suficientes: “toda la plata que se usa para la guerra se invertiría en educación”. Así, es importante notar que, a pesar de que el plebiscito no prosperó, sí tuvo un apoyo claro de los universitarios. La gratuidad, sin embargo, no llegó.

Cuando comenzó el nuevo gobierno, también se crea el programa “Ser pilo paga”, una suerte de Beca 18, que ha suscitado grave controversia a partir de su rol en la transferencia de recursos a la educación privada (universidades privadas reciben 98.4% de sus recursos). Se ha probado controversial también su naturaleza de crédito condonable que requiere el reembolso de la ayuda monetaria en el caso de deserción, potencialmente dejando a jóvenes vulnerables manejando grandes deudas sin un título profesional en el cual recaer. Así, el programa bandera en educación del segundo gobierno de Santos ha sido gravemente cuestionado. Según denuncia el Consejo Académico de la Universidad Pedagógica Nacional, “sus costos representan el total de las transferencias que la nación entrega a las universidades públicas en un año, recursos con los cuales se podría garantizar la formación de medio millón de estudiantes en las 32 universidades públicas”. ¿Qué nos puede decir el programa “ser pilo paga” sobre las prioridades del gobierno en materia educativa? ¿Necesariamente implica un esfuerzo por privatizar el sistema o es solo un reflejo de los deseos de los “pilos” (estudiantes destacados)? Se debe destacar que la focalización de grandes recursos en costosas universidades parece ser contradictoria con la promesa de aumentar en 400 mil los cupos universitarios.

Durante el gobierno de Santos, la cobertura de educación superior ha aumentado de 37% a 51.5% (2010 al 2016), concentrándose el crecimiento en el sistema privado. Sin embargo, también se encuentra que el 37% de los estudiantes de educación superior abandonan sus estudios, una de las proporciones más altas de América Latina, cifra importante, pues en estos casos la inversión (tanto de universidades públicas como de programas de ayuda sociales) se pierde. La pacificación del país y el ingreso a la OCDE han sido banderas de su gobierno que han sido entremezcladas confusamente con las metas de investigación y de acceso a educación superior planteadas, desdibujando la frontera entre la educación superior y la política. Y, en general, se nota una fuga monetaria hacia el sistema de educación privado a través del estancamiento del presupuesto para las universidades públicas y las enormes transferencias de “ser pilo paga” hacia instituciones privadas.

Así, no es sorpresa que el nuevo gobierno uribista del presidente Duque empiece en aguas tumultuosas. Adicionalmente, se ha planteado una reforma tributaria que incorpora como parte del salario efectivo todo tipo de bonificaciones exentas de impuestos percibidas por los profesores de modo que muchos estarán afectos a impuestos o verán aumentado en más de 2000% su tributación, frente a lo cual una marcha ha sido convocada para el 5 de diciembre.

* En una nota previa, se puntualizó erróneamente que el programa “Ser Pilo Paga” constituía un crédito a ser cancelado al final de la carrera. En realidad, el crédito solo debe ser devuelto en el caso de deserción, más de un cambio de programa curricular en los primeros dos semestres o aplazamiento mayor a dos semestres.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

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