Jueves 17 de agosto del 2017

¿La internacionalización está dejando de ser como antes, o más de lo mismo?

Lo que pasó en el mundo durante el receso.

Durante el siglo XX, la movilidad estudiantil internacional, la investigación y el desarrollo científico se concentraron en las universidades de EE.UU. y Reino Unido; por lo que, en tanto potencias mundiales universitarias, estos dos países marcaron el rumbo del conocimiento y la tecnología. Sin embargo, el siglo XXI, con sus casi dos décadas cumplidas, pareciera indicar una nueva serie de cambios y reconfiguraciones en el panorama universitario mundial. En primer lugar, si bien aún es temprano para visualizar sus consecuencias directas, sucesos políticos tales como el Brexit y/o las políticas antimigratorias del gobierno de Trump están generando condiciones para un reordenamiento universitario (ver antecedente 1 y 8). El escenario es propicio para dos grandes bloques que buscan posicionarse como potencias: el bloque europeo, representado por Alemania y Francia, y el bloque Asia-Oceanía por China, India y Australia. Para lograrlo, ambos bloques buscan generar un clima hospitalario frente a la inmigración y acondicionar espacios para atraer las iniciativas de creación de empresas e inversión de capital en tecnología; es decir, crear el nuevo centro de innovación al estilo Silicon Valley.

Sin embargo, en aras de lograr tal objetivo, ambos bloques deben superar tanto los problemas de sus antecesores como los propios. Por ejemplo, el modelo universitario estadounidense se ha caracterizado por la concentración de la investigación, ciencia y publicaciones en un número reducido de universidades. Un reciente estudio de Chad Wellmon y Andrew Piper muestra, por ejemplo, entre otros indicadores de desigualdad académica, que el 20% de las universidades top estadounidenses representan más del 80% de los artículos publicados. Por otro lado, los detractores de las políticas universitarias en el Reino Unido (ver nota previa) advierten que, en un contexto pos-Brexit que anuncia una fuerte caída en la movilidad estudiantil, las universidades de bajo rango no podrán competir a corto plazo con las pertenecientes al Russell Group, por lo que perderán ingresos y se deberán fusionar. Por otro lado, el bloque asiático cuenta con cinco universidades en el top 10 de las mejores universidades menores de 50 años (Hong Kong University of Science and Techonology, puesto 2; Nanyang Technological University, puesto 3; Pohang University of Science and Technology, puesto 4; Korea Advanced Institute of Science and Technology, puesto 5; y City University of Hong Kong, puesto 7), todas enfocadas en capital tecnológico, ciencia e innovación. Asimismo, en relación a movilidad estudiantil, una de las características más resaltantes de las universidades jóvenes de este bloque, la University of Technology Sidney cuenta con un 35% de estudiantes foráneos y una misma proporción de estudiantes participa en programas de intercambio (ver nota previa). Sin embargo, por ejemplo, China aún debe de solucionar cifras altas de corrupción académica. Retraction watch, el observatorio encargado del seguimiento de las retractaciones sobre los resultados de investigación, comunica que se estima que al menos el 40% de las publicaciones científicas biomédicas de China contiene algún fraude.

Debates que se mantienen jóvenes, aunque pasen los años

Por otro lado, el panorama mundial universitario durante los últimos meses ha estado marcado por dos grandes debates: la gratuidad de la enseñanza (ver nota previa) y la libertad de debate (ver nota 2 y 5), incluso de los discursos de odio. Sin embargo, un reciente estudio de Ellie Bothwell basado en el cotejo de ediciones pasadas del Times Higher Education, dentro de un lapso de hasta 45 años de antigüedad, muestra que estos dos grandes debates no son nuevos y, por el contrario, han marcado la agenda universitaria desde mediados del siglo pasado. Pareciera, entonces, que los grandes temas del sistema universitario del siglo XX aún no se han resuelto; todo lo opuesto, aún hay mucho por trabajar (y luchar).

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