Jueves 27 de junio del 2019

La educación superior argentina a compás de milonga

América Latina en el siglo XX: ¿se estrecharon las brechas o se ampliaron aún más?

A mediados del siglo XIX, Sarmiento y Avellaneda dieron un gran impulso a la educación argentina declarando la educación básica pública y obligatoria. De esta manera, los gobernantes argentinos enfrentaban la civilización a la barbarie, tema desarrollado por Sarmiento en su obra sobre el caudillo Facundo Quiroga. Esta temprana iniciativa convertiría en algunas décadas al país en uno de los más educados del continente. En el siglo XX, dos argentinos ganaron el premio nobel de medicina (Houssay-1947 y Milstein-1984) y uno de Química (Leloir-1970), además de dos premios nobel de la Paz. En 1947, el analfabetismo en el país era apenas el 13%, mientras que el promedio latinoamericano de 1950 era 42%, y el de Estados Unidos 2.6% (ver documento); lo que de alguna manera muestra el nivel educativo alcanzado por este país. Todo ello parece derrumbarse como consecuencia de la dictadura militar de 1976 y de la guerra interna desatada en esos años. Pensar era subversivo, y muchos científicos, artistas e intelectuales salieron del país. Defenestrada la dictadura en 1983, la educación volvió a ser el centro de la esperanza argentina, cumplida la tarea de la universalización de la educación básica, la educación superior pública, gratuita y abierta a todos se convirtió en símbolo del cambio.

En los últimos 30 años, la educación superior argentina se ha universalizado, al 2013 su cobertura es “similar” a la que muestran varios países europeos. En el año 2013, la Tasa Bruta de Escolarización Superior (TBES) entre los jóvenes de 20 a 24 años era 77,4 %. Ello significó el crecimiento acelerado de la matrícula que, en primer lugar, se concentró en las mejores universidades públicas, como es el caso de la Universidad de Buenos Aires que en 1982 (antes del ingreso libre decretado en 1985) había superado apenas los 13 mil estudiantes; en 1987 alcanzó casi los 47 mil, en 1992, la matrícula de la Universidad llegaba a los 170 mil estudiantes, y hacia el 2011 tenía 308,748 (1 y 2). Es importante agregar que la UBA tenía en 2013 el 67% de matrícula de las universidades nacionales.

En segundo lugar, los sucesivos gobiernos, contando con el entusiasmo de los parlamentarios, como ocurrió en la mayor parte de los países de la región, aprobaron la creación de nuevas universidades públicas y privadas sin planificación alguna. Las universidades públicas pasaron de 29 a 57 entre 1989 y 2013, mientras que las privadas aumentaron de 23 a 64. Sin embargo, este crecimiento similar en número no se refleja por igual en la matrícula, la oferta privada concentra en 2014 solo el 27.5% de la matrícula.

Ningún otro país de América Latina ha pasado por una experiencia similar, por lo que resulta válido preguntarse cuáles han sido los resultados de esta opción.

Un primer asunto es qué pasó con la secundaria. De acuerdo con los analistas, la educación básica en particular está estancada en cuanto a su calidad. Los resultados de la prueba PISA no indican variaciones significativas desde el 2000. Tampoco parece haber cambios en el peso de los factores socioeconómicos asociados con los resultados de aprendizaje, los más pobres siguen recibiendo una educación más pobre que termina afectando su desempeño en los institutos o universidades cuando acceden a ellas. De otro lado, aunque no hemos encontrado estudios sobre el tema, uno de los horizontes de la secundaria es el ingreso a la educación superior. En Argentina, desde la fracasada experiencia de la polimodal de los años 90, hay cursos orientadores en la secundaria que apuntan a una continuidad de la formación en diversos ámbitos profesionales y académicos. Podría esperarse que estos funcionen como un espacio que equilibre la demanda por carreras de ciencias e ingeniería versus las de humanidades y ciencias sociales, pero ello no parece haber ocurrido.

Aunque la idea de que en la medida que todos los egresados de la secundaria deben ser considerados iguales y con los mismos derechos de acceso libre y gratuito, en muchos casos las universidades tuvieron que crear cursos de matemática, redacción, y otros, para compensar la deficiente formación básica.

El crecimiento acelerado de la matrícula afectó negativamente la calidad y la organización del servicio educativo. No todas las tribus académicas reaccionaron de la misma manera, las carreras de medicina, lo mismo que las ciencias y las ingenierías, elevaron sus barreras internas haciendo una selección en los primeros años, tratando de limitar la demanda. Por su parte, las carreras de humanidades y ciencias sociales vieron una oportunidad de crecer. Para el 2008, el 45% de los egresados corresponden a ciencias sociales y 15% a Ciencias Humanas; y en los institutos superiores 43% corresponde a ciencias humanas y 28% a ciencias sociales.

En un reciente artículo, García de Fanelli sostiene que, a pesar de la política de puertas abiertas de Argentina, el acceso a la educación superior es menos equitativo que el chileno cuyo proceso de masificación se ha basado en la selectividad, financiamiento privado y una importante presencia de universidades privadas. La participación de estudiantes provenientes del quintil más bajo en la educación superior chilena en 2015 era 29%, mientras en Argentina fue 16%. Cabe anotar que, en el caso del Perú, con una cobertura menor (37%), el porcentaje de estudiantes del primer quintil era 23% en 2014.

Una de las causas está en la baja tasa de graduación de la secundaria que en Argentina es 61% frente a 90% en Chile, como referencia en Perú la tasa para población de 17 a 19 años era 72% en 2015. Los más pobres son los que no se gradúan, o lo hacen a una edad mayor, lo que reduce sus oportunidades de acceso a la educación superior. A esto se estaría sumando la alta deserción de la educación superior y el tiempo que toman los estudiantes en culminar sus estudios. De esta manera, la inclusión inicial de los sectores más pobres no se concreta en su graduación y movilidad social. Sin embargo, sobre este punto se tienen más aproximaciones que información certera, pues uno de los problemas de los sistemas de educación superior poco regulados, como lo ha sido en el Perú, y en Argentina, es la falta de información estadística.

 

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Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

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