Jueves 28 de junio del 2018

Humanidades digitales ad infinitum

Breve reflexión sobre la crisis de las humanidades y los (¿falsos?) remedios que ofrece lo digital.

Al repetir sin cesar una frase, -por ejemplo: humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales, humanidades digitales…- se produce saciedad semántica; es decir, el significante se desasocia de todo sentido y el hartazgo nos revela el significado como lo que realmente es: una apariencia.

Hoy en día, los humanistas se han abocado a la repetición en masa de la crisis de las humanidades y las humanidades digitales. Resumiendo el problema: frente a la lógica positivista, pragmática y neoliberal de la universidad y el mercado actual, la rentabilidad de criticarnos es tan baja que buscamos suprimir las humanidades, y ante tal supresión ofrecemos el préstamo impagable de digitalizar la reflexión humana, la pregunta por el sentido, el amor o la muerte. Ante esto, es preciso reconocer que los nuevos métodos informáticos, la inteligencia artificial, las computadoras cuánticas y los gadgets del momento, etc., han impuesto las condiciones que todo vencedor impone: todas; sin embargo, y sin caer en el conservadurismo de la tinta y el papel, hay que todavía preguntar, ¿necesitamos de computadoras y algoritmos para pensarnos? ¿Qué valoraciones adjudicamos hoy a una respuesta no cuantificacional? ¿En qué beneficia, si acaso lo hace, la computación a la ética?

 

No un campo, sí una competencia

Independientemente de cómo se responda, el río fluye hacia la digitalización de las humanidades –al respecto, léase el siguiente documento-, y fuera de lo fructífero o no del método y sus herramientas algorítmicas, fluye renovando el campo laboral de una disciplina en crisis. Como se ha comentado en una serie de notas previas (1, 2, 3), la academia y el mercado laboral para las humanidades se articulan en una lógica mendicante en la que el investigador no obtiene remuneración alguna por sus productos intelectuales y paga por los insumos; todo ello en un contexto en el que no se valora el aporte de las humanidades en tanto se considera, erradamente, que no genera retorno ni impacto económico (y es, por tanto, inservible o inútil). Frente a esto, hay que recordar que las “humanidades digitales” no son un tipo diferente de humanidades ni un campo o disciplina nueva, sino una competencia y/o habilidad: son una manera de proponer una respuesta, un método, mas no una pregunta. Las preguntas del humanista han sido, básicamente, casi las mismas a lo largo de la historia; las respuestas nacen desde un momento, un punto en el tiempo y el espacio encerrado en sus propios límites; las preguntas pueden ser eternas, pero la empresa intelectual se trata de responder a estas desde nuestro momento.

Inventar un traductor automático para lenguas indígenas, aplicar un nuevo algoritmo para identificar procesos migratorios en culturas precolombinas, medir con mayor precisión la ratio de cierta estrategia estilística en un autor del Siglo de Oro, o gestionar una biblioteca virtual, son algunos ejemplos de todo lo que ahora se puede lograr cuando las humanidades utilizan métodos computacionales; sin embargo, y no deja de ser cierto, la palabra por sí misma se defiende y el objeto de estudio de las humanidades es, en última instancia, ajeno a las mediciones. De esto no se desprende, por ejemplo, que un estudio computacional no colabora con, digamos, nuestra comprensión del lenguaje; lo que se trata de enfatizar es recordar que lo no medible también existe y su reflexión merece ser juzgada dentro de su propia dinámica. Y para ello necesitamos humanidades humanas, no solo digitales. ¿O es que acaso estamos repitiendo humanidades digitales hasta al hartazgo semántico?

 

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Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.

 

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