Jueves 11 de octubre del 2018

Explorando el potencial de blockchain para transformar la educación superior

Las posibilidades “disruptivas” de la utilización de Blockchain está generando alta expectativa entre algunos especialistas, pero lo concreto aún es bastante incipiente.

Hace poco, nos referimos al rol que finalmente asumió la educación en línea entre las universidades, que aunque no llegó a ser el gran motor y protagonista de una educación superior inclusiva y universal, se ha posicionado de modo que tiene un espacio amplio y con futuro por explotar. En lo que respecta a expectativas, la posta dejada por la educación virtual está pasando a algunas tecnologías, entre estas está la innovación denominada “blockchain” que según algunos expertos podría cambiar los pilares de la gestión universitaria, y los más entusiastas incluso hablan de cambios radicales que transformarían la educación terciaria para siempre. ¿Cómo podría pasar esto?

Lo primero, y que para muchos es un primer paso algo complicado, es entender cómo funciona la tecnología de cadenas de bloques (blockchain). Lo que se acostumbra es utilizar el ejemplo de las criptomonedas, como bitcoin, que utiliza el soporte de blockchain a modo de “ledger” o libro mayor (registro contable), pero a prueba de fraude y sin necesitar intermediario (bancos). Sin embargo, se intentará explicar desde una aplicación más neutral y describir el blockchain desde su función con mayor potencial: validación de información.

Imaginemos que un grupo de trabajadores en una oficina de soporte técnico deben llevar un estricto registro de sus actividades en el tiempo de modo que se pueda medir la eficiencia de su actividad. A cada uno se le da una pizarra en donde debe hacer una tabla con sus incidencias. El último día de la semana, cuando se hace la revisión del rendimiento, uno de los trabajadores llega antes que sus compañeros y altera a su conveniencia los resultados en su pizarra. Nadie se da cuenta, puesto que es un entorno de confianza, sin embargo, sabemos que los resultados serán un fraude. Si se utilizara una solución “tipo” blockchain, implicaría que se utilice una sola pizarra común, con identificadores de cada nuevo registro y en el momento en que cada uno ingresa un incidente en su pizarra se tomaría una foto y cada uno verificaría que la foto y la información es correcta. Se tendría una instantánea después de cada modificación del registro, un historial verificado. Así se vuelve una misión imposible pensar en alterar la información anterior, por el historial, o insertar información falsa, por la verificación de cada uno.

Así funciona blockchain para validar y gestionar un registro permanente, por ejemplo, de transacciones o intercambios, donde cada computadora o dispositivo móvil es un nodo que interactúa con otros en una misma red. Cada nodo tiene acceso a una misma tabla que solo aceptará nueva información si en ese momento cada entrada anterior registrada coincide en cada una de las versiones anteriores de la misma tabla en cada uno de los nodos. De ese modo, se verifica que la nueva información ingresada no incluye alteraciones al registro anterior. Cada vez que algún nodo envía nueva información, y esta se verifica de manera exitosa, se envía un nuevo bloque (block) del registro, se encadena y se vuelve la copia actual para cada nodo. Así, resulta obvia su aplicación en temas contables, como es el caso de la criptomoneda bitcoin.

¿Cómo se aplicaría esta tecnología en educación superior? Algunas iniciativas nos ofrecen algunas pistas. “Digital Diplomas”, proyecto pionero del Massachusetts Institute of Technology (MIT), funciona sobre una plataforma llamada “blockcerts” y permite a los estudiantes “cargar” con sus títulos y certificaciones en un aplicativo móvil, a la cual pueden acceder en cualquier momento diferentes usuarios, y siempre con la protección y verificación de la tecnología blockchain. En contraste con otras certificaciones digitales anteriores (Coursera o edX, por ejemplo), la propuesta del MIT destacó por la autonomía que le brinda al estudiante de autogestionar sus credenciales de manera segura, y compartirla según requiera la ocasión, por ejemplo, ante un empleador.

También, en una publicación anterior reseñamos el caso del proyecto “Woolf University” que apunta a la creación de la primera institución que funcionará 100% sobre blockchain, y en la que a través de una aplicación móvil tanto profesores como estudiantes podrán coordinar, sin intermediarios, cursos y módulos, incluyendo todos los trámites administrativos y académicos necesarios. Blockchain permitirá que todo el procedimiento, desde la coordinación hasta la acreditación del programa, funcione sin obstáculos. La entidad “Woolf University” se encargará de esquematizar los cursos para que deriven en un título universitario, además de ser el “rostro” institucional, que por cierto tiene el aval de la Universidad de Oxford.

Y no se quedan atrás iniciativas hispanas, la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), en alianza con la startup “SmartDegrees”, ofrece la posibilidad a sus egresados de gestionar sus documentos de titulación a través de un aplicativo que funciona sobre blockchain, similar al “Digital Diplomas” del MIT, y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) también ha iniciado un proyecto que plantea las mismas facilidades en primera instancia.

Esto es la actualidad, pero, cuando especialistas hablan de blockchain, las posibilidades en diversos campos parecen tener un potencial por descubrir, un nivel de disrupción cuyos efectos aún no se podrían vislumbrar. Por ejemplo, se habla de una transformación de la banca y servicios financieros, gobierno y democracia, recursos humanos, internet de la cosas y un largo etc. Y por supuesto, a estas alturas, no es extraño encontrar comentarios que colocan a esta tecnología como un posible hito tipo “antes y después” en la educación superior, alterando su misión y estructura tradicional una vez que se encamine su potencial.

¿Cómo podría ser un factor tan disruptivo en la educación superior? Por los proyectos descritos y avances en otros campos, hasta ahora el uso es incipiente y poco esclarecedor. Pero según tres recientes informes y análisis (ver documentos al final), que se aventuran a mirar el futuro de blockchain en educación terciaria, el impacto se vislumbra en comparsa con la noción conocida como “desagregación” (en inglés, “unbundling”), o la forma en que se pueden desempaquetar los programas de estudio para ofrecer alternativas de certificación modular que puedan ser reconocidas sin participación de las universidades o de los organismos públicos.

En el pasado, vimos las posibilidades que ofrece el unbundling, que emergió a partir de las plataformas de educación en línea y la tendencia a valorizar cada vez más un modelo de formación basado en competencias. Entonces, imaginar una receta de educación superior basada en estudios desagregados más blockchain, que simplificaría los trámites y reduciría la burocracia tradicional, sumados a las necesidades persistentes de ampliar acceso, reducir los costos y llegar a una creciente población “no tradicional”, sin duda generará un desafío que es un escalón más alto para la universidad tal cual la conocemos (escenario que se repite, antes parecía que la educación en línea y las certificaciones ponían a la educación superior en la misma posición).

Pensar en una educación superior sin intermediarios, que solo va a necesitar de un aplicativo móvil, para que un estudiante pueda recibir los cursos que necesita, de los profesores que le favorezcan, en un horario y lugar flexible, con esquemas de titulación estandarizados y todo bajo una plataforma digital, segura y que ofrece plena autonomía, podría hacer prescindible la figura de la institución universitaria actual. ¿Podría adaptarse y sobrevivir el modelo tradicional universitario a este futuro? ¿Qué forma adoptaría? Tal vez, es muy pronto aún para animarse a dar respuestas concretas, pero sí habría que considerar la advertencia de algunos especialistas que ven estas tendencias no solo como “movidas” oportunistas para desmantelar la educación superior y tentar un mercado desregulado, sino que, además, nos recuerdan que hace falta más que la tecnología para abordar problemáticas enraizadas de índole político y social.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

Antecedente:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

Deja un comentario