Jueves 11 de octubre del 2018

Estudiantes sin fronteras

Un vistazo económico a la migración estudiantil en países miembros de la OCDE.

El nuevo informe de la OCDE, Education at a Glance, fue publicado el mes pasado y trata sobre la educación en sus países miembros. La investigación toca entre una gran variedad de temas a la situación y tendencias encontradas en los estudiantes internacionales, un asunto de enorme importancia económica y social, así como, últimamente, un blanco de controversia política (ver 1, 2). Esta población ha explotado demográficamente durante las últimas dos décadas, han pasado de 2 millones de estudiantes a 5 millones entre el 1999 y el 2016; de ellos, 3.5 millones de ellos se encuentran en países pertenecientes a la OCDE.

En primer lugar, podemos notar su importancia monetaria crucial tanto para las universidades en que estudian como para las sociedades que los acogen. Un ejemplo paradigmático es el canadiense: la desfinanciación general que sufrió la educación superior desde la crisis financiera del 2009 fue casi perfectamente balanceada con la incorporación de una tasa importante de alumnos extranjeros. Las pensiones para alumnos internacionales son en promedio 4 veces mayores a las de los alumnos nacionales y representan el 35% de las tarifas recogidas por las instituciones. Además, existen encadenamientos económicos a partir de los gastos de vida que los estudiantes hacen en la zona: en EE.UU., por ejemplo, entre el año académico del 2016, gastaron 32.8 billones de dólares y contribuyeron al mercado laboral con 400 mil empleos.

Por otro lado, su importancia económica se manifiesta en su aporte al desarrollo económico y social de los países anfitriones. Según la OCDE, atraer a estos estudiantes, en especial si se quedan permanentemente, es una forma de acceso a un pool global de talento, puede compensar por la capacidad débil de los niveles educativos más bajos, apoyar el desarrollo de innovación y sistemas de producción, e incluso mitigar el impacto del envejecimiento de la población en el futuro de la oferta laboral. En un contexto postbrexit, por ejemplo, el intercambio cultural y los lazos académicos internacionales que vienen con la movilidad estudiantil pueden volverse recursos clave. La importancia cultural de los estudiantes internacionales en realidad también radica en su potencial de diversificar los altos puestos de poder en la academia, el sector privado y el gobierno, así como en la generación de empatía con grupos diferentes a los hegemónicos en las respectivas élites nacionales.

Para permitir un fluido y saludable intercambio hay distintos arreglos institucionales que pueden darse. Decisiones políticas tales como considerar a esta población estudiantil en las cuotas de migración, otorgar o no visas postestudios, así como, evidentemente, la gratuidad de la educación, la priorización del acompañamiento psicológico, entre otras medidas, tienen profundos impactos. Se debe entender que esta nueva ola de estudiantes parte de una tendencia de mayor capacidad adquisitiva en la clase media internacional para mandar a sus hijos a estudiar afuera y en una falta de oferta especializada en los países de origen que no puede mantener el ritmo de la demanda, en especial en economías emergentes.

 

¿Cómo es el estudiante internacional?

Las tendencias encontradas varían enormemente entre países de origen y recepción, y entre distintos niveles y campos de estudios. En primer lugar, la tendencia más importante es la geográficamente localizada. El 55% de los estudiantes internacionales provienen de Asia y casi la mitad de ellos provienen específicamente de China, mientras que los países que más de estos estudiantes en específico atraen son Estados Unidos (el mayor ganador de todo este entramado de movimiento total), Australia y el Reino unido (2/3 del total). Los estudiantes originarios de Europa forman el 24% de los estudiantes internacionales matriculados en países OECD y, curiosamente, el 80% de ellos se mantiene en el continente (otro arreglo institucional a tomar en cuenta es la masividad del programa ERASMUS). Los estudiantes provenientes de América y África forman una proporción mucho menor (alrededor de 300 mil estudiantes). Los estadounidenses suelen ir a Europa, en especial al Reino Unido; los latinoamericanos se dividen también entre Europa (con un énfasis en España) o Norteamérica, mientras que los africanos se movilizan casi en bloque a Europa (Francia, Alemania, UK). Finalmente, vemos que la Federación Rusa también es un destino principal con 250 mil estudiantes extranjeros matriculados, siendo además un catalizador regional, pues dos tercios de ellos provienen de países vecinos con vínculos históricos a la Unión Soviética.

El movimiento internacional aumenta, asimismo, a mayor nivel educativo, pues vemos que la proporción de estudiantes internacionales matriculados en pregrado es alrededor del 4% en países miembros de la OCDE, mientras que sube a 26% en el nivel de estudios de doctorado. Por otro lado, existen tendencias claramente distintas entre la forma en que distintos grupos se comportan según estos niveles: la población asiática es más móvil a nivel de estudios técnicos y de maestría, mientras que la europea se mueve más a nivel de estudios de pregrado y de doctorado. Además, es claro que los estudiantes internacionales forman una porción importante de los estudiantes de STEM en el mundo (9% en los países OCDE), esto se puede deber en parte a los menores requerimientos de competencia lingüística, pero más seguramente a la prima salarial elevada que conlleva. Para ver las proporciones completas por campo de estudio nos referimos a la Tabla B6.2 del informe de la OCDE.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

Deja un comentario