Jueves 07 de junio del 2018

Estudiantes feministas toman la palabra y las calles

A punta de organización, apoyo popular e indignación, las estudiantes chilenas han hecho trascender su reclamo por una educación sin sexismo, centrando la atención de una nación en su movimiento.

Latinoamérica está siendo impactada por un movimiento feminista estudiantil creciente en Chile. Este constituye una respuesta al sexismo institucional que atraviesa a toda la sociedad y plaga las casas de estudios. A través de explicitar la violencia machista y sus dinámicas, se ha logrado en parte desnaturalizar el dominio masculino de lo público y lo privado, incluyendo el cuerpo y sexualidad de las mujeres. Las universidades deben así actualizar sus protocolos y sanciones para responder mejor a una cultura que cada vez más considera inaceptable el sexismo en todas sus formas. Este desfase ha generado una movilización política que ahora busca trascender el ámbito universitario y se orienta a redefinir el lugar de las mujeres en la sociedad chilena.

Las movilizaciones comenzaron en abril, llegaron a tomar 21 facultades de al menos 15 universidades para el mes de mayo y centraron sus reclamos en los casos de abusos registrados por parte de académicos. Según la antropóloga Sonia Montecino, en muchas de estas universidades se forman estudios de género desde la vuelta a la democracia, lo que se traduce en una mayor consciencia en las alumnas; así, son las estudiantes quienes le dan una característica esencial al movimiento actual. Por otro lado, la historiadora María José Cumplido resalta la importancia de la cobertura mediática del feminismo y la naturaleza de masa homogénea, transversal y activa del movimiento, pues carece de un liderazgo fijamente establecido. Cumplido plantea también que las estrategias de protesta utilizadas son herencia del movimiento estudiantil de años recientes.

Podemos ver que la naturaleza estudiantil del movimiento es valiosa para su vitalidad y para el apoyo masivo de la opinión pública chilena. Según Cadem, el 71% de los chilenos apoya la movilización feminista y el 91% considera necesario seguir luchando por la equidad de género. A una semana de las grandes movilizaciones, el gobierno de derecha de Piñera, asumiendo una postura liberal, presenta una lista de medidas para corregir disparidades de género. Estas incluyen la reforma constitucional y se centran en la violencia doméstica, la igualdad en administración del patrimonio conyugal, un plan de asistencia técnica a centros educativos para prevenir/sancionar la violencia y una reforma en el sistema de salud. Una vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile asegura que el gobierno no aborda seriamente la educación no sexista, la principal demanda del movimiento,  y afirma que “el presidente le baja el perfil a las violencias, abusos e invisibilizaciones que han sufrido y siguen sufriendo las mujeres de nuestro país.” Una nueva manifestación en la que se incluye el pedido de destitución del Ministro de Educación se ha planificado para el 6 de junio.

En el caso chileno, destaca el énfasis de los reclamos en el sexismo cotidiano y en la naturaleza androcéntrica del currículo educativo. Este es un nivel de análisis sofisticado que posiciona directamente a la educación sexista como factor estructural en la reproducción de las desigualdades de género. Desde el 2014, los movimientos feministas de la región han experimentado un renacimiento a través de la visibilización de la violencia cotidiana. Hay más atención pública y política sobre la temática, así como mayores posibilidades de denuncia y mecanismos de apoyo.

En el Perú, la agenda legislativa feminista que se propone en el 2015 enfrenta los problemas de subrrepresentación política, acoso político, acoso sexual callejero, la penalización del aborto, violencia doméstica y falta de acceso a justicia de las víctimas de esterilización forzada. Tras la multitudinaria marcha de Ni Una Menos en el 2016, el Poder Ejecutivo endurece las sentencias y agravantes para la violencia doméstica y feminicidios. La opinión pública y los poderes legislativos, sin embargo, todavía se encuentran sumamente divididos en temas álgidos tales como la despenalización del aborto, la tipificación de delitos de odio hacia población LGTB y el enfoque de igualdad de género en los colegios. El último gran logro para los derechos femeninos se dio en el 2011 con la tipificación del feminicidio como delito en el Código Penal, un hito vital para comprender la indignación actual hacia su frecuencia.

Es importante notar, además, que la enorme movilización de grupos conservadores a través de iniciativas tales como Con Mis Hijos No Te metas y La Marcha Por La Vida responde directamente a la incidencia institucional que ha tenido (y que potencialmente tiene) la lucha por la igualdad de género y los derechos reproductivos/sexuales de las mujeres. Existe un cambio sustancial acerca de cómo se piensa el problema: el machismo como concepto de análisis de una realidad concreta está tomando notoriedad y se cuenta con mayores recursos de apoyo para reconocer y denunciar la violencia. Las instituciones educativas son clave para asegurar la igualdad futura, siendo tanto una fuente de protesta (como en el caso chileno), como un mecanismo de reproducción social (como en el caso del enfoque de género del Minedu). Finalmente, se debe reconocer que el feminismo y sus aliados han puesto en la agenda pública puntos vitales de discusión, muchas veces bloqueados e incluso estigmatizados, pero finalmente, visibles.

Como dice Leopoldo Lavín, “esperemos que el movimiento feminista chileno estudiantil no se quede en los recintos universitarios, sino que se despliegue tanto a las empresas donde están las trabajadoras (que viven la opresión-género/explotación-económica), como a las iglesias, oficinas, a los barrios, a las comunidades de inmigrantes y a todas las instituciones donde las relaciones de poder favorecen la desigualdad de género.”

 

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