Jueves 05 de abril del 2018

Diseñando el futuro: innovación en la educación superior

¿Están las universidades rozando la obsolescencia? Arriesgar e involucrar a la comunidad para marcar la diferencia.

Los conocidos casos de Kodak y Blockbuster son ejemplos del temor o la falta de ingenio para innovar. Continuar apostando por modelos que en sus entornos de negocio se vislumbraban obsoletos, los condenó a desaparecer, incluso cuando ambas marcas eran los referentes más importantes en el mercado. Así, se presenta también el futuro para la educación superior. La constante evolución en el campo tecnológico, de la mano con los diversos factores derivados de la globalización, coloca a las universidades e institutos en la posición de revisar sus rutas de desarrollo hacia el futuro, con la condición de adaptarse a un nuevo contexto en el que tanto el perfil de los estudiantes, como su demanda formativa y la demanda del mercado laboral están en un proceso de cambios importantes.

El portal Educause propone en una columna reflexionar sobre la innovación. En primer término, descarta que las necesidades del ámbito de formación terciaria se ajusten a la llamada innovación “disruptiva”, pues se afirma que esta noción se refiere a la estrategia operativa empresarial de nuevas empresas que para posicionarse en determinado campo ofrecen productos alternativos y más económicos recurriendo a la tecnología. Cuando el cliente es el estudiante de educación superior, no se puede hablar de alternativas inferiores, sino de instituciones que lograron distinguirse en un mercado saturado. Solo así podrán evitar el mismo destino que las empresas mencionadas al inicio.

Agrega, en segundo lugar, que tampoco se puede hablar de innovación si se refiere a novedades aisladas en los métodos formativos, como las pasantías o investigaciones lideradas por estudiantes, o en la educación en línea que realmente se originó en el mundo corporativo. De modo que, hablar de innovación en la educación superior es una realidad incipiente, y que no se ha encarado por temor al fallo en instituciones donde está en juego prestigio y fuerte inversión.

Cuando se quiera hablar de innovación en la educación superior, tendrá que referirse a la adopción de nuevos métodos y prácticas a nivel integral, y aunque el texto señala que en general no hay apuestas interesantes, siempre hay excepciones a considerar. La primera es el caso de la Universidad de Georgetown, la cual con su iniciativa “Designing the Future(s)” ha logrado involucrar a toda la comunidad universitaria (estudiantes, profesores, administrativos y egresados) en la reflexión sobre las cuestiones que le toca encarar a la educación superior hacia el futuro, así como en la elaboración de propuestas para innovar en su modelo educativo.

Son cuatro las preocupaciones que inspiran a Georgetown: i) redefinir el aprendizaje inclusivo, que se adapte a la masificación y diversidad; ii) asegurar equidad en todos los ámbitos de la experiencia educativa; iii) priorizar en los profesores su misión educativa; y iv) considerando esos tres enunciados, pensar en el futuro para adaptarse y ofrecer una educación sostenible y siempre centrada en el estudiante.

En su ejecución, esta iniciativa ofrece toda una estructura con diversos proyectos que incentiva la participación de todos los miembros de la comunidad universitaria, no solo a través de charlas y conferencias abiertas para todos, sino desde la misma interacción en cursos y talleres para los estudiantes o actividades que recogen sus experiencias tanto dentro como fuera del campus dedicadas a explorar el futuro del aprendizaje y formación integral de la educación superior, y también a través de la creación de grupos de profesores y administrativos -con labor vinculada a la gestión académica- que se reúnen para dialogar e intercambiar ideas sobre las tendencias en la enseñanza.

Dentro de los proyectos, encontramos que no solo se dirigen a impulsar y recoger experiencias en innovación, sino que en sí mismas contienen ideas innovadoras. Como ejemplos tenemos “Reinventing the University for the Whole Person”, estudio que asocia a la universidad con un startup creado por exalumnos que reúne líderes innovadores para discutir temas de educación superior en una plataforma audiovisual; “The University as a Design Problem”, basado en un curso del mismo título y que reúne estudiantes de pregrado dentro del campus para imaginar y rediseñar la universidad al 2033; “The Global Future(s) Faculty Studio”, que ofrece a los profesores una serie de encuentros y talleres en donde se exploran nuevas formas de enseñanza; “The Regents Science Scholars Program”, que busca expandir el apoyo a estudiantes de primera generación en carreras de ciencias; etc.

Justamente, una de las charlas organizadas por Georgetown tuvo como invitada a Cathy Davidson, escritora especialista en tendencias en la educación, en la que mencionó el historial de prácticas de la universidad moderna de los últimos cien años y cómo en la actualidad, con comunicaciones globalizadas, Internet, conocimiento humano documentado – digitalizado y con la tecnología que redefine cómo se puede combinar diferentes campos del conocimiento, se debe pensar en actualizar lo que fue creado para otro contexto y que ahora van en detrimento del impacto positivo que pueden tener la universidades en el mundo.

Para Davidson, pensar en la contribución que la educación superior puede tener en la movilidad social es uno de los puntos fuertes de la discusión. Inspirarnos en la perspectiva de cómo podemos hacer que nuestra institución aporte a un mundo más equitativo debería ser una fuente vital para innovar.

En otra columna publicada en EdSurge, se apuntó que más allá de nuevas ideas para la innovación académica se debe pensar también en la comunicación estratégica que va a permitir que estas nuevas ideas fluyan con menos resistencias entre los profesores, estudiantes y administrativos. El artículo es una reseña de lo debatido en uno de los encuentros de líderes innovadores en educación superior, denominada “The HAIL Storm” (Harvesting Academic Innovation for Learners), que reunió a 35 de ellos. En el intercambio, se afirmó que, si los grandes cambios se acompañan de un lenguaje poco claro, las innovaciones pueden ser vistas como amenazas entre la comunidad universitaria. En ese escenario, resulta clave el trabajo que se pueda hacer para “socializar” las iniciativas en el campus, y, por supuesto, eso va de la mano con abrir el debate a toda la comunidad. En esa dirección, Davidson College ha implementado una versión personalizada de la plataforma “ideascale”, que permite a cualquiera proponer una “nueva idea”, que puede ser comentada y debatida también por cualquier otro miembro de la comunidad.

Finalmente, un reciente artículo en Inside Higher Education, reseña la perspectiva de los profesores como participantes de algunas “HAIL Storm”; además, define cuatro áreas de interés que deben incorporarse en todo debate sobre la innovación académica en un mundo impredecible y en constante cambio: i) el compromiso de vincular equidad e innovación; ii) lograr modelos sostenibles para la innovación académica; iii) comercialización de nuevas tecnologías educativas; y iv) prepararse para el futuro apostando por el desarrollo del capital humano.

 

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