Jueves 22 de marzo del 2018

"Dejen de lucrar con nuestro trabajo"

En medio de los debates sobre Open Access, las redes sociales para investigadores vienen recibiendo críticas.

En el sistema intelectual actual, los modos de producción y circulación del conocimiento científico se articulan a mercados. El conocimiento resulta un bien de consumo, cuya demanda alimenta la investigación que soporta a los investigadores. Alimentar sin cesar ese mercado de conocimientos es un significado añadido del imperativo universitario de “publicar o morir”. Pero, además, en términos de propiedad intelectual, el investigador cede (en realidad, pierde) su propiedad en el momento de publicar. El sistema de publicación internacional no prevé ningún retorno efectivo para los investigadores universitarios, más bien contempla sus derechos como trabajo ya remunerado en el sueldo pagado por la universidad. Así, “propiedad intelectual” termina siendo un rótulo simbólico en un sistema basado en el prestigio. Sumemos, además, que los gestores bibliográficos y las revistas, Elsevier y Clarivate entre los mayores, lucran con la difusión del artículo de investigación –el bien de consumo intelectual-, lo que limita el acceso a quien pueda pagarlo; acceso requerido por los investigadores para mantener el sistema de producción funcionando. No les pagan por sus productos, pero deben pagar por los insumos (artículos en ambos casos). Y para más encono, muchas veces, las investigaciones son financiadas con fondos públicos, por lo que la ciudadanía ya pagó por estos resultados que deben volver a pagar para asegurar la renta de quienes los publican. Elsevier obtuvo £900 millones el 2017.

Esto explica que la comunidad científica venga generando una ola de críticas y propuestas, resumidas en la frase: “dejen de lucrar con nuestro trabajo”. La alternativa más comentada es Open Access o Acceso Abierto, modo de circulación en esencia gratuito y sin fines de lucro. Sin embargo, las propuestas y las críticas no se detienen aquí, también existen redes sociales para investigadores: Academia.edu, ResearchGate y Mendeley, entre otras.

 

Sobre lucro, ganancias y alternativas

Las redes sociales para investigadores son una alternativa de autogestión de la difusión con millones de “académicos” a lo largo del globo. Académicos “entre comillas” porque basta con solo registrarse para utilizar la plataforma – lo que no es filtro suficiente. Academia.edu cuenta con 34 millones; ResearcheGate, 9 millones; y Mendeley 4.6 millones. Estos canales permiten a los investigadores tener cierto control de la difusión de su trabajo; en un entorno en el que hacer visible su producción es un imperativo, este canal resulta mucho más rápido que el registro en las bases de datos universitarias o de gestión bibliográfica. Sin embargo, estas redes sociales no garantizan el control de calidad de lo compartido; no hay revisión alguna de los trabajos subidos. Por tanto, estas redes no tienen la reputación que los medios tradicionales tienen.

Por otro lado, según una columna de opinión del THE, las ganancias de Academia.edu ascienden a $17.7 millones; las de ResearchGate, $35millones; y, aunque no se otorga una cifra exacta para Mendeley, este gestor bibliográfico fue comprado el 2013 por Elsevier en £65 millones.

Quizás por eso es que, estas plataformas, del mismo modo que Elsevier, cada vez son más criticadas y pierden usuarios. Vienen implementando distintas medidas de mercado digital respecto a la promoción y difusión de las investigaciones: por cierta cuota se difunde un artículo a más investigadores, como si de un aviso publicitario de Facebook se tratara; y, además, se puede pagar para acceder a información “de consumo” como lectoría, metraje, citado, etc.

También, vienen apareciendo alternativas sin fines de lucro, de acceso abierto y gestionadas por la misma comunidad universitaria; es el caso de ScholarlyHub, una futura red social que por el momento busca donaciones para construir una plataforma que funcione además como plataforma de publicación y repositorio.

 

Comentarios finales

Publicar y difundir son dos cosas distintas. Y ninguna es sencilla. La tarea de difundir, en cuanto esté en una plataforma, supone una tarea inmensa de gestión de datos, cuyos costos de gestión y circulación no pueden depender de donaciones de investigadores. Por otro lado, si uno busca la autogestión y la autodifusión de su trabajo, otras alternativas podrían ser páginas de autor (google sites, wordpress, etc.), pero si los canales son pequeños el impacto de las investigaciones también lo será. Finalmente, si uno piensa en alternativas “gratuitas”, hay que recordar que nada es realmente gratuito mientras se utilice internet. Hubo una época en que la iniciativa de quienes publicaban y alimentaban la “república académica” fue considerada un negocio legítimo y peligroso. Elsevier publicó a Galileo en 1635. Las universidades, en tanto parte de su prestigio se basa en indicadores de investigación y necesitan el acceso a los grandes gestores bibliográficos para acceder a las investigaciones más recientes, son parte esencial del mercado que los investigadores critican pero que también requieren ¿encontraremos alguna solución?

 

Fuentes:

 

Antecedentes:

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2 comentarios

Victor Velasco| 29 marzo, 2018,a las 7:52 am

Muy buen artículo, deberían leerlo en Concytec, que pagó por una suscripción de Elsevier cerca de 10 millones de dólares, mientras en Colombia, por lo mismo, se pago algo de 5, y fue un escándalo.
Por otra parte las iniciativas de plataformas de acceso abierto tienden al fracaso y posterior desaparición al terminarse los fondos iniciales con los que se gestionaron, sin embargo, hay muy buenas alternativas como Dialnet Plus (versión de pago de Dialnet) y J-Gate (plataforma que integra resultados de búsqueda de más de 25 mil journals de acceso abierto), que con bajos precios de suscripción se mantienen actualizadas y con motores de búsqueda robustos.
Otro ejemplo es Scielo, emprendimiento que nace en Brasil, y que recibe ingentes recursos del Estado y empresa privada.
Para finalizar, Chile siguió el ejemplo de Brasil y creo Scielo Chile, casi con el mismo modelo de financiamiento.
Resultados: revisando el ranking 2016 Scimago, que casualmente pertenece a España, tenemos:
España e India, dentro del top 10 y 20
India, “casualidad” que son los gestores de Dialnet y J-Gate respectivamente.
Brasil y Chile, entre los puestos 30 y 35, en algunas especialidades están por llegar al top 20.
En Perú muchas universidades no consideran las plataformas que brindan acceso a recursos Open Access y para variar, el Estado, a través de Concytec y Sunedu, promueven la suscripción de BD “de prestigio” para elevar la calidad de la educación superior universitaria y la investigación científica, “de las que se utilizan en las mejores universidades del mundo, como Harvard”.
Pues la verdad, deberían bajar de su nube y dejar de lado sus intereses personales y pensar en primero alcanzar en el ranking a una Colombia, luego a Brasil y después a Chile, y así planear cómo alzar a los top 10 como Estados Unidos, China, Alemania, España y demás.

libia patiño| 11 abril, 2018,a las 2:09 am

Aun así, me parece una oportunidad para las publicaciones de los avances científicos.