Jueves 19 de abril del 2018

¿Es el amor al odio como los humanistas al mercado?

Reflexiones en torno a la crisis de las humanidades y su vinculación con las empresas.

En ediciones anteriores (A y B), hemos recapitulado una parte del debate internacional sobre la crisis de las humanidades. Un primer grupo de humanistas, por lo general doctorandos o doctorados recién graduados, critica las condiciones laborales actuales: prácticas no meritocráticas de acceso a la academia, remuneración salarial precaria, baja vinculación con el empresariado y pocas oportunidades de investigación –al respecto, léase este ensayo sobre por qué dejar la academia; otro grupo, los humanistas tradicionales, en el sentido de profesores ya consagrados en sus respectivas comunidades, critican, entre otros temas, el embate de la burocratización, la creciente supervisión pública, y el incremento del personal administrativo en el sistema universitario internacional –por ejemplo, léase las siguientes columnas de opinión (A y B). Dos generaciones de humanistas cuyas críticas parecieran diferir salvo en un punto: la denuncia del recorte generalizado de los cursos y carreras de humanidades en todo el ámbito académico por una lógica de mercado práctica-tecnocrática de la cual resulta difícil escapar. A continuación, algunas ideas sobre cómo aprovechar la lógica empresarial para solucionar esta crisis.

 

Debemos conocer el mercado

Cuando pensamos en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i), recalcó Adela Cortina en una entrevista para este boletín, solemos creer que las humanidades no tienen y/o no pueden tener un impacto directo en la economía nacional; de ahí que, bajo una lógica utilitarista, se considere a las humanidades como infructíferas –posición que suelen defender también ciertos humanistas que desprecian la practicidad frente al ejercicio puro de la contemplación. Sin embargo, dicha afirmación sería más un prejuicio que un hecho. Las humanidades aportan al PBI de las naciones a partir de la generación de diversos productos culturales, éticos y teóricos según cada especialidad; hecho que no se le escapa al sistema universitario estadounidense: 19 de las 50 mejores universidades privadas gastaron más del 5% de su gasto total en I+d+i en humanidades. Ahondemos en esta premisa.

Según el siguiente artículo, La transferencia de conocimientos desde las humanidades: posibilidad y características, la separación dicotómica clásica entre ciencias y humanidades, la cual conlleva presupuestos como cientificidad / relatividad, conocimiento explicativo / narrativo, rentabilidad económica / inutilidad, etc., no se sostiene más en una sociedad del conocimiento basada en el capital intelectual. Las humanidades (y también las Ciencias Sociales) tienen una capacidad transformadora que “les otorga un margen de rentabilidad y aplicación que aventaja, incluso, la aplicación y rentabilidad de otras disciplinas científicas”, la cual se sustenta en cuatro potencias: la primera, la proximidad entre la investigación y la aplicación, pues a diferencia de otras disciplinas en las que existe una marcada diferencia entre teórica y práctica, el humanista puede transitar en estos dos polos con facilidad; la segunda, que son productoras de conocimientos netos, potencia sumamente importante en una “era del significado”, como rotulan los autores; la tercera, de carácter más filosófico, la capacidad de conciliar un sistema cultural y uno técnico, dado que las humanidades tradicionalmente han contribuido a la construcción de la autorreflexión de la sociedad; y la cuarta, la política cultural es científica y viceversa.

Considerando estas cuatro potencialidades, el artículo propone, además, que para entender el impacto de la transferencia de conocimientos que tienen las humanidades, debemos primero conocer su propia lógica de mercado. Para explicar este sistema, aplicaron una encuesta de 96 preguntas a un total de 76 grupos del área de humanidades del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC, España) sobre las siguientes cinco variables: características de los agentes que transfieren, objeto transferido, medios de transferencia, destinatario o usuario de los conocimientos a transferir y entorno de la demanda. Estos fueron los resultados más importantes.

En cuanto a las características del agente, la mayoría consideró que la transferencia de conocimiento (TC) es posible en grupos multidisciplinarios de 4 a 10 integrantes con un enfoque de trabajo coordinado en el que prime la apertura al cambio; sin embargo, reconocieron que la cultura imperante en el área es dedicar el mínimo de horas a la TC y que, si bien en papeles es importante la TC, la institución no termina por promover esta actividad ¿pero, quieren los humanistas involucrarse con el sector privado? Por otro lado, en casi todas las áreas de humanidades, se consideró que el objeto transferido es el conocimiento y, en menor medida, productos susceptibles de ser reproducidos o utilizados; esto, en una lógica de productos materiales con valor agregado, resulta preocupante. Finalmente, entre las características de los destinatarios, se detalla que la mayoría están relacionados al sector cultura: productoras de cine, discografías, editoriales, museos, fundaciones, etc.

Frente a esto, cabe preguntarse ¿cómo generar más puestos de trabajo para las humanidades en un mercado cultural incipiente como el peruano? ¿Es posible abarcar otros ámbitos de la economía? ¿De ser posible, están los planes de estudio de humanidades pensados para involucrarse con estos actores, o se contempla solo la investigación? Palabras finales: para el caso peruano, estudios humanísticos como la arqueología, la lingüística y la historia, sí han impactado y quizá tal vez más que cualquier otra actividad (además, de manera sostenible): pensemos, por ejemplo, en el Señor de Sipán y el desarrollo de la región Lambayeque.

Impacto económico humanista con desarrollo sostenible

 

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