Jueves 20 de setiembre del 2018

En América Latina, solo la mitad se gradúa oportunamente

¿Cómo explicamos las diferencias regionales en los niveles de graduación durante un contexto de masificación?

Desde el año 2000, la cantidad de personas entre 18-24 años matriculadas en instituciones de educación superior en América Latina se ha duplicado pasando del 21.95% al 43.3% en el 2014 con casi de 24 millones de estudiantes en educación terciaria. Este aumento se ha dado por un mayor acceso de estudiantes provenientes de sectores medios y bajos. El crecimiento ha sido drástico incluso al ser comparado con los estándares internacionales; e.g. a inicios del 2000 Asia central tenía una tasa de matrícula  similar a la latinoamericana y en 2010 estaba debajo por 13 puntos.

Según un informe del Banco Mundial, el crecimiento de la matrícula está acompañado de una expansión de la oferta. En la primera década de este siglo, se abren alrededor de 2,300 instituciones educativas nuevas y, aproximadamente, 30 mil nuevos programas. Así, alrededor de un cuarto de las IES actuales y tanto como la mitad de los programas actuales, incluyendo carreras que no existían, resultan siendo creados durante este periodo.

El crecimiento de la matrícula dentro de distintos estratos socioeconómicos en la población es un indicador importante de inclusión social regional. Sin embargo, es importante mantener en perspectiva los logros de egreso efectivo para diagnosticar correctamente la situación de los estudiantes latinoamericanos y, en este respecto, se encuentran graves preocupaciones. Solo alrededor de la mitad de estudiantes alguna vez matriculados han obtenido un título o grado a los 25-29 años, la otra mitad incluye tanto a los desertores como a los estudiantes que siguen matriculados en educación superior, pero no se han graduado a la edad “óptima”. Los países mejor posicionados en este respecto son México y Perú, los cuales mantienen niveles de graduación oportuna similares a los norteamericanos (65%).

Como podemos apreciar (click en el gráfico O.8 arriba), Bolivia y Colombia mantienen la mayor proporción de desertores del sistema. Previamente, se ha discutido los problemas de deserción colombiana y la crítica hacia el énfasis privado que ha tenido la gestión de Santos. El porcentaje general de abandono del sistema es 37%; sin embargo, este asciende a aproximadamente el 53% para los estudiantes que comienzan programas de ciclo corto (programas técnicos), un resultado con implicaciones fuertes para la diversidad (BM, p. 14). Por otro lado, Argentina, Uruguay y Honduras tienen la mayor cantidad de alumnos que tardan más en graduarse.

En el informe de la Unesco (pp.41), la deserción temprana suele explicarse por razones vocacionales o por un desajuste entre las exigencias curriculares y pedagógicas y las características de los estudiantes. Desde el BM, se ofrece una perspectiva distinta al considerar las primas salariales que suponen la graduación de un programa profesional frente a los retornos sin educación superior o con superior incompleta (click en el gráfico O.17 debajo). Vemos que Argentina ofrece la menor prima salarial por graduación (40%), la cual dobla a su prima por educación superior incompleta (20%). Este es el país analizado con menores diferencias salariales entre distintos niveles educativos, lo cual podría ayudar a explicar sus bajos niveles de graduación oportuna. Graduarse rápido (o en general) simplemente no ofrece salarios mucho más altos.

En el otro extremo, vemos que Colombia mantiene la mayor prima salarial por graduación con alrededor de 180%, casi 5 veces el 40% de prima salarial que provee la educación superior incompleta. Además, este país cuenta con niveles de graduación oportuna promedio y la segunda menor tasa de matriculados tardíos, después de México. Esto resulta especialmente intrigante al tomar en cuenta que este país exhibe uno de los niveles más altos de deserción regional. Una explicación que se debe tomar en cuenta es que el 36% de los estudiantes desertores dejan el sistema durante el primer año (frente a 15% de promedio en Estados Unidos). Es notorio que no graduarse rápido mantiene un gran costo de oportunidad, pero que si se va a desertar la decisión no se prolonga mucho.

Por último, vemos que el caso de Bolivia es interesante, pues exhibe la menor tasa de graduación oportuna (alrededor del 25%), así como el mayor número de desertores del sistema (más de 40%). El factor común que tiene este caso con el colombiano es su enorme incremento en el acceso a la educación superior entre el 2000 y 2013 (click en el gráfico O.2 debajo). Este vertiginoso cambio parece haber golpeado más fuertemente a Bolivia, debido a la mayor heterogeneidad de su nuevo alumnado (el incremento boliviano se basa en mayor medida en la mayor tasa de graduación de secundaria). Asimismo, nuevamente vemos atisbos de los bajos incentivos argentinos para la graduación a través de su menor tasa de acceso durante este periodo.

No es necesario enfatizar nuevamente la gravedad social y personal que supone la deserción o prolongamiento excesivo de la graduación. Sin embargo, gran parte de la conversación ha sido monopolizada por los factores individuales de riesgo de los alumnos, antes que el panorama del sistema educativo. Es importante ver también factores tales como la rapidez del crecimiento de matrícula, las primas salariales disponibles y las condiciones de la educación secundaria para complementar el análisis. Para finalizar, vemos que el caso de Perú, en este marco, puede ser considerado exitoso en la región, pues mantiene niveles altos de graduación oportuna, mientras maneja una explosión en la matrícula universitaria similar a los preocupantes casos de Bolivia y Colombia. Esto, sin embargo, puede variar en los próximos años, ya que la actual ley universitaria ha eliminado el bachillerato automático establecido en el año 1992.

 

Fuentes:

 

Documentos:

 

Antecedentes:

 


Aviso: Los contenidos de este boletín sintetizan la información y los debates tomados de los medios de comunicación y las investigaciones que se citan al pie. Su contenido no refleja necesariamente la opinión del Vicerrectorado Académico de la PUCP.


 

Deja un comentario