Noticia  |  Viernes, 30 de Junio del 2017

Un sistema educativo que no permite asegurar una igualdad de oportunidades

Percepción de desigualdad en Chile estaría asociada a la educación, según un informe.

En Chile, a pesar de que la pobreza se ha reducido, que el acceso a la educación escolar y universitaria se ha expandido significativamente y que el sistema democrático se ha mostrado estable, la desigualdad sigue existiendo y es un rasgo estructural de la sociedad. Esta es una de las conclusiones principales de un estudio publicado por PNUD que explica que el sistema educativo, el rol del Estado y la concentración de la riqueza serían solo algunos de los factores determinantes de esta situación.

Un artículo sobre este informe señala que lo que más aqueja a los chilenos, en términos de desigualdad, son cuestiones asociadas a la salud, a la educación y al trato que reciben las personas. En este sentido, el hecho de que quienes puedan pagar más tengan acceso a mejores servicios sociales es visto como una injusticia, y esta percepción ha aumentado de manera importante durante los últimos 15 años: de 52% a 64% en el caso de la educación, y de 52% a 68% en el caso de la salud.

El estudio, en el capítulo correspondiente a educación y distribución de oportunidades, analiza la influencia del sistema educativo y su impacto en la reproducción o moderación de la desigualdad socioeconómica y en la distribución de oportunidades. También señala que uno de los mecanismos que puede atentar contra la igualdad de oportunidades es la transmisión de ventajas y privilegios de una generación a otra, lo que determina la movilidad intergeneracional. En este sentido, el sistema educativo es esencial, ya que puede ser un canal central de movilidad social, pero también puede convertirse en un vehículo de reproducción de la desigualdad.

En la sociedad chilena en particular, según señala el informe, la expectativa sobre la educación de los hijos es uno de los aspectos más valorados en términos de movilidad social, y en ella se ha depositado la posibilidad de terminar con la inseguridad y vulnerabilidad. Si esta promesa fracasa, se produciría una sensación de frustración y fracaso.

Se consideran, de este modo, tres factores que influyen en el sistema educativo y en la distribución de oportunidades: (i) la elevada desigualdad que existe entre los hogares en lo que respecta a recursos económicos, sociales y culturales representa un obstáculo para nivelar el piso de oportunidades; (ii) la estructura organizativa y de financiamiento del sistema educacional vigente ha posicionado a la educación como un canal de transmisión del nivel socioeconómico entre padres e hijos; y (iii) se ha implementado, desde 1990, un vasto conjunto de iniciativas de política pública que buscan mejorar las condiciones de enseñanza y los logros educativos de los estudiantes, sobre todo dirigidas a aquellos de un nivel socioeconómico bajo.

El informe señala, además, que la matrícula de educación superior en Chile ha crecido considerablemente en los últimos veinticinco años. El número de estudiantes de pregrado prácticamente se quintuplicó, hasta alcanzar 1 150 000 estudiantes en 2015. El mayor acceso a la educación superior durante la última década (2006-2015) se concentró en los grupos de ingresos medios y bajos. La matrícula se expandió porque aumentó la disponibilidad de financiamiento para los estudiantes de instituciones que hacia mediados de los 2000 obtuvieron por primera vez acceso masivo a becas y créditos. Por otro lado, el gasto familiar en educación superior en el país, correspondiente al 1% del PIB, sigue siendo uno de los más elevados según la OCDE.

Sin embargo, esta gran oferta de egresados del sistema universitario no se correlaciona con la demanda real de personal calificado del sistema productivo chileno. En este sentido, una de las frustraciones que experimentan un gran número de estudiantes que salen del sistema terciario es no encontrar cabida en empleos bien remunerados, lo que crea una tensión entre la promesa de la educación y el mercado laboral. En la misma línea, se proponen nuevos cuestionamientos acerca de la calidad de la educación que se ofrece, tanto privada como pública.

Como se señala en el documento, no hay una relación entre el aprendizaje de los jóvenes y las oportunidades educativas, pues en Chile aprenden menos y la procedencia pesa más en los resultados. Otros retos que deben asumir en torno a la educación superior tienen que ver con la capacidad de la economía de proveer los empleos esperados para la cantidad de estudiantes. Otro aspecto que deben tener en cuenta es el efecto que tendrá la creciente automatización de los procesos productivos, aspecto que causa preocupación no solo en este país, sino en todo el mundo, por el impacto que tendrá sobre los empleos.

En un artículo previo, también se ha abordado la cuestión de la paradoja de la educación y la meritocracia en Chile, teniendo en cuenta que la masificación de la universidad no ha contribuido a la democratización de la sociedad y no contrarresta las desigualdades sociales. Adicionalmente, en el clima político educativo continúan los problemas y rechazos generados por la implementación de la gratuidad (ver nota previa).

Fuentes:

Documentos:

Antecedentes:

acceso | desigualdad | mercado laboral | política

Dejar un comentario