Noticia  |  Jueves, 30 de Noviembre del 2017

Pandemia de bilis negra en las universidades

Diversos estudios apuntan que la vida universitaria puede afectar la salud mental.

Cuando pensamos la universidad, nos embarcamos en una tarea interdisciplinaria en la que la reflexión humanista, científica y administrativa concuerdan en beneficio del desarrollo del potencial humano y profesional de los estudiantes. Por ejemplo, proponemos distintos modelos de universidad, de investigación y/o profesional, desarrollamos planes de formación por competencias, buscamos que el sistema universitario camine a la par de la vanguardia tecnológica y de pensamiento, entre una larga lista de mejoras intelectuales; sin embargo, pocas veces anclamos dichas reflexiones y propuestas en el día a día de la vida universitaria, tanto de los estudiantes, como de la plana docente, por lo que terminamos obviando las consecuencias negativas que el sistema universitario puede suscitar.

En el 2003, los doctorandos en Australia mostraron una tasa tres a cuatro veces mayor en problemas de salud mental en comparación a la población en general; al menos el 53% de los académicos del Reino Unido sufren de algún problema de salud mental según un estudio de 2010; de la misma manera, un estudio del 2015 en la University of Berkeley mostró que el 47% de los estudiantes de posgrado sufrían de depresión. Al parecer, la tendencia no es local ni episódica, sino sistémica – una pandemia psicológica-, por lo que cabe preguntarse ¿es el sistema universitario actual perjudicial para la salud mental de posgraduandos y profesores?

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Según el estudio “Work organization and mental health problems in PhD students” de Katia Levecque et al. , llevado a cabo en universidades Belgas, al menos uno de cada dos doctorandos experimenta algún trastorno psicológico y uno de cada tres está en riesgo de un desorden psiquiátrico. Asimismo, un 30% del total reportó infelicidad y depresión, mientras que un 28% problemas para dormir, debido a preocupaciones. En resumen, el estudio muestra que 1 en 4 o 1 en 5 doctorandos experimenta incapacidad para superar dificultades, no disfruta actividades diarias, ha perdido la confianza en sí mismo, siente que no juegan un papel importante y tienen problemas de concentración; y los resultados no diferencian disciplinas. Además, en comparación a la población educada a nivel superior en general, experimentan muchos más problemas de salud mental.

Entre las principales causas de dicho problema, los autores encuentran que ciertos indicadores laborales y organizacionales son más significativos que otros. Por ejemplo, las altas exigencias laborales (carga académica y presión por publicar –véase nota previa); si se es investigador becado o en un proyecto financiado; para investigadores en equipos solo compuestos por hombres o con mayoría masculina; en caso de una cultura de decisión cerrada; y cuando los roles laborales y los familiares entran en conflicto. Finalmente, considerando la variable de género, las mujeres se encuentran en mayor riesgo que los hombres. ¿Debería, entonces, incluirse en la publicidad una advertencia de que un posgrado puede causar depresión?

Prevenir antes que lamentar: el caso peruano

Los estudios anteriormente citados se llevaron a cabo en sistemas universitarios de clase mundial – véase nota previa. ¿Qué sucede en sistemas de baja calidad? Qué cabría decir sobre países en los que ni se cuenta con un estudio sobre el tema ni condiciones materiales para afrontarlo, como, por ejemplo, Perú. En primer lugar, ¿cuántas universidades ofrecen estudios de posgrado? Considerando la posibilidad de verse afectada la salud mental ¿cuántas universidades cuentan con asesoría psicológica? ¿Las que sí ofrecen este servicio, responden a toda la demanda? ¿Tienen unidades enfocadas por tipo de estudiante? ¿En qué estado se encuentra la salud mental de la academia peruana? La respuesta es sencilla, el problema no ha suscitado, todavía al menos, interés alguno en la agenda de debate sobre la Ley Universitaria, el rol de la Sunedu y las Condiciones Básicas de Calidad (CBC); en otras palabras, no conocemos la salud mental actual del sistema universitario peruano y si la proliferación de estudios de posgrado tiene un impacto directo en la academia. Cabe recordar que, dentro de las CBC establecidas por Sunedu, se considera la verificación de los servicios educacionales complementarios básicos, entre estos, se encuentran los servicios psicopedagógicos. Además, son dos los medios de verificación: un documento que acredite el presupuesto destinado a la prestación del servicio y/o el contrato o convenio para la prestación de servicio a través de terceros. ¿Estudiamos y regulamos?

La respuesta, sin embargo, podría señalar otros problemas. Según el último censo universitario, nuestros posgrados son programas para gente que trabaja a tiempo completo. Se trata entonces de programas a tiempo parcial de baja frecuencia y dedicación. Quizás la baja intensidad y la baja exigencia de publicación previno el estrés hasta ahora. ¿Qué sucederá en la academia y entre los estudiantes de pregrado?

*** En las siguientes notas previas, se presentan temas afines a problemas de la vida universitaria (1,2)

Fuentes:

Documentos:

Antecedentes:

academia | ámbito laboral | docentes | posgrado | pregrado | vida universitaria

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