Noticia  |  Jueves, 18 de Mayo del 2017

¿No todo es discutible en la universidad?

Libertad académica, libertad de expresión y espacios seguros en la universidad.

Hace poco, hubo en la PUCP un clima de tensión sobre si era aceptable admitir en la universidad un debate con detractores del enfoque de género. La mesa de discusión se realizó en condiciones claramente definidas por la autoridad académica, bajo el criterio de que ninguna idea debe dejar de discutirse. Sin embargo, las tensiones entre defensores de la libertad académica y los promotores de la universidad como espacio seguro crecen por todo el mundo (ver antecedentes 1 y 2). Unos casos recientes permiten exponer varias aristas del asunto.

El caso de Ann Coulter en Berkeley es el más reciente. Invitada por organizaciones estudiantiles a dar una charla sobre inmigración (desde una postura conservadora), las autoridades decidieron cancelar el evento por motivos de seguridad. Usaron como antecedente la violencia y los daños ocasionados por el movimiento estudiantil que impidió la presentación de Milo Yiannopoulos, un conservador radical. Berkeley intentó dar a Coulter otra fecha y lugar, en un espacio controlado y un día con menos estudiantes en el campus, pero ella declinó, fastidiada por lo que consideró una discriminación.

Entre estos hechos en Berkeley, dos casos más aparecieron en los titulares. En Middlebury College, al acercarse al micrófono el escritor Charles Murray, criticado por fomentar el racismo, la gran mayoría del auditorio se puso de pie, le dio la espalda y se iniciaron cánticos rechazando su presencia (ver video). Las autoridades de Middlebury, sin embargo, tenían un plan alterno y trasladaron a Murray y a la moderadora a un ambiente cerrado para ofrecer la conferencia por streaming. En este otro video, se puede escuchar que, aunque aislados, los cánticos interrumpen la conversación varias veces (ver video) y que, peor aún, resultaron agredidos cuando abandonaban el campus.

También en McMaster University (Ontario) aconteció un episodio similar cuando manifestantes boicotearon al profesor de psicología Jordan Peterson (ver video), quien se opone al compelled speech (que incluye el uso mandatorio de pronombres de género neutral) y a una propuesta que modifica la legislación canadiense respecto a la identidad de género. Peterson había sido invitado por estudiantes a debatir sobre libertad de expresión y lo políticamente correcto. Finalmente, tuvo que abandonar el recinto y continuar su discurso al aire libre con los gritos de manifestantes que se escuchaban de fondo (ver video).

Libertad expresión. Libertad académica. Jordan Peterson

El rector de McMaster publicó un comunicado en el que expresó su total respaldo a la libertad de expresión en el campus universitario y argumentó que la misión es la formación de los estudiantes, lo que implica aprovechar todas las oportunidades para aprender y tener la capacidad de poder escuchar y debatir cualquier perspectiva respecto de un tema, tanto dentro como fuera del aula.

En este contexto, quizás resulte más claro el argumento de Pablo Quintanilla, filósofo, que defendió el debate sobre género en la PUCP. No solo se trata de proteger la libertad de discusión y la misión de la universidad, sino de comprender que la censura favorece al expositor silenciado, quien demuestra al resto de la comunidad que sus opositores no tienen argumentos para refutarlo. Quintanilla recordó que, en la historia, todas las comunidades marginadas que eventualmente lograron sus derechos acompañaron siempre su protesta con exposiciones intelectuales.

Justamente, Stanley Fish, una eminencia posmoderna, provocadora y solitaria, acaba de disparar un texto respecto de la distinción entre libertad de expresión y libertad académica, en el que discute sobre temas de corrección política y nociones derivadas, como microagresiones y espacios seguros (ver antecedente).

Para Fish, la libertad de expresión es un valor democrático y político, propio de la sociedad que elige a sus representantes y por el que cada individuo tiene la oportunidad de expresar lo que le parezca sobre el desempeño de los gobernantes que eligió. Sin embargo, afirma que incluso en democracia no es absoluta. En su ensayo de 1994, “There’s No Such Thing As Free Speech, and it’s a Good Thing”, critica lugares comunes de izquierda y derecha, y postula que la libertad de expresión se refiere a lo que resta luego de que la comunidad ha declarado qué discursos no tolerará (los discursos de odio).

La libertad académica, en cambio, consiste en expresar el derecho a formular cualquier argumento desde una postura neutral y a partir de hechos comprobables (evidencias). Es así que Fish considera un error valorar a la Universidad como un bastión de la libertad de expresión –excluyendo algunos discursos–cuando en realidad su misión se centra en el ámbito educativo, que consiste en transmitir y desarrollar el conocimiento e investigación en las disciplinas impartidas. En ese sentido, los rigurosos reglamentos que prohíben las microagresiones convierten las aulas en espacios no neutrales alterados por factores políticos.

En cambio, en las actividades extracurriculares en auditorios o salas de conferencia no se exponen necesariamente argumentos “genuinamente académicos”, sino que más bien los organizadores (no la universidad, que solo ofrece los espacios, da el permiso y garantiza la seguridad) buscan difundir o discutir una postura.

A partir de esta separación, Fish perfila los públicos que interactúan en el campus universitario. Considera que los estudiantes deben dedicarse a aprender e investigar en base a evidencias y es un hecho que en las aulas no necesitan de libertad de expresión, sino de libertad académica (la flexibilidad en la libertad de expresión depende del profesor y su estrategia pedagógica), ya que están en proceso de adquirir y trabajar el conocimiento desde sus profesores y pares.

Respecto de los directivos administrativos, pide que abandonen la creciente tutela de la libertad de expresión o de reserva moral y asuman la responsabilidad operativa de los espacios en el campus, haciendo la adecuada distinción entre los que son netamente académicos y los ofrecidos para actividades extracurriculares. Deben ignorar las demandas de censura de los estudiantes, ya que van en contra del propósito de la universidad.

Los profesores, de acuerdo a sus nociones sobre libertad académica, deben interpelar todas las proposiciones sin privilegiar ninguna. Todas las voces tienen el mismo derecho a ser escuchadas, por radical o inquietantes que sean, con la obligación de someter incluso a las más apreciadas convicciones al escrutinio de la razón.

Fuentes:

academia | administrativos | aprendizaje | autonomía | debate | docentes | enseñanza | estudiantes | misión universitaria | política | voz estudiantil

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Comentarios anteriores (2)

  • Jose R. Espinoza dice:

    Felicito a la Direccion de Asuntos Acdemicos por lo actual y pertinente de la nota. Nada le es ajeno a la Universidad, de ahi su nombre que proviene del concepto de universalidad. La universidad es la institucion donde debe primar la discusion intelectual sobre la base de la evidencia de los hechos y la investigacion.

  • Maria Raguz dice:

    Interesante distinción de libertad de expresión y libertad académica; gracias.