Noticia  |  Viernes, 3 de Noviembre del 2017

¿Más universitarios = más desarrollo?

¿Más graduados mejoran la economía del país? Un debate con muchas aristas.

El crecimiento en el acceso a la educación superior ha conseguido algunos efectos positivos, entre los que destaca una mayor inclusión, pero luego de varios años de expansión cabe explorar si “todo exceso puede ser dañino”. Esto implica, en países del primer mundo, el cuestionamiento de las políticas de acceso, justificadas por la teoría del capital humano, que sostienen que una población mejor preparada aumenta la productividad del sistema.

John Morgan, editor del Times Higher Education (THE), hace un análisis sobre el valor del título universitario en el Reino Unido. Se hace dos preguntas: ¿por qué los títulos universitarios se han vuelto necesarios para conseguir empleos que antes no los necesitaban? Y, ¿existe alguna manera óptima de evaluar el beneficio que obtiene el país al potenciar la obtención de grados universitarios? (que no sea la medición del ingreso).

Según la última edición del Education at Glance de la OECD, la expansión de la educación superior ha traído beneficios importantes en el retorno obtenido cuando los egresados participan del mercado laboral. Los adultos de 25 a 64 años con estudios superiores ganan hasta 56% más que los que tienen solo secundaria completa. Algunos críticos indican que el dato incluye egresados con carreras técnicas y diplomas, y que no se considera las desigualdades producidas por el prestigio de las instituciones.

Otra defensa de la importancia del título universitario resulta de la experiencia con la especialidad de enfermería. Desde el 2013, en el Reino Unido, las enfermeras egresan con un título universitario y, aunque muchos políticos se opusieron en su momento, los resultados han respaldado la medida. Un estudio de 400.000 pacientes dados de alta de cirugía, en 300 hospitales de nueve países europeos, encontró que cada 10% de incremento de títulos universitarios entre las enfermeras se asoció a un 7% de disminución en la probabilidad de que un paciente hospitalizado muera dentro de los 30 días de admitido. Según especialistas, esos resultados respaldan la necesidad de un título universitario para cambiar el perfil de las enfermeras a las exigencias contemporáneas. Actualmente, necesitan conocer y operar equipos de alta tecnología, y habilidades blandas, como liderazgo, pensamiento crítico y trabajo en equipo.

Un caso curioso mencionado es la crítica al credencialismo de un político británico a partir de que un peluquero que le atendió era titulado en estudios sobre fútbol. Esta crítica fue rápidamente refutada con información del Longitudinal Education Outcomes (LEO) -herramienta reciente del Reino Unido para medir los ingresos de los graduados a seis años de su titulación y proveer información para el TEF-, que muestra que el rendimiento de esa especialidad está por encima del promedio. Los egresados salen preparados para cumplir más que una sola función específica. Si bien se pueden estudiar cursos de extensión para gestionar un equipo de fútbol, o cómo entrenarlo, la carrera universitaria –que se dicta desde hace 20 años y tiene los contactos y la experiencia- ofrece un paquete completo, además de una formación que permite adaptarse a los requerimientos del mercado. Así, los egresados pueden desempeñarse en cualquier cargo dentro del enorme negocio del deporte profesional, a nivel administrativo, a nivel deportivo, e incluso de analistas de información (estadísticas / cifras).

Respecto al nivel de subempleo, el estudio “Should governments of OECD countries worry about graduate underemployment?” ubica al Reino Unido entre los países con los niveles más altos con casi un 30% de subempleo entre sus titulados. Por otro lado, uno de los autores del estudio indicó que hay que ir pensando el impacto de la robótica e inteligencia artificial en el mercado laboral. No bastará con monitorear los ingresos. Para reducir el riesgo, sugiere que los gobiernos reorienten el énfasis profesional-laboral de la educación superior hacia otros objetivos educacionales. La formación universitaria tiene de por sí un considerable valor, más allá del ajuste al mercado laboral.

Otra solución es la política de Nueva Zelanda, que restituyó el sistema de control de acceso a las universidades, lo que permite la expansión de vacantes solo cuando haya evidencia de una mayor demanda de los empleadores.

El análisis de Morgan critica a la OECD poner demasiado énfasis en la medición de los ingresos (retorno). Andreas Schleicher, uno de los directores de la OECD, acepta esta responsabilidad; sin embargo, menciona que OECD intentó una medición de la calidad de la enseñanza en base a resultados, pero la iniciativa (Assessment of Higher Education Learning Outcomes Project – AHELO) fue bloqueada por las universidades que de la mano de los gobiernos prefieren seguir el modelo del mercado y producir más titulados como único canal para impulsar la economía de los países (ver antecedentes de 2015).

Finalmente, Morgan sugiere que habría que considerar reducir el énfasis del factor “ingreso” en las discusiones futuras sobre la educación superior y más bien darle un espacio más importante a su misión formativa, para lo que habrá que encontrar una manera alternativa de demostrar a los gobiernos cómo la formación universitaria ofrece valor agregado a los países.

Fuentes:

Antecedentes:

acceso | debate | desarrollo | empleabilidad | graduados | mercado laboral | políticas | retorno

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