Noticia  |  Viernes, 3 de Noviembre del 2017

Los rankings (no) sirven

Debates en torno a los criterios e impacto de los rankings internacionales.

A mediados de agosto-septiembre de cada año, los principales rankings internacionales (THE, ARWU, QS, entre otros) publican la esperada lista con las 10/100/1000 mejores universidades en el mundo y, algunas semanas después, disgregan dichos resultados según regiones, especialidades, investigación, financiamiento, movilidad estudiantil, entre otros criterios del sistema universitario. De esta manera, las universidades, fuera de celebrar alguna mejoría o asolapar las bajas, cuentan con un sistema de medición internacional que les permite (re)conocer el trabajo realizado durante todo un año. Sin embargo, como hemos recalcado en ediciones anteriores (ver nota previa), los rankings tienen muchos problemas de base como favorecer a las universidades más grandes, más antiguas y con mejor financiamiento; asimismo, los resultados pueden variar considerablemente según la metodología y los criterios de evaluación de cada ranking (ver nota previa).

Al respecto, ARWU (Academic Rankings of World Universities), publicado en Shanghai desde el 2003, centra sus criterios principalmente en investigación STEM, por lo que las universidades estadounidenses suelen liderar dicho ranking (Harvard y Stanford); por otro lado, en THE (The Times Higher Education World University Rankings), el foco de atención es la internacionalización; de esta manera, las universidades del Reino Unido hoy ocupan los dos primeros puestos (Oxford y Cambridge).

Por otro lado, según los detractores de estos megarankings internacionales, lo que se prioriza suele estar en función de una agenda subjetiva y con un, a veces claro, trasfondo político y económico. Por ejemplo, China quería conocer su brecha en investigación respecto de EE.UU., de ahí la creación de ARWU; y, por su parte, THE, quería posicionar a las universidades británicas dentro del top 10. De esta manera, sin criticar la fiabilidad de la metodología de dichos rankings, muchas veces lo que se encuentra concuerda con lo que se busca a priori. Asimismo, siguiendo con las críticas, estos rankings suelen estudiar muchas más áreas, que las ya mencionadas (investigación e internacionalización), pero en lugar de realizar un ranking por dimensión las agrupan en un solo indicador y resultado; para eso, suelen asignar los pesos de manera arbitraria, por ejemplo, por qué 25% y no 15% a internacionalización (no hay un criterio claro ni estudio científico que lo avale).

Según Simon Marginson, director del Centre for Global Higher Education, los rankings mencionados son junk, “basura”, debido a que son “rankings con muchos indicadores diferentes, pesos arbitrarios y uso de data subjetiva-objetiva de una manera incoherente”.

¿Qué hacer entonces con los rankings?

Considerando las críticas citadas, según Simon Marginson, los rankings deberían optar por disgregar sus indicadores en vez de optar por rankings multitemáticos; es decir, deberían enfocarse solo en financiamiento o solo en internacionalización, etc.; de esta manera, se respondería a las diferentes necesidades e inquietudes de los usuarios, quienes, al fin y al cabo, son los que tomarán decisiones importantes sobre su desarrollo y/o vida académica.  Asimismo, se estaría tomando en cuenta que no existe un solo modelo de universidad, por ejemplo, universidad de investigación, sino, por el contrario, muchos, y esa diversidad atiende mejor las expectativas de los estudiantes. Además, se debería priorizar los rankings de ‘world-class systems’; en otras palabras, rankings que estudien los mejores sistemas universitarios del mundo y no solo las mejores universidades, ya que, por lo general, casi todas las universidades son buenas opciones en un buen sistema.

Como se discutió en una nota previa de este boletín, esta línea argumentativa propone que las universidades deberían asumir un compromiso local que les permita contribuir al desarrollo de su entorno; en otras palabras, el valor social de una universidad dentro de una comunidad es más importante que los rankings para los padres de familia y estudiantes.

Finalmente, considerando toda la controversia que acarrean los rankings internacionales, no faltan propuestas para mejorarlos: por ejemplo, Ludo Waltman et al., desde el CWTS Leiden Ranking, platean diez principios para un uso apropiado de los rankings internacionales; entre estos, en relación con lo expuesto líneas arriba, se rescata de que “no debe de utilizarse un concepto genérico que englobe la performance de la universidad”; en otras palabras, atender a la diversidad y disgregar las áreas temáticas.

Fuentes:

Antecedentes:

desigualdad | misión universitaria | opinión | propuestas | rankings

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