Noticia  |  Jueves, 7 de Septiembre del 2017

La educación privada en Etiopía y su inusual desarrollo

Los cambios generados con la expansión del sistema de educación superior y el florecimiento de la educación privada.

Hasta el 2000, la educación superior en Etiopía era muy limitada, solo había  dos universidades y 17 colleges en todo el país, y solo tenía 31 mil estudiantes (en un país de 100 millones de personas). Quince años después, de acuerdo con la información del Ministerio de Educación, son 38 universidades públicas, 98 instituciones de educación superior privadas[1] y alrededor de 10 escuelas de formación de profesores. Por otro lado, también se ha producido una expansión en la matrícula,  la cual es aproximadamente de 600 mil estudiantes, de los cuales el 38% son mujeres.

El crecimiento de la educación superior privada en Etiopía es el segundo mayor de África subsahariana (110 mil estudiantes en 2016), lo que sorprende por su rapidez, considerando que no existían institutos ni universidades privadas hasta antes de 1998 (año en el que empezó a funcionar a tiempo completo el Unity College, actual Unity University) y por tratarse de instituciones con fines de lucro dirigidas a una población de medianos y bajos ingresos[2].

La oferta privada en Etipoía no es elitista y hay un buen ajuste entre las carreras ofrecidas y la demanda laboral. Estas universidades -entre las que figuran las religiosas[3]- compiten con las buenas universidades públicas, especialmente en la enseñanza (la investigación está a cargo de las universidades públicas) y su relación con la comunidad, y se benefician del desorden y politización en sus contrapartes públicas[4]. El ingreso está definido por una prueba nacional al final de la secundaria de dos años de duración que viene luego de la secundaria general donde las mujeres reciben puntos adicionales sobre el puntaje requerido.

A diferencia de otros regímenes, el etíope planeó y promovió el establecimiento de universidades privadas. De hecho, el marco normativo precedió a la emergencia de los sectores de la educación privada y, aunque es usual que los países africanos busquen regular, es decir, establecer normas, a veces van más allá de lo que se exige a la universidad pública. La proliferación de instituciones privadas que se dio de manera temprana e impulsó también mayores regulaciones de entrada: no discriminando la inversión con fines de lucro como  lo hacen la mayoría de países africanos, bloqueando los programas privados de formación de docentes, prohibiendo la educación a distancia, y limitando el crecimiento de las instituciones religiosas que no pueden acreditarse ni dar títulos a nombre de la nación[5].

El resultado es que las universidades con fines de lucro  representan la abrumadora mayoría de las privadas, predominan las sociedades anónimas, y muchas son de propiedad familiar, además, en ellas se permiten ofrecer beneficios para todos los niveles de educación terciaria.

Todo indica que en Etiopía la educación terciaria seguirá creciendo. El gobierno está construyendo 11 nuevas universidades y espera duplicar en los siguientes cinco años la formación de nuevos profesionales, especialmente de las áreas de ciencia y tecnología[6]. Las universidades privadas también quieren aumentar su capacidad. El cuello de botella es la cantidad y calidad de profesores disponibles, tal como lo mostró una reciente prueba para reclutar nuevos docentes para la universidad pública. Es posible que esta situación los lleve a establecer políticas de retorno para los que se han formado en el extranjero y a los que se fueron a causa de la guerra y los conflictos políticos; quizá se abra la posibilidad de establecer convenios con universidades internacionales, todo depende de las innovaciones que los gobernantes de Etiopía estén dispuestos a emprender.

Aunque Etiopía está lejos de alcanzar una cobertura de los países latinoamericanos (40%), la tasa es alta (14%) comparativamente con el promedio del África subsahariana (10%) y es, además, uno de los pocos países con políticas de discriminación positiva para promover el acceso de las mujeres a la universidad. (ver nota previa).

[1] En la página web de la Higher Education Relevance & Quality Agency figuran 103 colleges.

[2] En 1991, luego de una guerra civil, es derrocado el gobierno marxista instaurado en 1974. Hasta 2012, gobierna el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope.

[3] Hasta mediados del siglo XX, las escuelas de la Iglesia Ortodoxa Etíope eran las únicas instituciones educativas. (Nega Kahsay, 2012)

[4] El rápido crecimiento de la oferta pública no se ha hecho sin problemas relacionados con la calidad, financiamiento, las condiciones de infraestructura, su uso como instrumento político, etc., pero las instituciones sufren el abandono de los planes de estudio, debido a los recortes de fondos, a los conferenciantes no calificados, pero leales a los partidos, y a las instituciones de mala educación. El rápido crecimiento del sistema de educación superior de Etiopía ha tenido un costo, pero sigue avanzando al mismo tiempo.

[5] La educación religiosa estuvo vinculada fuertemente a la formación de las élites del régimen de Haile Selassie. Esta limitación ha sido también una forma de inducirlas a convertirse en instituciones laicas.

[6] La proporción en las públicas es 70% de estudiantes en carreras de ciencia y tecnología y 30% en las otras.

Documentos:

Antecedentes:

acceso | admisión | financiamiento | política | reforma | vida universitaria

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