Noticia  |  Jueves, 31 de Agosto del 2017

¿Enseñar, investigar o educar?

Algunas reflexiones sobre la misión del profesorado.

En el sistema universitario actual, la misión del profesorado se ha redirigido hacia el dogma de la industria de publicaciones académicas (ver nota previa). Sin embargo, en un contexto en que la carrera docente concede menos nombramientos (tenure) y sube la competencia, lo que sucede es un cambio en las exigencias laborales para los profesores, el cual implica dictar y preparar un mayor número de clases, corregir más pruebas, y tratar de investigar en el tiempo libre con fines de publicar en alguna revista de prestigio (arbitrada e indexada) para así alcanzar un nombramiento en el departamento o facultad de su especialidad. Con detractores y defensores, este tipo de profesorado ha permitido reflexionar sobre el rol y su misión dentro y fuera de la universidad.

En un artículo de opinión del Chronicle of HE (CofHE), un profesor de filosofía de college propone que la misión del profesorado se basa en el camino del medio entre investigación y docencia, el cual titula teacher-scholar. Sí se debe de investigar y no solo para que los conocimientos del docente siempre se encuentren actualizados, sino, también, porque esta investigación beneficia a los estudiantes. Es decir, no hay que entender la investigación solo como ejercicio intelectual en el que el profesorado contribuye con el desarrollo de su especialidad, por el contrario, es importante considerar que la investigación debe involucrar, además, al estudiante. Este modelo es especialmente robusto en las humanidades, ya que desarrolla interacciones fuertes entre profesores y alumnos.

Frente a la amenaza de la automatización y el asalto de las Inteligencias artificiales al empleo (ver nota previa y reporte del Pew Research Center), una respuesta es la que postulan Golinkiff y Hirsch-Pasek: las habilidades laborales futuras son las 6 C: “collaboration, communication, content, critical thinking, creativity, and confidence”. La práctica académica desarrolla estos aspectos fundamentales del profesional actual: escribir una tesis es un proyecto de largo aliento (confianza), uno se convierte en un experto en el tema trabajado (contenido), se contribuye con ideas originales (creatividad) bajo un ejercicio reflexivo agudo (pensamiento crítico), lo investigado se discute con los colegas (colaboración) y, finalmente, se presenta en conferencias, clases y otros eventos académicos (comunicación). Conviene tener presente que estas habilidades subyacen a artículos tan abstrusos como el que lleva por título: La influencia sud asiática en “el mundo como voluntad y representación” de Shopenhauer: un diálogo Este/Oeste.

Por otro lado, en el CofHE, se pregunta a profesores premiados por su calidad educativa por cuáles consideran que fueron las habilidades más beneficiosas que adquirieron durante su doctorado. Amy L. Brandzel, Ph.D. en estudios feministas, comenta que lo que marcó la diferencia es que ella recibió preparación pedagógica desde el doctorado e incluso asistió a cursos de este tipo desde su primera formación como graduada. Por otra parte, Kirk Doran, profesor asociado de Economía en la University of Notre Dame, comenta que son tres las principales prácticas de todo buen profesor: olvidar, dar coraje e inspirar perseverancia. Olvidar porque el profesor debe de exponer y entender la clase como si fuera quien la aprende por primera vez, debe ir hilando los argumentos y guiar a estudiantes que no conocen de la materia; luego, debe dar coraje a los estudiantes, ya que los estudiantes acceden al sistema universitario con creencias de varias y diversas ideologías con poca o nula evidencia, por lo que hay que alentarlos a ser críticos con todas sus ideas preconcebidas y las que encuentren; finalmente, se debe inspirar perseverancia, debido a que el conocimiento y la formación profesional es un proceso continuo de largo aliento. Por último, Mark Lee, profesor asociado de Biología en Spellman College, considera, desde su base como científico, que el profesor debe siempre recoger información sobre las expectativas de los estudiantes, sus habilidades, sus falencias, lo aprendido, etc.; el profesor debe siempre actualizar qué tanto los estudiantes “gustan” de su clase para así tomar decisiones concretas basadas en evidencias o, mejor dicho, en la perspectiva del alumno.

Fuentes:

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Antecedentes:

calidad | enseñanza | humanidades | innovación | investigación | profesores

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