Noticia  |  Miércoles, 12 de Abril del 2017

Doctora Fraude. Revistas depredadoras bajo la lupa

Pusieron la carnada y mordieron. De acuerdo con un experimento, decenas de revistas académicas han estado presentando a una científica ficticia en su consejo editorial.

También hay estafa en el mundo de las publicaciones académicas. La presión por publicar y el número creciente de trabajos han permitido montar negocios que estafan a los autores y ponen a circular artículos banales.

Una manera de demostrar su falta de seriedad es colocando a científicos ficticios entre sus consejos editoriales. Esto fue realizado en broma previamente, pero cuatro investigadores de la Universidad de Wrocław en Polonia decidieron investigar sistemáticamente hasta qué punto estas revistas, y en particular las revistas depredadoras, eran susceptibles a este engaño. Por revistas depredadoras se entienden aquellas que solo buscan recaudar dinero y, aprovechándose de la tendencia al open access y la presión que tienen los investigadores, cobran por publicar sin realizar ninguna evaluación científica del producto ni revisión de pares. Este término fue acuñado por Jeffrey Beall, investigador de la Universidad de Colorado, quien publicó una lista de revistas depredadoras en el 2010 llamada Beall´s List (en el 2017 decidió retirar la lista). Según Beall, el negocio es semejante al de las revistas de sociedad (vanity press) en las que hay que figurar para existir.

Utilizando el nombre ficticio Anna O. Szust (oszust significa fraude en polaco), presentaron una solicitud para la posición de editor en 360 revistas, tanto legítimas como sospechosas de ser predatorias. Fue aceptada en 48; ninguna cuestionó su experiencia ni intentó contactar su universidad.

Le crearon un perfil a Szust, que consistía en un CV con falsos títulos científicos y capítulos en libros falsos. Le crearon cuentas en Academia.edu, Google+, Twitter, y le hicieron una página web en la facultad de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan. El truco: solo se podía acceder a este perfil a través de un enlace proporcionado por su CV. En líneas generales, era una pésima candidata para editora: su trabajo no estaba indexado en la base de datos de Web of Science o Scopus, no tenía citas en ninguna base de datos y en su CV no figuraba experiencia como revisor ni editor.

Las revistas contactadas se agrupan en dos listas: la lista blanca, con directorios conocidos como el Journal of Citation Reports (JCR) y el Directory of Open Access Journals (DOAJ); y la lista negra, que es la lista de Beall ya mencionada. Ninguna revista del JCR aceptó; ocho del DOAJ sí aceptaron y cuarenta de la lista de Beall, también.

En muchos casos recibieron la respuesta positiva luego de unos días de aplicación y en algunos casos, en cuestión de horas. Cuatro revistas nombraron a Szust editora en jefe. Si bien algunas revistas de la lista negra por lo menos enviaron artículos a Szust para revisar, otras solo querían sacar provecho pidiendo que haga pagos directos como cuotas o donaciones de hasta US$ 750.

El paper, publicado en Nature, señala que el problema de fondo es que muchas revistas seudoacadémicas no aspiran a la calidad, sino al lucro. Y este experimento buscó demostrar eso. En febrero de este año, se notificó a las revistas que aceptaron a Szust para informarles del estudio y les dieron la oportunidad de responder. Nueve respondieron: una declaró haber mejorado sus procesos de selección y seis negaron haberla aceptado. Sin embargo, su nombre sigue apareciendo en los consejos editoriales de al menos once sitios web de revistas. Incluso, aparece en una revista a la cual no aplicó.

En Novedades Académicas hemos dado cuenta de un segmento muy gracioso pero reflexivo de John Oliver, quien muestra cómo la constante necesidad de publicar investigaciones científicas y divulgarlas genera, en muchos casos, malas prácticas, falta de rigurosidad y conclusiones ridículas (antecedente).

Por otro lado, el caso de la Doctora Fraude recuerda al escándalo Sokal, engaño urdido por el físico Alan Sokal, quien envió un artículo pseudocientífico titulado “Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity” a la revista de humanidades Social Text de la Universidad de Duke, en el que se señalaba que la gravedad cuántica era un constructo social. Al mismo tiempo, publicó otro artículo donde explicaba el experimento realizado: demostraba que lo que había escrito eran disparates con el fin de críticar el uso de conceptos vagos y pseudocientíficos por las humanidades posmodernas.

Este hecho generó un escándalo mayúsculo no solo en la Universidad de Duke, sino entre filósofos y humanistas, sobre todo franceses, y puso en manifiesto la vigencia del choque de culturas (humanista y científica). Esto derivó en un libro publicado por Sokal y en un libro respuesta de varios pensadores humanistas. Esta nota resume muy bien el caso.

Fuentes:

Antecedentes:

academia | acceso abierto | calidad | ciencias | investigación | publicación

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Comentarios anteriores (2)

  • Milko Rodríguez dice:

    Deberían poner comillas, no basta con poner las fuentes al final. Buena parte del contenido es traducción y copia literal.

    • Editorial Novedades Académicas dice:

      El artículo, así como otras notas publicadas de este boletín, sigue la secuencia de la fuente principal y presenta información que se traduce, se resume y se amplía con el uso de otras fuentes que se enlazan en el texto de cada una de las noticias publicadas. Su comentario servirá para seguir mejorando nuestro trabajo.