Noticia  |  Viernes, 10 de Noviembre del 2017

De debatir a protestar

Estados Unidos: Límites de la libertad de expresión en un contexto de tensiones.

A fines del mes de setiembre, el fiscal general de los Estados Unidos, Jeff Sessions, ratificó la postura del Estado de hacer cumplir la Ley Federal a favor de la libertad de expresión, a la vez que afirmó que el Departamento de Justicia protegerá la libertad de los estudiantes universitarios de expresarse desde cualquier espectro político que deseen. Sessions asegura que los campus se han convertido “en cámaras de eco (echo chambers) de lo políticamente correcto y el pensamiento homogéneo; refugios de los egos frágiles”. Irónicamente, un grupo de manifestantes denunciaba fuera del local en que habló en Georgetown que habían sido impedidos de participar en la presentación, lo que creó de hecho una cámara de eco para Sessions.

Para Stefan M. Bradley, jefe del Departamento de Estudios Afro-americanos en la Universidad de Loyola Marymount, las declaraciones de Sessions se basan en la idea de que el debate de opiniones asegurará la prevalencia de la mejor en el mercado de ideas (ver enlace). No obstante, el autor indica que la persuasión moral pacífica que justifica el valor del debate solo funciona cuando el grupo opositor es empático y está dispuesto a actuar en torno a lo que es justo. De otra manera, el debate no lleva a ninguna parte y lo que prevalece es la protesta, especialmente para quienes desafían el poder.

Estas declaraciones se insertan en un contexto de aumento en el número e intensidad de las protestas dentro de los campus universitarios contra la presencia de oradores asociados a posturas radicales sobre racismo, inmigración y género, principalmente. Acontecimientos como la violencia de supremacistas blancos en Charlottesville desencadenados por la destrucción de monumentos confederados (ver enlace) no hicieron más que exacerbar el debate público de dichos temas, lo que hace cada vez menos factible la ocurrencia de protestas pacíficas y debate de opiniones.

Un reporte realizado por la Foundation for Individual Rights in EducationFIRE, fundación defensora de la libertad de expresión en la educación superior, reveló información acerca de las actitudes de los universitarios estadounidenses de college (2 y 4 años) en torno al free-speech (ver enlace). Según este estudio, solo 1% de los estudiantes consideraría interrumpir violentamente a un orador invitado. A pesar de esto, un 69% de los estudiantes que aprueban revocar invitaciones a ponentes afirma que desistiría de invitar a alguien que tiene una historia de racismo y discurso de odio.

El estudio también detalló qué clase de ponentes serían los más propensos a ver revocadas sus invitaciones de acuerdo al espectro político de los estudiantes. Los Republicanos revocarían primero a anti-americanos, pro-abortistas y racistas; mientras que los Demócratas rechazarían a racistas, sexistas y homofóbicos.

Prevenir antes que lamentar

En sintonía con la crítica que realizó el filósofo Stanley Fish (ver antecedente) de que las universidades deben evitar regular la libertad de expresión y enfocarse en cumplir con su responsabilidad operativa sobre los espacios del campus, las universidades destinan fuertes sumas de dinero en garantizar la seguridad del campus.

Un reciente artículo publicado en el diario The Chronicle of Higher Education indaga sobre la decisión de las autoridades de la Universidad de Berkeley de gastar cerca de 800,000 dólares para permitir que Milo Yiannopoulos presente en una conferencia, la cual, debido a la creciente tensión de la protesta que suscitó su asistencia, duró apenas 20 minutos.

¿Valió la pena el dinero, la tensión y la presencia de la policía? pregunta el autor del artículo. Yiannopoulos, bloggero británico partidario de la “derecha alternativa” (alt-right), había sido invitado en febrero y no pudo hacerlo porque un grupo encapuchado autodenominado Black Bloc prendió fuegos y rompió lunas en el campus. Es por ello que la universidad tenía razones para esperar que miembros de grupos antifascistas violentos -como Black Bloc o By Any Means Neccesary- asistan al evento.

“El free-speech no es free (gratis) a la larga” aseguró la nueva rectora de Berkeley a dicho diario. Las universidades se encuentran en una encrucijada: gastar muy poco en seguridad, arriesgándose a que ocurra sucesos violentos, o gastar mucho y recibir quejas de alumnos y profesores que sienten que se está militarizando el campus.

Fuentes:

Antecedente:

debate | misión universitaria | opinión | política | voz estudiantil

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