Noticia  |  Jueves, 22 de Junio del 2017

Crecimiento urbano y universidad: Desafíos y oportunidades

Educación superior como soporte del desarrollo social y económico regional, con mirada global.

La conferencia anual británica Going Global 2017 (ver antecedentes 1 y 2) se realizó la última semana de mayo. Organizada por el British Council, más de 900 expertos de 77 países, entre los que se incluyen ministros de educación y rectores y vicerrectores de las universidades más importantes del mundo, interactuaron en decenas de sesiones durante tres días. Cada edición analiza tendencias de la educación superior. En 2016, el foco estuvo en cuestiones a nivel nación, mientras que la edición de 2017 apunta a lo local: “Global cities: connecting talent, driving change”.

Sucede que el significativo crecimiento de las zonas urbanas a nivel global otorga a la universidad la posibilidad de convertirse en motor para la ciudad, pues le permite impulsar la innovación y el desarrollo económico y exigir un debate sobre el liderazgo y las acciones para una óptima gobernanza. De hecho, la educación superior ha tenido un rol protagónico en el avance de las grandes ciudades del mundo -captando, formando y conectando profesionales de alto nivel con la industria- y no sorprende ver que las metrópolis de vanguardia acaparan las instituciones que lideran los rankings.

Sin embargo, el crecimiento de ciudades emergentes es un fenómeno diferente y complejo, con desafíos que la educación superior debe reconocer, encarar y encaminar. Al respecto, las sesiones de Going Global abordaron diversos temas y problemáticas, siempre siguiendo el hilo conductor de la relación globalización-ciudad-universidad, entre los cuales destacan: la variedad de programas de educación transnacional, los obstáculos en la interacción entre gobierno-industria-universidad en programas internacionales, los nuevos roles para los centros de innovación, y la universidad como institución que busca la sostenibilidad.

Según el sumario oficial de Going Global, el contexto de políticas públicas para potenciar la economía del conocimiento ofrece a las universidades la oportunidad de demostrar su trascendencia al asumir nuevos roles o al adaptar otros que ya tenían: (i) como gestor económico, generador de fuerza laboral de calidad, con programas de investigación y alianzas con el sector empresarial; (ii) como instituciones líderes, comprometidas con sus comunidades, promotoras del desarrollo local que responden a lo global con identidad local; (iii) como constructores de capacidad, asumiendo un rol de proveedores de información e investigación en temas globales que afectan el ámbito local; y (iv) como agentes de movilidad social, en una constante búsqueda de inclusión y mejoras en sus programas educativos (prioriza el entorno virtual).

A continuación, reseñamos cuatro sesiones. Respecto del cambio climático, una de dichas sesiones establece la necesidad de adaptar prioridades académicas y relaciones con las comunidades locales para encaminar un esfuerzo común; de lo contrario, el daño al medioambiente entrampará el desarrollo de las ciudades. Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la urbanización es uno de los desafíos más significativos para la humanidad, ya que, si bien el crecimiento de las ciudades aporta producción e innovación, también la pobreza y la desigualdad se hacen cada vez menos controlables.

Otra sesión discutió el documento “Transnational Education: A classification framework and data collection guidelines for international programme and provider mobility”, que contó con la contribución de aproximadamente un centenar de especialistas en políticas e internacionalización. Se señaló el desorden generado por los incontables programas globales de colaboración entre universidades (intercambio estudiantil, académico o de investigación), además del uso de diversos términos sin parámetros de homologación. Y, aunque el documento no hace un recuento, propone una clasificación sobre la experiencia recogida de los especialistas, y aclara el uso de algunos términos.

La clasificación (explicada aquí), completa y breve, se desarrolla a partir de una tabla de doble entrada. En las columnas figura la distinción entre la educación transnacional según la actividad, sea (a) independiente o (b) colaborativa, respecto al diseño, entrega, certificación y aseguramiento de la calidad. Las filas distinguen seis categorías entre programas e instituciones, tres en cada columna, que precisan la escala, la modalidad, y quién responde por el grado o calificación otorgada, el diseño de los currículos y la acreditación externa. Un panorama menos confuso respecto a los programas de internacionalización debería permitir tomar mejores decisiones a los encargados de las políticas nacionales, y, al mismo tiempo, ser un incentivo en el esfuerzo de cada Gobierno e institución de sistematizar información sobre sus programas de movilidad académica.

La “triple hélice” gobierno-industria-universidad en las asociaciones internacionales se discutió en otra mesa. Se parte del ejemplo del intercambio entre el Reino Unido y China en el campo de la ingeniería, a través de un consorcio firmado que incluye a varias universidades. De ese modo, estudiantes avanzados o egresados de universidades inglesas (cuyo fuerte son las ingenierías) complementan su formación e incluso consiguen trabajo en una industria con un mercado laboral demandante como China.

Por último, una cuarta sesión propuso a los centros de innovación como alternativas para abordar, de manera local, deficiencias económicas y culturales de la sociedad. Brookings ve en estos centros un estímulo para el desarrollo económico y para el mercado laboral, que, al mismo tiempo, son agentes que hacen frente a la pobreza y a las desigualdades sociales.

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