Noticia  |  Jueves, 31 de Agosto del 2017

Corrupción fuera de control

Un panorama de cómo la corrupción afecta la educación superior en Rusia y Ucrania.

El proceso de disolución de la Unión Soviética significó también la ruptura de toda su estructura institucional, incluyendo a la educación superior, de modo que en pocos lustros la gloria de la academia de ciencias de la URSS se desmoronó, influenciada también por la situación política, la escasez de recursos públicos disponibles y el aumento de la corrupción[1].

Un artículo de Elena Desinova-Schmidt sobre la corrupción de los valores en la academia rusa señala entre las posibles causas las siguientes: i) el mayor valor del título universitario para conseguir y un mejor empleo (en Rusia y en la UE)[2]; ii) para los profesores es una manera de recuperar la inversión en sus estudios o de complementar sus bajos salarios; y iii) para los estudiantes una forma de superar las dificultades académicas con poco esfuerzo. Asimismo, desde un punto de vista más estructural, este problema puede relacionarse con la masificación y la falta de oportunidades en la formación profesional técnica (que en Rusia se ha casi destruido).

En Ucrania, la situación es dramática, 47.8% de alumnos tienen experiencia sobornando profesores; 94.5% engañan durante las pruebas; 92.8% copian de internet sin citar fuentes; 64.2% envían como suyas monografías bajadas de internet; 40.4% han comprado monografías a escritores fantasmas; y 37.5% han pedido a los profesores un tratamiento especial. La autora calcula que el costo de la corrupción alcanzó los 445 millones de dólares en 2014.

Otra forma de corrupción es la complacencia de los profesores con el bajo rendimiento de los alumnos, asunto que tiene que ver con otros mecanismos que van desde aceptar regalos hasta vender directamente las pruebas. Muchas veces este comportamiento se justifica con el argumento de que, si una universidad pierde alumnos, pierde presupuesto y, por tanto, número de profesores y oportunidades de investigación. En Rusia, la matricula está financiada en un 50% por el Estado y la diferencia por el alumno.

Una de las medidas para enfrentar tan extendida corrupción fue la creación en 2009 de una agencia externa de evaluación (Vneshnee nezavisimoe otsenivanie-VNT) y un examen nacional (EGE – Edinyi Gosudarstvennyi Eksamen) que se aplica al final de la secundaria y sirve para entrar a la universidad. Con ella, los estudiantes pueden postular a más de una universidad, no requieren viajar para dar el examen y se evita que las universidades realicen pruebas que en realidad no discriminan por méritos.

Los resultados de esta  medida han permitido disminuir la corrupción en el acceso, aunque no ha logrado acabar con ella. La venta de pruebas, la sustitución de postulantes, la introducción de mecanismos electrónicos para plagiar los resultados e, incluso, la sustitución de las pruebas antes de que sean evaluadas son expresión de lo acentuado de la corrupción en ambos países.

En otra investigación llevada a cabo en una universidad rusa y otra de Ucrania sobre cómo movilizar a los estudiantes contra la corrupción, se han mostrado resultados poco optimistas. Desinova-Schmidt et.al., luego de aplicar un conjunto de instrumentos desarrollados por Transparencia Internacional, concluyen que estas medidas pueden aumentar la corrupción en lugar de disminuirla. Los alumnos que se habían involucrado en actividades corruptas eran los más activos en la difusión del daño que provocaban, pero no necesariamente las abandonaban, y aquellos que no habían participado en prácticas corruptas tendían a involucrarse en ellas.

Posteriormente, en un reciente artículo, Desinova-Schmidt y Prytula concluyen que, si bien es casi imposible eliminar la corrupción en entornos endémicamente corruptos, esta  puede ser mitigada a través de políticas suficientemente inteligentes para no empeorar las cosas. Proponen políticas de tolerancia cero a la corrupción dirigidas a las necesidades de grupos específicos y que muestren los resultados negativos de la deshonestidad académica en una perspectiva a largo plazo -como el daño directo e indirecto a vidas humanas que generan las prácticas corruptas- lo cual puede ser una estrategia probablemente exitosa. En China, donde las purgas por corrupción son drásticas, están mirando ahora a la academia. Luego de algunos escándalos, castigados con la devolución del dinero invertido y el escarnio público, el Ministerio de Ciencia y Tecnología chino anunció que el 40% de las publicaciones locales pueden contener fraude y han decidido cortar por lo sano aplicando penas que incluyen prisión y hasta la muerte.

Cabe agregar que al respecto de estos temas, en un artículo previo, se ha publicado sobre la necesidad de establecer criterios internacionales para luchar contra la corrupción en la educación superior.

Dos asuntos finales. Como suele decirse, la manzana podrida corrompe a las demás: la Universidad de Saint Gallen en Suiza ha dejado de reconocer los créditos que sus estudiantes aprueban en convenios de intercambio en varias universidades rusas porque descubrieron que  los aprueban adoptando prácticas corruptas. En segundo lugar, el Perú parece estar más cerca de Rusia que de Suiza dadas las recurrentes denuncias por suplantación o plagio en las pruebas de ingreso administradas por las mismas universidades, los numerosos casos de instituciones ofrecen facilidades extraordinarias para obtener un grado profesional, los escándalos casos de plagio de tesis, libros, monografías, etc. (ver nota previa); además, de casos de soborno a profesores que aparecen con menor frecuencia.

[1] Un sistema de corrupción basado en grupos y redes informales presentes en el estado comunista terminaron apoderándose de los procesos de reforma relacionados con la privatización y la reestructuración económica  (Wedel, 2001).

[2] Rusia y Turquía son parte de los firmantes de la declaración de Bolonia en 1999.

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Antecedentes:

academia | calidad | corrupción | debate | enseñanza | formación | Mundo | plagio | política

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