Noticia  |  Jueves, 22 de Junio del 2017

Cómo afrontar un doctorado y no morir en el intento

Dramas y tragicomedias de los doctorados.

El proceso de obtención de un doctorado es una experiencia minoritaria, pero algunos doctorandos comparten sus aventuras y las convierten en dramas o comedias. Con ello, crean un espacio de reflexión sobre este “rito de pasaje”.

Si se habla de tragicomedia, PHD comics ofrece ininterrumpidamente un espacio divertido sobre el tema desde finales de 1997. El proyecto ha sido lo suficientemente exitoso para perdurar, diversificarse, desarrollar un canal de YouTube, y merecer reflexiones sesudas entre doctorandos y académicos, además de menciones en Google Scholar. Dicho sea de paso, PHD no abrevia Philosophiae Doctor (denominación del doctorado de investigación anglosajón) sino Piled Higher & Deeper (apilados más arriba y más profundo).

Sin embargo, hay aproximaciones menos lúdicas. THE presentó recientemente, con ilustraciones de viejas películas de terror, las experiencias de tres académicos: una mujer (de ciencias, con un equipo de investigación masculino y asesor hombre), un hombre (de humanidades, con una asesora) y otro en cuyo caso no importa el género. En estos ejemplos se muestra cómo el doctorado puede convertirse en una vivencia complicada. La mujer acabó abandonando sus estudios y beca por la hostilidad de sus colegas de laboratorio y la desatención de su supervisor, luego de intentar, infructuosamente, obtener respaldo institucional. En el segundo caso, la supervisora alargó los plazos inútilmente sin comprometerse con el proceso, de modo que el doctorando demoró inútilmente y llegó a la sustentación sin respaldo. En el tercer caso, el jurado no concedió el grado, pues consideró que los siete papers presentados (para la modalidad integrated format, alternativa a la tesis, como explica un antecedente), publicados en revistas peer review relevantes luego de la aprobación de catorce referees independientes, no merecían ser publicados. Tampoco se lo concedió la universidad, a pesar de que adjuntó a la reconsideración pruebas de que miembros del jurado citaban el material en sus publicaciones.

De los casos presentados se derivan varias recomendaciones: que se formulen explícitamente las consideraciones morales de la relación entre asesores y asesorados; o que existan reglas claras e incluso manuales con protocolos, políticas e información útil, como, por ejemplo, reglas respecto de la autoría o coautoría y procedimientos de resolución de conflictos. Las instituciones deberían tener claro que los estudiantes deben ser protegidos, ya que la asesoría puede prestarse al abuso de poder. También, los asesores deben rendir cuentas, puesto que sus responsabilidades deben estar claras, y es necesario fijar límites en los tiempos de respuesta para comentarios. Además, es crucial crear canales para la impugnación de jurados por sesgo y para la denuncia de abusos.

Por supuesto, la experiencia puede ser distinta. Un estudio realizado a asesores de doctorado en Australia muestra que la asesoría doctoral tiene impacto significativo en el aprendizaje y el conocimiento de los mismos asesores, particularmente en relación a cómo interactúan con el contexto social y político de su universidad. Los entrevistados consideran que ser asesores es una de las experiencias más gratificantes de la vida académica, pues es una oportunidad para la lectura y el debate de las publicaciones más recientes en el campo. Además, les permite discutir y aprender acerca de los desarrollos teóricos y metodológicos, y comprometerse profundamente con sus disciplinas. Sin embargo, los asesores “nuevos” declararon ser más proclives a ceñirse a las reglas de juego que están en las políticas, normas y procedimientos de la universidad, mientras que los más “seniors” utilizan su capital cultural para desplegar estrategias que apuntalan su situación profesional y los protegen de algunas de las cargas que implica el asesoramiento a doctorandos.

El estudio describe además que, en la práctica, los asesores aprenden nuevas formas de organizar el trabajo, establecen formas de relación con sus estudiantes y reafirman el compromiso con su disciplina. Sin embargo, también aprenden a hacer frente a sus prioridades, valores y capacidades personales y profesionales, lo que incluye los errores y fracasos; y es en este proceso pedagógico donde también influye el contexto en el que se forman como asesores.

Otro lado de la aventura lo presentó en estos días El Diario. Los candidatos a doctorado son vulnerables también desde el punto de vista económico. Como denuncia el Foro por la Dignidad Investigadora, hay, por ejemplo, “doctorandas sin beca/contrato en situación de desigualdad respecto a las contratadas y de incertidumbre respecto a su sitio dentro de la estructura universitaria”. Según Eddy Sánchez, profesor asociado de la Complutense, esto es resultado de un diseño perverso: “un discurso articulado en torno a cuatro ejes que han llevado al panorama actual: la (supuesta) masificación en la universidad, el mantra de que la investigación debe adaptarse a las necesidades productivas, la (falsa) situación de ‘privilegio’ que se supone vive el doctorando y el (perverso) discurso de la ‘excelencia’. Cuatro elementos ideológicos que, combinados, ‘pretenden diseñar un país subalterno en el capitalismo europeo’”.

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