Noticia  |  Jueves, 6 de Abril del 2017

Aprender haciendo… y viajando

La importancia del aprendizaje experiencial y el desarrollo de soft skills.

En un mundo lleno de cambios e incertidumbres, la formación no puede ser estática y debe estar en capacidad de detectar estos procesos de cambio y adaptarse o, por lo menos, formar a los estudiantes para ello.

Detroit, ciudad donde nacieron las principales compañías de autos (General Motors, Ford), se viene recuperando de la crisis de la industria automotriz, pero el empleo viene cambiando con la creciente automatización de la producción (y del producto: los autos autónomos). Una nota de The Atlantic expone las consecuencias en los community colleges (técnicos), que se están orientando a formar a sus estudiantes no solo en el conocimiento técnico de maquinaria, sino también en el trabajo en equipo y desarrollo de pensamiento crítico para la detección de problemas a través de experiencias mixtas de formación técnica y habilidades blandas. Una combinación que antes era solo propia de los programas de liberal arts y los college de pregrado.

La nota cita “Trends for Higher Education”, de la Society for College and University Planning, que señala que entre el 2015 y 2020 se perderán 7,1 millones de puestos de trabajo debido principalmente a la automatización (ver antecedente 1). Ante esto, es necesario formar a los egresados con otro tipo de conocimientos y prepararlos con capacidades flexibles para enfrentar demandas imprevisibles, pues también se anticipa el aumento de demanda de especialidades que recién empiezan a existir (como la mecatrónica) o, para el 65% de los alumnos de la primaria actual según el WEF, que todavía no existen. Aprender a aprender es el mantra. En un mundo sin empleos (ver antecedente 2), las habilidades blandas son tan importantes como la formación técnica para los empleadores.

En esta misma línea pero orientado a las carreras STEM, un reporte de The National Academic Press, titulado “Undergraduate Research Experiences for STEM Students: Success Challenges and Opportunities”, concluye que las experiencias en investigación durante el pregrado tienen efectos positivos en su futuro profesional y refuerza su permanencia en las áreas STEM.

Campus Technology publica una nota acerca de este estudio, que señala que las prácticas de investigación durante el verano en investigaciones de miembros del claustro se han convertido en experiencias programadas de investigación dentro de los planes de estudio como cursos, y también de pasantía y cooperación extracurricular, que enfatizan la colaboración y el trabajo en equipo sobre temas significantes y relevantes para los participantes.

Los proyectos de investigación STEM comparten ciertas características a través de las instituciones: están orientados al descubrimiento o innovación; tratan sobre problemas de escala significativa o relevante; se realizan mediante trabajo colaborativo o de equipo; permiten que los estudiantes aprendan técnicas de investigación específicas; se reflexiona sobre los problemas y cómo enfrentarlos; y se espera que comuniquen resultados a través de publicaciones. Los alumnos son guiados por un mentor, pero se van apropiando del proyecto. Sobre este último punto, una conclusión importante es que la calidad de la tutoría o apoyo que dé el mentor genera una diferencia sustancial en la experiencia de aprendizaje de los estudiantes.

Ya previamente hemos comentado este tema al presentar el caso del programa de tutorías de investigación en carreras STEM de la Universidad John Jayd en Nueva York, donde se encontraba que este programa tenía un efecto positivo en la tasa de graduación (ver antecedente 3). Este estudio encuentra evidencia más amplia de causalidad entre la experiencia y la persistencia en carreras STEM.

El tema de aprender haciendo tiene varios matices. The Chronicle of Higher Education analiza el aprendizaje experiencial, es decir viajes, pasantías, trabajos de campo, investigación y toda experiencia que implique un trabajo fuera de las aulas y en contacto con la realidad. Esto no es nuevo, pero ha recibido mayor atención a partir de que George D. Kuh publicó, en el 2008, las 10 prácticas de alto impacto en el éxito de los estudiantes, al menos la mitad de tipo experiencial. Estas experiencias son especialmente importantes para el desarrollo del capital cultural de los alumnos de primera generación.

El problema es que este tipo de cursos no son accesibles para todo el mundo: diferencian el acceso por quién puede pagarlo y tiene el tiempo. Esto genera una mayor división entre estudiantes con mejores recursos que adquieren una mayor experiencia y confianza en su profesión. Por su parte, los estudiantes que más se podrían beneficiar tienen limitaciones que no les permite participar e incluso no saben que existen; por ello, se le puede llegar a llamar el currículo oculto.

La tutoría, en particular, es de vital importancia en Perú, sobre todo a la luz de la Ley de Institutos y Escuelas de Educación Superior: solo el 20% de estudiantes técnicos elige carreras de alta demanda (ver antecedente 4).

Fuentes

Documento:

aprendizaje | investigación | mercado laboral

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