Noticia  |  Viernes, 3 de Noviembre del 2017

¿Abrir paso al texto virtual?

Esto podemos aprender del creciente desarrollo de la digitalización de la educación.

Es un tópico señalar que el desarrollo tecnológico exige a las instituciones educativas adaptarse a nuevos y constantes cambios. Un asunto más complejo es registrar cambios en curso y evaluar sus resultados. En esta nota, presentaremos hallazgos respecto del uso de documentos digitales en educación superior.

Respecto al uso de e-text, un artículo de EDUCAUSE Review presenta un estudio de caso. La Universidad de Indiana, ha implementado el uso masivo de e-texts desde el año 2012 para i) bajar costos; ii) proveer más opciones de material de calidad; iii) promover nuevas herramientas de enseñanza – aprendizaje; y, iv) crear modelos sostenibles útiles para profesores, alumnos y autores. El estudio investiga el uso real de la plataforma de e-text por estudiantes de pregrado a lo largo de 4 años académicos (2013-2016).

Los resultados muestran que los alumnos leen más las primeras semanas del ciclo; el horario preferido es entre 5pm y 2am de lunes a jueves, y se trata de estudio personal; los alumnos, entre las opciones de interacción (notas compartidas, pregunta al profesor y respuestas, resaltado), solo usan la última; los “cachimbos” hacen un uso menor que los alumnos avanzados. Por otro lado, los registros muestran que mientras que se revisaron 11 millones de páginas, se imprimieron 130,000 páginas; es decir, solo un 5% de los estudiantes escogió imprimir sus e-texts. Los resultados muestran que los e-text, y la plataforma interactiva Engage brindan información útil sobre las prácticas de estudio y permiten un mayor acceso e interacción con los textos, lo que facilita el aprendizaje, pero hay que mejorar el uso de las capacidades de interacción. Otro aspecto a destacar es que los e-text cambian las reglas de juego del mercado de reventa de textos físicos: la Universidad de Indiana ha establecido que los e-texts estén disponibles desde antes del inicio del ciclo en que son habilitados hasta que el alumno se gradúe; mientras que el alquiler de textos físicos suele tener una duración de solo un semestre.

Por otro lado, otros estudios, resumidos en el portal Salon, indagan no solo preferencias, sino diferencias en resultados académicos respecto de leer en formato impreso o virtual (e-texts), en un meta-análisis de la literatura de los últimos 25 años. Los resultados señalan que los estudiantes dicen preferir y aprender mejor cuando leen en formato virtual; la lectura es más rápida en digital, y aunque no hay diferencia de comprensión de la idea general según formato, la respuesta a preguntas específicas es mejor cuando se lee textos impresos. Las investigadoras creen que conviene definir mejor el tipo y objetivo de lectura; en la práctica la comprensión es mayor en material impreso si los textos son mayores a una página. La razón podría encontrarse en el efecto disruptivo que el desplazamiento de pantalla (scrolling) tendría sobre la comprensión de lectura.

El post incluye recomendaciones a políticos, profesores, padres y estudiantes para elegir el formato: i) distinguir el propósito (general o específico) de la lectura; ii) analizar el nivel de engagement que requiere la tarea; iii) bajar la velocidad de la lectura digital; iv) tener en cuenta los temas que no se suelen medir como la duración -del material y las anotaciones realizadas- y reutilización. Las autoras consideran que, para el estudio, el material impreso seguirá presente y que el material digital seguirá creciendo por razones tanto económicas como ambientales, pero no hay que descuidar las consecuencias para el aprendizaje y el desarrollo académicos.

Otra tendencia registrada es la digitalización de diplomas y certificados. El Massachusetts Institute of Technology (MIT) está realizando un piloto de diploma digital vía una app llamada Blackcerts Wallet (ver enlace). Esta aplicación, que usa el sistema de encriptación del Bitcoin, permite a los estudiantes disponer, de manera rápida y fácil, de una versión electrónica del diploma -verificable y a prueba de falsificaciones- que pueden compartir con sus empleadores, familiares o amistades. Mary Callahan, decana adjunta, afirma que el objetivo de otorgar los diplomas en este formato es dar a los estudiantes autonomía y control sobre su propia documentación. Este es un desarrollo adicional en la tendencia; versiones previas implican acceso a registros calificados como el de SUNEDU o el de la PUCP que permiten verificar la disponibilidad de grados y títulos registrados en la institución.

Fuentes:

Documentos:

innovación | prospectiva | tecnología | vida universitaria

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